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Reportaje

«Mi corazón no me deja abandonarlos», los voluntarios que sostienen las 371 colonias de gatos de Córdoba

Cerca de 7.000 gatos han sido esterilizados en la ciudad desde 2021 mediante el programa CER, que mantiene bajo control buena parte de las casi 400 colonias activas

Los cuidadores invisibles de los gatos de Córdoba

A. J. González

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

Los vemos en algunos de los rincones más inesperados de Córdoba, asomándose entre pequeños recovecos, descansando junto a un monumento o acercándose con cautela a algún resto de comida. Los gatos forman parte desde hace años del paisaje de la ciudad y, aunque muchas veces pasan desapercibidos, detrás de buena parte de ellos existe una organización destinada a controlar su población y garantizar sus cuidados. La capital cuenta actualmente con 371 colonias felinas activas y, desde 2021, cerca de 7.000 animales han sido esterilizados mediante el programa CER (Captura, Esterilización y Retorno). Un sistema que no se entendería sin las personas voluntarias que los alimentan, vigilan su estado y conocen, casi uno por uno, a los integrantes de cada colonia.

Según los datos facilitados por Sadeco, entre 2021 y los primeros cinco meses de 2026 se han esterilizado 6.999 gatos en toda la ciudad, de los cuales más de la mitad, 3.627, son hembras. Solo entre enero y mayo de este año se han intervenido 467 animales (243 hembras y 224 machos). En cuanto a la evolución anual, el periodo más intenso fue 2024, con 1.548 gatos esterilizados, seguido de 2022, con 1.440. Además, en todos los ejercicios completos superaron el millar de esterilizaciones. Sadeco destaca que este ritmo de intervención ha permitido que, de las 371 colonias activas, el 68% tenga ya a todos sus integrantes esterilizados. Además, el 79% presenta niveles de control superiores al 90% y el 88% supera el 80%.

Imagen de un gato callejero subido a un coche aparcado en la capital.

Imagen de un gato callejero subido a un coche aparcado en la capital. / A. J. González

Los efectos del programa, según la empresa municipal, van más allá de las esterilizaciones. Sadeco asegura que, desde su puesta en marcha, se ha reducido en casi un 50% el número de gatos recogidos por el Centro de Sanidad y Bienestar Animal, principalmente por el descenso de camadas no deseadas. También señala una reducción de las incidencias vecinales, un aumento de la participación ciudadana y una mejora de las tasas de adopción. En la actualidad, el centro municipal cuenta con 89 gatos en situación de ser adoptados, diez de ellos cachorros.

Los rostros tras el CER

El modelo cordobés se apoya precisamente en la colaboración entre la administración y la ciudadanía. Sadeco se encarga de la financiación y la inspección del programa, mientras que la Federación de Asociaciones Protectoras de Animales de Córdoba (Fapac) coordina una red de cuidadores acreditados que participa en la aplicación del método CER. Las personas que acuden de forma habitual a alimentarlas, comprobar el estado de los animales y detectar cualquier incidencia son las verdaderas responsables del éxito del programa.

El trabajo diario de una red de personas voluntarias es clave, ya que se encargan de alimentar, vigilar y cuidar a los animales

Una de esas personas es Raquel Pineda, que desde hace catorce años cuida una colonia de seis gatos en el entorno del cementerio de La Salud. Empezó después de ver cómo una vecina de avanzada edad del barrio se hacía cargo de ellos. A lo largo de esta casi década y media, Raquel da fe del «gran cambio» que ha supuesto el CER, que ha ayudado a «regular la población con la castración», reducir enfermedades y mejorar su alimentación.

A.J.González Córdoba Colonia de gatos del barrio de la Fuensanta gatos callejeros

Raquel Pineda da de comer a su colonia de gatos en Córdoba. / A.J. GONZÁLEZ

También destaca el vínculo que se genera con los animales, a los que, recuerda, «hay que tratar de forma diferente a un gato doméstico». Se emociona incluso al recordar cómo, durante una etapa difícil de su vida, «me acompañaban a mi casa. Era como si supieran cómo estaba». Para Raquel, ese pequeño momento de dejarles comida y agua por la mañana y por la tarde «forma parte de mi bienestar diario» y se ha convertido en «un momento especial».

Una labor que requiere mucho sacrificio

En este aspecto coincide Rafael Varo, que cuida a tres gatos en la barriada de Trassierra y ha ayudado también a varios vecinos a capturar y castrar animales. En los cinco años que lleva con ellos ha generado un vínculo estrecho, aunque recuerda que «tienes que entender que son animales a los que les cuesta confiar». A Rafael le llena especialmente poder ofrecer ayuda y alimento a unos gatos que viven solos y en un entorno a veces tan hostil para ellos como la carretera que baja hasta la capital. Además, pone en valor el trabajo de todos los voluntarios que sostienen el programa CER: «Sin nosotros esto no saldría adelante», recalca.

Rafael Varo alimenta a una de las gatas de su colonia incluida en el CER.

Rafael Varo alimenta a una de las gatas de su colonia incluida en el CER. / CÓRDOBA

Muy distinta es la experiencia de María Dolores Fernández, que cuida una colonia de 27 gatos en Trassierra y define su día a día con una palabra: «Un sufrimiento». Esta jubilada ha tenido que volver a trabajar porque, asegura, «me dejo 300 euros al mes en comida para ellos y no podía vivir». Su compromiso comenzó poco antes de la puesta en marcha del CER y, con el paso del tiempo, la colonia fue creciendo, también por la marcha de vecinos de la zona que dejaron algunos gatos a su cargo. Hoy atiende una de las agrupaciones más numerosas de las que aparecen en este reportaje. «A las siete están esperando para que les dé de comer», cuenta.

Vivir en la propia barriada también le ha hecho atravesar momentos especialmente duros. El pasado mes de junio, relata, un coche «arrolló a uno de mis gatos cuando estaba dándole de comer. Se me murió prácticamente en las manos». Babi, como es conocida, reconoce que esta tarea le provoca más angustia que felicidad por el temor constante a que pueda ocurrirles algo. Aun así, no se plantea abandonarlos: «Mi corazón no me deja», admite emocionada.

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