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Obituario

Rafael Carlos Padilla y el teatro de la mente

Muere una de las voces de referencia de la radio de los 80 en Córdoba

Rafael Carlos Padilla.

Rafael Carlos Padilla. / CÓRDOBA

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Rafael Aranda

Rafael Aranda

En el planeta de las frases hechas abunda el dicho de “la magia de la radio”. La propia IA desconoce quién fue el inventor de esa atmósfera. Pero hay que reconocer la capacidad de hacer albricias en muchos de los que se han puesto detrás de un micrófono en las ondas hertzianas. Para Orson Welles la radio era el “teatro de la mente”. Y en Córdoba hubo un tramoyista en el dial que marcó a toda una generación, Rafael Carlos Padilla, que falleció este pasado domingo a los 68 años. Muy joven.

Finalizaban los años 70, y muchos de los jóvenes de mi edad éramos analfabetos musicales. Veníamos de un periodo de nuestra historia en el que, por ejemplo, estaba prohibido llamar Athletic a un club de fútbol debido a un decreto de diciembre de 1940, firmado por Francisco Franco, que prohibía el uso de extranjerismos. Imagínense los filtros que debía superar todo lo que llevase música y sonase a inglés, o a francés, o a portugués… Sí, nos llegaban las canciones de Cat Stevens, que por entonces no era Yusuf Islam, The Beatles, Simon & Garfunkel…, pero en cierta ocasión un sacerdote me llegó a avisar de que engancharte a la discografía de Pink Floyd era pecado. Y todo cantautor español era un ciudadano sospechoso. Ese era el páramo de libertades. Pero había un microclima en la radio que traía aire fresco, mientras que las grandes voces de la radiofonía se disputaban la corona del liderazgo en audiencia en la onda media (AM), sobre la que estaban volcadas las grandes cadenas de radio, la frecuencia modulada (FM) funcionaba como el caballete de un artista en el que, más allá de entretener, se alineaban en el dial verdaderos laboratorios creativos mezclando la fórmula de música y voz. Un verso libre con bandas sonoras. Era arte. El teatro de Orson Welles daba funciones a diario.

Entonces, presumía más allá de Despeñaperros y La Campiña de tener la mejor emisora de frecuencia modulada de España, la FM de Radio Córdoba, en la que la Voz, con mayúscula, era la de Rafael Carlos. También estaban Pepe Navajas, Pepa Rosales, Ramón Medina, Sensi Márquez… Todos ellos marcaron una época diferencial entre la radio cordobesa y la que se hacía allende. Los provincianos, los que siempre escuchaban lo que les imponían las modas eran los otros. En Córdoba estaban los auténticos. Por la noche, sonaba Feels so god, de Chuck Mangione, y en la FM de Radio Córdoba Rafael Carlos Padilla te abría las puertas de Nocturno FM, uno de sus programas de autor. Muchas noches saqué lo apuntes e hinqué codos sólo para tener la coartada para encerrarme en mi dormitorio hasta las tantas y escuchar hasta el último de los discos que nos traía Padilla. Ahí, además de a Mangione, descubrí inéditos de Pink Floyd, Eric Clapton, el Dylan más desconocido… Hecho en España fue otra de sus maravillas de autor. Sonaba la música de cantautor y el emergente rock andaluz. Sin moverme de casa y bajo 40 grados de temperatura ya con la luna dominante en la noche, asistí a las grandes noches del Marbella Rock con Triana, Medina Azahara, Mezquita, Imán, Guadalquivir… Poco a poco, la FM se vio carcomida por el empuje de las fórmulas comerciales, y esos escenarios creativos quedaron arrinconados hasta su desaparición. Yo también me fui a estudiar la carrera de Periodismo a Madrid, donde no llegaba la FM de Radio Córdoba. Mi adicción a esa forma de radio se rompió de forma natural y espontánea.

No había acabado la década de los 80 y el talento de Rafael Carlos Padilla volvió a engancharme a través de un proyecto musical llamado Papa Mundi. Para que no se queden en un relato, sino que puedan disfrutarlo, les recomiendo que busquen en Youtube el vídeo de un concierto de Papa Mundi (papamundi en el buscador) dentro del Festival de la Guitarra en 1993, en el que también podrán escuchar la voz de otra de las escogidas para no cansarnos jamás de escucharla, la de Vicky Tessio, autora también de una radio de autora con el programa Boca a Boca de Canal Sur, que no olvidamos lo nostálgicos de las joyas que circulaban por el dial de los noventa. O en otro recital más reciente en el Real Jardín Botánico, en 2008, con colaboradores de lujo como Luis Medina.

Sus habilidades como creador y comunicador llevaron a Rafael Carlos Padilla a trabajar durante cinco años en Sevilla junto a Jesús Quintero en El loco de la Colina. También aportó sus virtudes para la comunicación en la Televisión Municipal de Córdoba, donde pudimos verle con frecuencia el rostro a lo que hasta entonces había sido una cálida voz. Tras la experiencia en la pequeña pantalla, y hasta su jubilación, Rafael Carlos ejerció como responsable de comunicación de la Orquesta de Córdoba.

Por proyectos editoriales comunes del periódico con la Orquesta, tuve una relación fluida con el que había sido no sólo uno de mis ídolos radiofónicos, sino una de las razones por las que empecé mi carrera periodística en los micrófonos. Cuando escuchaba su agradable tono e impecable dicción me entraban ganas de retrotraerme en el tiempo, volver a encender la luz del dormitorio y sacar los apuntes de Lengua y Filosofía para escuchar de nuevo Feels so Good en la trompeta de Magione, a Rafael Carlos Padilla y acomodarme otra vez en el teatro de la mente que bautizó Welles. Descanse en paz.

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