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Curiosidades de Córdoba

Ni Mérida ni Cádiz: el mayor teatro romano de Hispania estaba en Córdoba y permanece escondido aquí

El colosal edificio, con capacidad para 15.000 espectadores, permanecía oculto bajo un edificio renacentista hasta que fue parcialmente descubierto en 1994

Recreación del Teatro Romano de Córdoba.

Recreación del Teatro Romano de Córdoba. / Arqueocórdoba

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Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

Si le pido que piense en un teatro romano, posiblemente recuerde el de Mérida, uno de los monumentos más reconocibles de España gracias a su buena conservación. Tal vez piense en Cádiz, que cuenta con uno más discreto pero igualmente fascinante y de los más antiguos de Hispania.

Ambos son impresionantes. Están bien señalizados, estudiados y visitados. Pero ninguno de los dos fue el más grande. El teatro romano más grande de Hispania estuvo en Córdoba, pero, a diferencia de los dos anteriores, permanece escondido bajo un edificio en el centro de la ciudad.

El Teatro Romano de Mérida.

El Teatro Romano de Mérida. / Turismo de Mérida

El origen del Teatro Romano de Córdoba

La historia empieza con Augusto. Cuando el primer emperador de Roma decidió reorganizar la Península Ibérica en provincias, eligió Córdoba para ser la capital de la Bética. No era una elección caprichosa. Córdoba era, a ojos de Roma, la ciudad más romanizada de Hispania. La más culta, la más próspera, la más digna de representar al Imperio en la Península Ibérica. Y una ciudad así necesitaba un teatro a su altura.

Lo que levantaron los romanos fue descomunal. Un edificio de unos 125 metros de diámetro con capacidad para albergar a unos 15.000 espectadores. Para hacerse una idea de la escala, basta con mirar hacia Roma: solo los teatros de la propia capital del Imperio lo superaban. El de Córdoba era, en todos los demás rincones del mundo romano, el más grande.

Restos del Teatro romano de Córdoba.

Restos del Teatro romano de Córdoba. / Córdoba

Una obra de ingeniería y de poder simbólico en la que los arquitectos romanos aprovecharon una de las zonas más elevadas de la ciudad, fuera de las murallas originales, para tallar los graderíos siguiendo la pendiente natural del terreno.

Estuvo en uso durante siglos. La decoración y ornamentación del edificio se fue completando y refinando en décadas posteriores. Los cordobeses de entonces se sentaban en aquellas gradas a ver representaciones, a escuchar a los músicos en la orchestra, a contemplar las actuaciones en la scena. Era, en todos los sentidos, el corazón cultural de la ciudad.

El final del Teatro Romano de Córdoba

Pero los imperios no duran para siempre, y tampoco duran sus teatros. En el siglo III, un terremoto golpeó Córdoba con suficiente fuerza como para dañar gravemente el edificio. El siglo IV trajo intentos de restauración que no llegaron a ningún lado: las piedras del teatro, magníficas y bien talladas, resultaron demasiado tentadoras para quienes construían otras cosas. El expolio fue lento pero implacable.

Y entonces llegó la Edad Media, y encima de los restos del teatro más grande de Hispania se construyó un palacio. El de los Páez de Castillejo, una de esas mansiones renacentistas que tanto abundan en el centro histórico de Córdoba. En 1959, ese mismo palacio pasó a albergar el Museo Arqueológico de la ciudad. El teatro dormía debajo, perfectamente ignorado.

El descubrimiento del Teatro Romano de Córdoba

La cosa es que no era un secreto absoluto. Desde el siglo XIX existían referencias que sugerían que en algún punto del centro de Córdoba tenía que haber un teatro romano de grandes dimensiones. Pero una cosa es saber que algo existe y otra muy distinta es encontrarlo, especialmente cuando la ciudad ha crecido durante mil años exactamente encima.

La confirmación llegó en 1994, durante una campaña de excavación que sacó a la luz aproximadamente el 30% del teatro. Fue suficiente para reconstruir sus dimensiones totales y entender la magnitud de lo que estaba allí. El hallazgo fue extraordinario.

Fachada Museo Arqueológico de Córdoba

Fachada del Museo Arqueológico de Córdoba. / Manuel Murillo

Hoy el teatro romano de Córdoba se puede visitar. Una intervención en el Museo Arqueológico creó un edificio anexo específicamente diseñado para que los visitantes puedan contemplar los vestigios. Los arqueólogos y estudiosos que llevan años trabajando sobre el teatro creen que la plaza de Jerónimo Páez, esa explanada abierta junto al museo, sería la orchestra y la calle Marqués del Villar, que discurre justo al lado, marcaría el trazado de la scena.

Córdoba camina, sin darse cuenta, por encima de su propio pasado. Y de vez en cuando, si uno sabe dónde mirar y se toma la molestia de bajar unos escalones, ese pasado aparece de golpe, enorme e inesperado, recordando que esta ciudad fue durante siglos una de las más importantes del mundo conocido. Es el caso del teatro más grande de Hispania.

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