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Reportaje

«Llevaba más de 30 años sin coleccionar»: el ritual de los cromos que une generaciones cada domingo en el bulevar del Gran Capitán

Padres e hijos se reencuentran con la afición de coleccionar estampas, reviviendo la nostalgia y creando nuevos lazos

Coleccionar cromos, una moda que no entiende de edades

A. J. González

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

«Llevaba más de 30 años sin coleccionar cromos y ahora me he enganchado por mi hijo». Cada domingo, el bulevar del Gran Capitán se convierte en punto de encuentro para decenas de cordobeses unidos por un ritual que se repite temporada tras temporada, cambiar cromos hasta completar la colección.

La escena tiene algo de organización improvisada y, al mismo tiempo, perfectamente sincronizada. Los hay de todas las edades, niños que acaban de empezar, jóvenes que nunca lo han dejado, adultos que llevan décadas coleccionando y padres que han regresado a este mundo con la excusa de sus hijos. Una especie de parroquianos de los cromos que se reúnen cada semana en un ritual que no entiende de generaciones.

Uno de los veteranos es Javier, que prefiere no decir su apellido. Lleva coleccionando cromos de manera ininterrumpida desde los años 80 y los guarda en fundas de plástico, y no en el álbum, porque «si no, se estropean». Para él es un hobby que, aunque admite que ha subido bastante de precio, le sigue apasionando y le «ayuda a conectar con mi yo de pequeño». Para él, el ambiente en el bulevar «no ha cambiado mucho», pese a que las nuevas generaciones van tomando el relevo continuamente.

Nuevas generaciones

Entre ellas están Alberto Espejo y Carlos Aguilera, dos chicos de unos 14 años que, tumbados en el suelo, intercambian los cromos del Mundial. «Vamos a acabar primero con esta colección y ya iremos a por la de la Liga», dice entre risas el padre de Alberto. En su caso, no hizo falta que su padre le transmitiera una afición que había tenido de pequeño y que después había dejado de lado. Fue el propio chico quien llegó un día y le dijo: «Papá, vamos a comprar el álbum». Aunque intentan completarlo, cuentan que no es una prioridad absoluta, sino más bien una forma de «pasar un rato divertido».

El mercadillo de cromos del bulevar, en imágenes

Un hombre intercambia cromos con dos niños. / A. J. GONZÁLEZ

Algo parecido ocurre con Carlos Aguilera y su padre. El joven cuenta que no colecciona todos los álbumes, pero que el del Mundial tenía que completarlo porque era el primero para él. La afición le llegó después de quedarse maravillado al ver terminado el álbum de Sudáfrica 2010. Esta es su primera colección juntos y su padre reconoce, con una sonrisa, que se trata de una ocasión especial.

También están los veinteañeros que no han dejado de coleccionar y que regresan año tras año, casi de manera religiosa, al bulevar. Es el caso de Hugo López y David Moreno, que conservan todos los álbumes desde la temporada 2011-12. Aunque, para ambos, el más especial es el de la 2014-15, cuando el Córdoba CF militaba en Primera División. «Esperemos que el año que viene también podamos tenerlo», dicen ambos con cierta ironía. Para ellos, coleccionar cromos es «un gusanillo que no se va».

Los padres reconectan

A quien tampoco se le ha ido es a Luis Serrano, que llevaba «más de 30 años sin coleccionar», pero que en marzo volvió a hacerlo junto a su hijo y su hija con la excusa del Mundial. Los dos pequeños no quitan ojo de los movimientos de su padre mientras intercambia cromos y tachan con ilusión cada vez que consiguen alguno que todavía les faltaba. Al chico, de unos diez años, «poco a poco se está enganchando al fútbol», mientras que a la pequeña «le gusta más la parte administrativa: ver cuántas faltan, de qué equipo hay más...», cuenta entre risas.

El mercadillo de cromos del bulevar, en imágenes

Víctor García y Luis Serrano intercambian cromos junto a sus hijos. / A. J. GONZÁLEZ

Un caso parecido es el de Víctor García, que intercambia cromos junto a su hijo mientras admite que «yo no coleccioné apenas de pequeño». Ha sido precisamente el niño quien le ha hecho reconectar con una afición que creía olvidada. «Solo coleccionaba los del Mundial cada cuatro años, pero aquí me ves», dice entre risas. Aun así, Víctor conserva un álbum «de la temporada 96-97, creo».

Cartas de Semana Santa y toros

Pero no todo es fútbol. Las Holy Cards, dedicadas a la Semana Santa de Andalucía, y los Taurocromos, centrados en la tauromaquia, también tienen su espacio en el bulevar. Rafael Hinojosa enseña orgulloso sus álbumes, entre los que tampoco faltan los de fútbol, y muestra especialmente la página dedicada a las hermandades cordobesas, que asegura que son sus favoritas. Aunque admite que no hay tanta gente con la que intercambiar este tipo de cromos, disfruta acudiendo cada domingo junto a su padre para pasar la mañana y avanzar, poco a poco, en una colección que también ha convertido en una tradición familiar.

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