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Corresponsabilidad

Ocho de cada diez excedencias vinculadas a los cuidados en Córdoba siguen recayendo en las mujeres

Córdoba contabiliza 223 pausas laborales para atender a hijos u otros familiares en el primer semestre de 2026 n Las solicitadas por hombres crecen un 44%, aunque ellas aún representan el 78% del total

Madre con sus hijos en un parque, en una imagen de archivo.

Madre con sus hijos en un parque, en una imagen de archivo. / GUSTAVO SANTOS

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Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

Córdoba

La corresponsabilidad avanza en Córdoba, pero son las mujeres las que continúan asumiendo la mayor parte de las renuncias laborales vinculadas a los cuidados. Entre enero y junio de 2026 se dieron de alta en la provincia 223 excedencias por cuidado familiar, de las que 174 correspondieron a mujeres y solo 49 a hombres, según los últimos datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

De esta forma, las mujeres concentraron el 78% del total, frente al 22% de los hombres. Casi ocho de cada diez personas que interrumpieron temporalmente su actividad profesional para atender a hijos u otros familiares fueron, por tanto, mujeres.

La brecha sigue siendo amplia, aunque se ha reducido respecto al mismo periodo del año anterior. Durante el primer semestre de 2025 se habían contabilizado en Córdoba 227 excedencias: 193 de mujeres y 34 de hombres. En un año, las solicitadas por mujeres han descendido un 9,8%, mientras que las de los hombres han aumentado un 44,1%, al pasar de 34 a 49.

Como consecuencia, el peso femenino bajó desde el 85% registrado entre enero y junio de 2025 hasta el 78% del mismo periodo de 2026. Sin embargo, por cada hombre que recurrió a una excedencia para cuidar todavía hubo aproximadamente tres mujeres y media que hicieron lo mismo.

La provincia cordobesa fue, además, la única de Andalucía en la que disminuyó el número total de excedencias, mientras en el conjunto de España se registraron 24.983, un 2,6% más que en el mismo periodo del año anterior.

Una mujer atiende a un bebé tendido sobre una camilla. | CÓRDOBA

Una mujer atiende a un bebé tendido sobre una camilla. / CÓRDOBA

La proporción de mujeres en Córdoba, del 78%, se encuentra por debajo de la media nacional, situada en torno al 81,7%. Desde la perspectiva contraria, los hombres concentran en la provincia el 22% de las excedencias, una participación relativamente elevada en comparación con la mayoría de territorios.

Otro de los datos es que entre enero y junio de 2026 se reconocieron en Córdoba 4.212 prestaciones por nacimiento y cuidado de menor: 1.971 correspondieron al primer progenitor, habitualmente la madre, y 2.241 al segundo, normalmente el padre. El reparto de estas prestaciones es, por tanto, mucho más equilibrado y la desigualdad se acentúa cuando finaliza ese periodo y las necesidades familiares requieren prolongar el cuidado mediante una excedencia, que entonces suele coger la madre.

Coste económico y personal

Es importante recordar que mientras la prestación por nacimiento está remunerada, la excedencia supone dejar temporalmente de trabajar y, con carácter general, dejar también de percibir el salario. La decisión puede afectar a los ingresos familiares, a las cotizaciones, a las posibilidades de promoción y a la trayectoria profesional.

Precisamente, el informe Estado de las Paternidades en España 2026, elaborado por Convive Fundación Cepaim, advierte de que los cuidados implican importantes costes económicos, laborales y personales. El documento sostiene que las mujeres continúan soportando un impacto desproporcionado en términos de precariedad laboral y brecha salarial. El informe identifica barreras laborales y estructurales, como la falta de permisos adaptados, los horarios poco compatibles con la vida familiar o las escasas facilidades ofrecidas por algunas empresas.

barcelona 19/01/2024 On Sociedad. Entrevista a Marina Lumeras, madre monoparental (per shorthand del 8M tot l'any). AUTOR: JORDI OTIX /. recurso grafico generico maternidad padres madres bebe infancia hijos crianza educacion

Una madre toma la mano de su hijo. / JORDI OTIX / EPC

En los hogares donde existen diferencias salariales, la decisión de quién deja de trabajar puede responder también a criterios económicos. Si la mujer tiene un sueldo menor, un empleo más precario o menos posibilidades de promoción, la familia puede considerar que su retirada temporal tiene un impacto inmediato más reducido. Esa elección, sin embargo, puede reforzar posteriormente la propia brecha salarial y profesional.

Falta de tiempo

El informe estatal introduce además el concepto de pobreza de tiempo, entendido como la falta de horas disponibles para descansar, formarse, cuidarse o disfrutar del ocio. El 67% de las madres y el 62% de los padres participantes manifestó no disponer de tiempo suficiente para ello. La sobrecarga no tiene únicamente consecuencias laborales. El estudio la relaciona con estrés, fatiga mental, ansiedad y sentimientos de culpa o insuficiencia, síntomas que aparecen con mayor frecuencia entre las madres.

A esta falta de tiempo se suma la denominada carga mental: la responsabilidad de prever, organizar y supervisar las necesidades cotidianas de la familia. No se trata solo de ejecutar tareas concretas, sino de recordar citas médicas, planificar horarios, anticipar compras, coordinar actividades escolares o estar pendiente de las necesidades de hijos y familiares.

Más del 70% de las parejas encuestadas considera que existe un reparto justo de las tareas aunque, curiosamente, esa percepción es mayor entre los padres que entre las madres. La diferencia revela que la corresponsabilidad puede entenderse de forma distinta y que parte del trabajo de organización permanece poco visible.

Más del 40% de las personas encuestadas considera que las cosas funcionan mejor cuando los hombres asumen el empleo remunerado y las mujeres se ocupan de los cuidados domésticos. El documento advierte, además, de un repunte de los estereotipos tradicionales entre los jóvenes.

El estudio recuerda que una excedencia es un derecho que no todas las familias pueden usar en las mismas condiciones. Al tratarse de una interrupción generalmente no remunerada, su utilización depende en gran medida de la capacidad económica del hogar. Las familias con ingresos bajos, empleos precarios o una única fuente de ingresos pueden necesitar cuidados adicionales y, al mismo tiempo, no poder permitirse perder un salario.

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