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Obituario

Pesar en la Córdoba cofrade por el repentino adiós a Manuel Cerrato

Manuel Cerrato.

Manuel Cerrato. / Paco Patilla

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Rafael Castro

Rafael Castro

Córdoba

El inesperado fallecimiento de Manuel Cerrato Serrano a los 49 años ha provocado un hondo pesar en la sociedad cordobesa y, muy especialmente, en el seno de sus hermandades. La noticia ha desencadenado un alud de condolencias de allegados y cofrades que compartieron con él una trayectoria vital entrelazada con las tradiciones de la ciudad. Quienes lo trataron de cerca destacan su predisposición constante, su generosidad sin reservas y un compromiso intachable con el cuidado de sus hijas y de su entorno íntimo.

Hospitalidad sin horarios y vivencias compartidas

Su taberna no era solo un establecimiento, sino un auténtico punto de encuentro donde se fraguaron lazos imperecederos. Allí se sucedieron tertulias interminables, vísperas de Cuaresma, noches de ensayo, salidas procesionales y estíos compartidos. De aquella época perduran anécdotas imborrables, como las madrugadas en las que, tras bajar la persiana, ponía rumbo en moto junto a sus allegados para acudir a los Rosarios de la Aurora. Esta vocación de acogida tuvo también su reflejo en la taberna El Madero, espacio emblemático de la sociabilidad cofrade local. Sin embargo, su refugio más auténtico fue su propia calidad humana: un corazón abierto que llegó a ejercer un protector papel paterno para muchos de sus allegados.

Manuel Cerrato.

Manuel Cerrato. / Córdoba

Legado de afecto y una despedida en la esperanza

La pérdida prematura de Manolo evoca asimismo la memoria de su padre, bajo la serenidad y la fe de un esperado reencuentro. Aunque su marcha deja preguntas dolorosas, prevalece la certeza de una huella imborrable construida a base de risas, apoyo incondicional y momentos sencillos transformados en recuerdos extraordinarios. El sentir de toda una vida compartida se sintetiza en un emotivo mensaje final: «Así que amigo Manolo, nos vemos en tu casa». Un cierre que no representa un adiós definitivo, sino el reconocimiento a una fraternidad tejida en las calles de Córdoba que ni la mismísima ausencia logrará extinguir.

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