Gestión de residuos
Ni esperar a que se llenen ni a que huelan: un estudio en Córdoba plantea un nuevo modelo para recoger la basura antes de que moleste
Investigadores de la Universidad de Córdoba proponen anticiparse a los malos olores de los contenedores y advierten del papel de la meteorología y la mala separación de residuos

Contenedores de basura en Córdoba, en una imagen de archivo. / RAMÓN AZAÑÓN

La gestión inteligente de los residuos urbanos podría estar a punto de dar un paso más. Hasta ahora, buena parte de los sistemas destinados a optimizar la recogida se han apoyado en un indicador sencillo: el nivel de llenado de los contenedores. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Córdoba y dirigido por Mª Ángeles Martín plantea ampliar ese modelo e incorporar una variable que hasta ahora ha tenido un papel secundario: el impacto odorífero.
La propuesta parte de una idea sencilla, pero con importantes implicaciones para el funcionamiento de las ciudades: un contenedor no debería priorizarse únicamente porque esté lleno, sino también porque esté generando un impacto relevante sobre su entorno.
La investigación, desarrollada por el Instituto Químico para la Energía y el Medioambiente (Iquema), ha analizado durante dos años 232 puntos de deposición de residuos de los ocho distritos de Córdoba, teniendo en cuenta tanto la composición de los residuos como las emisiones de compuestos orgánicos volátiles, la intensidad de los olores y su dispersión atmosférica. El trabajo ha sido publicado en Process Safety and Environmental Protection.
El olor, un nuevo sensor: la meteorología, el llenado y la composición influyen
El principal cambio de enfoque que plantea el estudio es considerar el olor como un indicador ambiental capaz de alimentar los sistemas inteligentes de recogida. En el modelo convencional, un sensor puede avisar de que un contenedor está alcanzando un determinado nivel de ocupación. Con esa información, los servicios municipales pueden planificar las rutas de recogida. El problema es que dos contenedores con el mismo nivel de llenado no tienen necesariamente el mismo impacto sobre los ciudadanos. La temperatura, el grado de llenado, la composición de los residuos y las condiciones meteorológicas pueden hacer que uno genere una concentración de olores mucho mayor que otro.
El estudio identifica precisamente la temperatura ambiental y el nivel de llenado como los factores que más influyen en la generación de olores, "por encima de otros aspectos socioeconómicos", señala María Salinas, responsable del análisis estadístico. A ello se suma la meteorología: cuando hay poco viento, los olores pueden alcanzar hasta 8,5 metros alrededor de un contenedor lleno; cuando aumenta la velocidad del viento, el área afectada puede reducirse a menos de tres metros, apunta Encarnación Muñoz, encargada de esta parte del trabajo.

Contenedor de basura de Sadeco. / A.J. GONZÁLEZ
En lugar de esperar a que un contenedor alcance un determinado nivel de llenado, el sistema planteado podría cruzar diferentes datos: ocupación, temperatura, composición de los residuos, emisiones odoríferas, viento y dispersión atmosférica. Con esos datos sería posible identificar qué puntos tienen mayor probabilidad de generar un episodio de malos olores y priorizar su recogida. Ese planteamiento, como recalca el estudio, permitiría diseñar rutas dinámicas adaptadas a las condiciones reales de cada momento.
Los residuos mal separados también entran en la ecuación
El estudio introduce además otro elemento que puede ser decisivo para ese nuevo modelo: la calidad de la separación de los residuos. Los investigadores detectaron que el 54 % del contenido de los contenedores de envases e inertes correspondía a materiales depositados incorrectamente. En el caso de los contenedores de materia orgánica, los residuos impropios representaban el 28%. Como destacan Arturo Chica y Mª Carmen Gutiérrez, miembros del equipo investigador: "Esta situación no sólo dificulta el reciclaje, sino que también modifica la degradación de los residuos y favorece la generación de olores".
La investigación propone, en definitiva, ampliar el propio concepto de Smart City. La integración de sensores IoT, datos ambientales y modelos matemáticos podría permitir crear herramientas capaces de predecir episodios de impacto odorífero y actuar antes de que se conviertan en una molestia para los vecinos.
La colaboración de Sadeco ha sido fundamental para la elaboración de este estudio, encuadrado en un proyecto de I+D+i financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Estatal de Investigación (AEI).
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