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Testimonio

Francisco, persona sin hogar realojada por la Umasc en Córdoba: "Tu peor enemigo eres tú mismo, lo que más cuesta es reconocer que tienes un problema"

Tras un año vagando, la intervención de la Unidad Social Móvil del Ayuntamiento le brindó la oportunidad de encontrar ayuda y reconstruir su vida

Francisco, en la puerta de la Casa Municipal de Acogida de Córdoba, donde durante un tiempo estuvo viviendo.

Francisco, en la puerta de la Casa Municipal de Acogida de Córdoba, donde durante un tiempo estuvo viviendo. / Araceli R. Arjona

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Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Francisco es cordobés, tiene 60 años y una larga historia vinculada a la Unidad Móvil Social de Atención en Calle del Ayuntamiento. Siempre tuvo una personalidad fuerte y fue una persona rebelde e independiente. «Cuando uno empieza a andar fuera de las normas sociales y la moralidad, acaba aislándose del mundo», explica. Hubo un tiempo en el que tuvo una familia y una vida normalizada, pero las adicciones le acabaron dejando solo en la calle. Recuerda que hubo un momento en el que se sintió «como si fuera un número, un dato, pero no un ser humano, la gente ve un perro y lo toca, pero a ti te miran con los ojos cerrados».

Según su experiencia, «la calle te afecta física y psicológicamente y hace que en lugar de buscar ayuda te metas en ti mismo». Una noche de lluvia, después de un año vagando, estaba durmiendo en un parque cuando alguien le dijo que se levantara de ahí, que había sitios donde le podían ayudar. «Cuando llegué a la casa de acogida, me dieron comida y cama y pude hablar con los psicólogos, entonces empecé a entender que no estaba solo».

Francisco se despide al salir de la Casa de Acogida tras una visita.

Francisco se despide al salir de la Casa de Acogida tras una visita. / Araceli R. Arjona

Así fue cómo recobró la energía y empezó a hacer cursos de limpieza, de cocina mientras ahorraba hasta que lo contrataron en una taberna. «En cuanto pude, dejé mi cama a otra persona», recuerda y luego añade: «Me había vuelto antisocial, tenía un escudo y todavía me sale a veces esa vena arisca».

"Eva se preocupó de que tuviera un plato de comida cuando me dieron el alta"

Años después, cuando empezó la pandemia, tuvo un problema en las piernas que le obligó a operarse y dejar el trabajo. «Yo seguía en contacto con la unidad, Eva fue a verme al hospital y luchó por mí, se preocupó de que tuviera un plato de comida cuando me dieron el alta y no podía ni ducharme, siempre han estado ahí apoyándome».

Cuando tuvo que dejar el piso de alquiler, le encontraron plaza en un centro de personas con adicciones para que se recuperara allí como voluntario. Después, le ayudaron a encontrar un empleo y un piso. «Ahora trabajo en limpieza de jardines y tengo mi casa», confiesa con una sonrisa, «lo que más cuesta es reconocer que tienes un problema de egoísmo, de aislamiento, una toxicomanía porque tu peor enemigo eres tú mismo, nadie cambia de vida si no quiere, si no pone de su parte, ahora mi deseo no es tener más dinero sino ser mejor persona».

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