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Ciencia

Un estudio de la Universidad de Córdoba detecta 81 compuestos químicos en jureles, sardinas, salmonetes y merluzas del Mediterráneo

La investigación analiza la "elevada carga de contaminantes emergentes" en cuatro especies de peces muy habituales en la dieta andaluza

Sardinas en una pescadería.

Sardinas en una pescadería. / M. Dylan - Europa Press - Archivo

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José A. Pérez Lunar

José A. Pérez Lunar

Córdoba

Un estudio de la Universidad de Córdoba (UCO) ha analizado la presencia de hasta 81 compuestos químicos en varias especies de peces comestibles del mar Mediterráneo, con el objetivo de "comprender con mayor profundidad el cóctel de sustancias al que están expuestos los consumidores", explica el centro universitario en una nota de prensa.

El trabajo, explica la UCO, revela una "elevada carga de contaminantes emergentes y de sus metabolitos" en cuatro especies muy habituales en la dieta andaluza: el jurel, la sardina, el salmonete y la merluza. Cada uno de ellos, además, muestra una mezcla química propia -consecuencia de su naturaleza y hábitos- que resulta más compleja de lo que habitualmente se monitoriza.

El Mediterráneo, un "punto crítico" de la contaminación marina

Hay que recordar que el mar Mediterráneo es un "punto crítico" de contaminación marina. Según desarrolla la UCO, "la presión antropogénica derivada de la sobrepoblación, el turismo masivo y el tráfico marítimo", unido a la orografía propia de una cuenca semicerrada, hace que sus aguas se vean "principalmente afectadas por microplásticos y químicos tóxicos". Entre los principales contaminantes hay "productos farmacéuticos, plastificantes, retardantes de llama (químicos que se añaden a los productos textiles, electrónicos o plásticos para inhibir o retrasar los procesos de combustión), productos de cuidado personal, lubricantes, filtros UV o sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS)", siendo estas últimas especialmente relevantes por su "enorme resistencia a la degradación", explica este estudio.

Los metabolitos, poco estudiados en su impacto humano

La investigación, desarrollada por Ayman N. Saber, Noelia Caballero Casero y Soledad Rubio, del Departamento de Química Analítica del Instituto Químico para la Energía y el Medioambiente (Iquema), ha sido publicada en el Journal of Hazardous Materials. Las conclusiones ponen el acento en los metabolitos, que se generan por el procesamiento del contaminante por parte del pez, "y cuyo impacto en la salud humana está mucho menos estudiado y documentado en las evaluaciones de seguridad de los productos alimenticios".

Sardinas expuestas en el mostrador de una pescadería

Sardinas expuestas en el mostrador de una pescadería / Universidad de Córdoba

Para el estudio se desarrolló una plataforma de análisis mediante cribado de sospechosos, una técnica que permite buscar un conjunto amplio de sustancias susceptibles de estar presentes en una materia, sin tener que analizarlas una por una, basada en la extracción con disolventes supramoleculares y en cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas de alta resolución.

Se detectaron drogas, productos de cuidado personal y pesticidas

En este caso, "contaban con una relación de alrededor de 11.000 sustancias posibles, entre contaminantes originales y metabolitos derivados", explica la nota. En los 120 especímenes de las cuatro especies estudiadas se detectaron "81 compuestos pertenecientes a diversas categorías: plastificantes, retardantes de llama, pesticidas, productos farmacéuticos y drogas ilícitas, productos de cuidado personal, así como compuestos industriales y de otras procedencias. De ellos, casi la mitad eran metabolitos de los que, en muchos casos, no se hallaron restos del contaminante original. Una de las aportaciones más relevantes del estudio fue la predominancia de metabolitos metilados, algo que llama especialmente la atención porque la metilación no se considera un mecanismo habitual de detoxificación en los peces. Por eso, el equipo propone investigar de dónde proceden esos compuestos y cómo se forman".

Que un contaminante se haya detectado en un pez no significa que comerlo vaya a causar un problema de salud, si bien es "fundamental estudiar su impacto y los posibles efectos". Por eso, los resultados de este trabajo ponen de manifiesto la "necesidad de avanzar en el conocimiento para obtener una imagen más realista de la contaminación de los productos del mar y del riesgo de exposición humana".

Un ejemplar de salmonete.

Un ejemplar de salmonete. / CAT / Prensa Ibérica

Una mezcla distinta según el hábitat

Los investigadores explican que, pese a que habitan las mismas aguas, el "cóctel de contaminantes" varía notablemente entre las distintas especies en función del hábitat, las estrategias de alimentación o las vías de exposición. Por ejemplo, el jurel se alimenta tanto de presas pelágicas (las que viven en la columna de agua o en la superficie) como bentónicas (las que lo hacen en el fondo marino, en contacto con los sedimentos), lo que explica el amplio espectro de contaminantes que presenta entre los que destacan plastificantes, compuestos industriales y pesticidas. Por el contrario, el salmonete, que remueve el sedimento para encontrar comida, se ve más afectado por la contaminación de las zonas costeras, presentando plastificantes y productos farmacéuticos. La merluza, el depredador situado en el nivel trófico más elevado del estudio, registró menos volumen de contaminantes pero más presencia de sustancias industriales persistentes, difíciles de degradar.

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