Turismo
Los turistas desafían el calor para conocer Córdoba en pleno agosto: «Ya nos habían dicho que hacía mucho, pero no nos ha importado»
Los monumentos, la gastronomía y los vínculos familiares son algunos de los motivos que llevan a visitantes a recorrer la ciudad pese a las altas temperaturas

A. J. González

Es una mañana tranquila de sábado en Córdoba, pese al seísmo de Granada que también se ha sentido en Córdoba o la lluvia de madrugada que parecía inesperada y que ha levantado el bochorno. Una jornada tranquila bajo aviso amarillo, tanto por calor (esto no es nuevo) como por tormentas. El combo completo está servido para que los turistas que deciden visitar la ciudad un 15 de agosto vivan una experiencia cordobesa deluxe.
El verano no se caracteriza en Córdoba por ser precisamente la temporada turística más amable en lo meteorológico. Los cordobeses son los primeros en huir a sus pueblos -quien lo tiene-, a la playa -quien puede- o a encerrarse en casa el mayor tiempo posible. Aun así, hay visitantes que deciden acercarse a la ciudad atraídos por su patrimonio, por los vínculos familiares o simplemente porque los precios pueden resultar algo más contenidos que en otros destinos de verano.
Los turistas ya lo saben: hay que madrugar y evitar los paseos largos durante las horas centrales del día. Es decir, no intentar caminar por el Puente Romano a partir de las 14.00 horas. La visita a Córdoba en agosto requiere cierta estrategia: aprovechar las primeras horas, beber mucha agua, refugiarse durante el tramo más duro de la jornada y volver a salir cuando el sol empieza a dar tregua.
El calor «es peor de lo que me imaginaba»
Ese es el plan de Fran Guichard y Agathe Monfefoul, llegados desde Burdeos junto a su hija Alma. Fran, malagueño residente en Francia, conoce bien las temperaturas del sur y asegura que ya sabía que Córdoba tenía fama de ser especialmente calurosa. «Dicen que es el horno de España», cuenta. Pero la familia ha decidido asumir el reto porque suelen hacer rutas por Andalucía y esta vez querían conocer Córdoba.
Así viven los turistas el calor de Córdoba en pleno agosto: abanicos, agua y visitas a primera hora / Chencho Martínez
La primera impresión, pese al calor, es inmejorable. Fran define la ciudad como «preciosa», destaca sus monumentos, la gastronomía y la amabilidad de sus habitantes. Para no convertir la visita en una prueba de resistencia, han optado por salir temprano del alojamiento y aprovechar las primeras horas. Entre el mediodía y aproximadamente las seis de la tarde, el plan es refugiarse donde puedan, ya sea en casa o en alguno de los restaurantes de la ciudad, y volver a salir cuando el calor afloje.

Fran Guichard y Agathe Monfefoul han venido desde Burdeos con su hija Alma. / Chencho Martínez
Otros visitantes llegan desde mucho más lejos. Jesús López y Norma González, procedentes de México, han elegido Córdoba aprovechando las vacaciones de ella, que es maestra. Habían escuchado hablar del calor cordobés, pero no fue suficiente para hacerles cambiar de planes, pues aseguran estar acostumbrados.
Su fórmula para soportar las temperaturas es sencilla: agua y buscar lugares cubiertos. La pareja también asegura que los precios que se han encontrado son similares a los de otros destinos españoles que habían consultado antes de viajar.

Jesús López y Norma González viajaron desde México. / Chencho Martínez
Para Ivette Valdez, llegada desde Madrid, la experiencia está siendo algo más complicada. Es su primera visita a Córdoba y ha venido para conocer la ciudad de su pareja. También había recibido advertencias sobre las temperaturas, pero reconoce que el calor ha superado sus expectativas. «Es peor de lo que me imaginaba», explica, hasta el punto de admitir que lo está llevando «fatal».
Su equipaje para sobrevivir a la jornada es mucho más sencillo: abanico y agua. Y, cuando el calor aprieta, la solución pasa por entrar en bares y otros establecimientos donde pueda refugiarse en el interior y descansar unos minutos antes de continuar la visita.

David Díaz y su familia, de Barcelona. / Chencho Martínez
También hay visitantes que llegan a Córdoba por motivos familiares. Es el caso de David Díaz y su familia, procedentes de Terrasa (Barcelona), cuyo suegro es de Cañete. El objetivo del viaje es enseñar la ciudad a los nietos y recorrer con ellos sus monumentos. Díaz no considera que el calor sea motivo suficiente para renunciar a la visita. Ya ha estado en Córdoba en verano y asume que «hace calor», aunque lo enmarca en las temperaturas que se registran en buena parte de España.
Para hacerlo más llevadero, destaca recursos tan sencillos como el agua fresca y las fuentes, que considera que funcionan muy bien en la ciudad. Su principal inconveniente, explica, aparece cuando a las altas temperaturas se suma la humedad después de la lluvia, que hace que el bochorno sea todavía mayor. Aun así, su valoración de la ciudad es positiva y considera que el patrimonio está bien cuidado.
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