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La lucha contra la adicción

Antonio, de Alcohólicos Anónimos en Córdoba: "Nadie entiende que no bebes porque quieres, sino porque no sabes decir que no"

El testimonio de una de las personas que acuden a los grupos de ayuda mutua relata su experiencia y cómo ha sido su proceso de recuperación

Testimonio de una de las personas que acuden a Alcohólicos Anónimos en Córdoba.

Testimonio de una de las personas que acuden a Alcohólicos Anónimos en Córdoba. / JOSE LORES

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Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

En Alcohólicos Anónimos (AA), es bienvenida cualquier persona que crea tener un problema con el alcohol. No se pagan cuotas, no hay registros formales, ni perfiles excluidos por raza, religión o partido político y no necesitas dar tu nombre real. Uno de los tres grupos que hay en Córdoba, uno de ellos de habla inglesa, se reúne en la iglesia San Ignacio de Loyola (martes y jueves de 19.30 a 21.00) y desde hace años se ha convertido en una tabla de salvación para muchos enfermos que cada día se enfrentan a una lucha de 24 en 24 horas para mantenerse sobrios.

Antonio tenía solo 12 años cuando se emborrachó por primeva vez. Con los años, a la bebida se sumaron otras sustancias, como la cocaína o las drogas de diseño, hasta que el consumo acabó condicionando su vida. Hoy tiene 42 años y habla de aquel proceso desde otro lugar. Su nombre real no es Antonio. Prefiere preservar su identidad, pero sabe que contar su historia puede servir para ayudar a otras personas.

«El alcohol era la puerta de entrada, lo que me llevaba a consumir más cosas y a moverme en ciertos ambientes», explica. A los veinte años, se dio cuenta de que aquello se le iba de las manos y que no era capaz de controlar lo que pasaba y aunque intentó salir de aquel círculo por sí solo, no fue hasta años después cuando se decidió a plantarse y buscar una solución. "Nadie te explica que lo que tienes es una adicción, una enfermedad, un problema del que se puede salir", asegura, "y nadie entiende que no bebas porque quieres, sino porque no sabes decir que no".

El punto de inflexión, al tocar fondo: "Todos tenemos uno"

El punto de inflexión llegó después de una noche en la que, bajo los efectos del alcohol y las drogas, hizo cosas en las que no pudo reconocerse. Fue lo que en AA llaman tu fondo, "todos tenemos uno". Ese día decidió que tenía que cambiar porque "no quería seguir viviendo así, ni tener ese tipo de vida".

Su recuperación ha sido "paso a paso", cambiando de hábitos y de compañía, aprendiendo a "decir que no"

El 25 de noviembre de 2019 acudió por primera vez a una reunión de AA. Desde entonces, asegura que la recuperación ha sido «paso a paso» y que no se ha limitado a dejar de beber, sino a cambiar hábitos, compañías y sobre todo, «aprender a decir que no, aprender a cuidarme y a quererme». Asegura que en los grupos de ayuda mutua ha encontrado algo que le faltaba: «El proceso de recuperación se resume en encontrar un sentido a la vida, a estar vivo, eso que antes no tenía».

"La recuperación se consigue día a día", explica

Antonio tiene claro que se trata de un trabajo diario y de por vida. "La recuperación se consigue día a día, desde que me levanto hasta que me acuesto". Cada mañana se marca un único objetivo y se repite: "Me llamo Antonio, soy alcohólico y hoy no voy a beber". En Alcohólicos Anónimos, se ha rodeado de un grupo de personas que han pasado por lo mismo que él y que han sido su apoyo todos estos años. "Desde el primer día encontré esa mirada de comprensión y un amor incondicional que es lo que me ha salvado".

Ahora intenta devolver esa ayuda a quienes llegan por primera vez. "Se trata de tender la mano y darles la oportunidad que a mí me han dado". Recuerda que antes intentó de dejar su adicción solo y no pudo. Por eso asegura que "hay solución y juntos se puede conseguir lo que uno solo no puede".

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