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Reportaje

José Valero, responsable del Horno de San Luis, tras el incendio de la Mezquita-Catedral de Córdoba: «Oímos unos crujidos enormes y después vimos el humo»

Los negocios del entorno de la Mezquita-Catedral recuerdan la noche en la que el monumento más importante de la ciudad sufrió un incendio que puso en alerta a turistas y vecinos de la Judería y que se siguió con preocupación dentro y fuera de Córdoba.

José Valero, gerente del Horno de San Luis, narra su vivencia del incendio de la Mezquita-Catedral de Córdoba

A. J. González

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Rafael Valenzuela

Rafael Valenzuela

Córdoba

El viernes 8 de agosto de 2025, Córdoba empezaba a desembarazarse de la modorra de la siesta y los negocios activos en ese mes casi inhábil a efectos turísticos abrían sus puertas, colocaban las terrazas y recibían a los primeros clientes. De los hoteles salían maqueados para disfrutar de la noche cordobesa los visitantes que habían elegido la ciudad califal para pasar el fin de semana, que se presumía agradable, pese al calor. Sin embargo, poco después de las nueve de la noche todo cambió. «De pronto empezamos a oír unos crujidos enormes y al asomarme desde la terraza de nuestro restaurante vimos la columna de humo», recuerda José Valero, responsable del Horno de San Luis, un negocio ubicado en el cruce entre las Calles Caño Quebrado, Magistral González Francés y Corregidor Luis de la Cerda. Y entre el humo, las llamas que se dejaban ver por encima de los tejados. La Mezquita-Catedral estaba ardiendo.

José fue uno de los primeros vecinos en percatarse de lo que ocurría al asomarse por la zona de aires acondicionados, en la azotea del bar, así que «avisé a mi compañero y llamamos al 112, donde nos dijeron que éramos los primeros en alertar y en cuatro o seis minutos llegaron los bomberos», cuenta quien fue testigo de excepción del suceso. En su caso, el negocio estaba ultimando los detalles para el turno de cenas. «Estábamos preparando la segunda planta y la terraza» y cuenta que algunos clientes ya estaban dentro. Uno, en concreto, «esperaba a que su mujer llegara desde el hotel Conquistador» en el que se alojaban. Sin embargo, según cuenta, ella no pudo llegar porque la zona fue rápidamente acordonada.

José Valero fue uno de los primeros en percatarse de lo que ocurría y llamó al 112

«En pocos minutos montaron aquí mismo, en nuestra puerta, una carpa a la que venían los bomberos a reponerse», explica, añadiendo que «uno de ellos estuvo un rato ahí sentado afectado por el humo, porque había muchísimo». Con ese panorama, cuenta el empresario que desde su bar, que se mantuvo abierto, llevaban agua y bocadillos al personal que trabajaba en la extinción, sobre lo que insiste en señalar «la rapidez con la llegaron todos». Esta eficiencia les sirvió para tranquilizarse un poco, después del sobrecogimiento inicial al ver «que estaba ardiendo nuestro monumento». Algunas personas, sigue recordando, «al ver aquellas llamas tan enormes, se echaban las manos a la cabeza». A partir de ahí, concluye, «estuvimos varias horas en la azotea y con la radio puesta para escuchar cómo evolucionaba el fuego» y enviándole a su madre vídeos del incendio.

José Valero, responsable del Horno de San Luis, vio desde su negocio el incendio de la Mezquita-Catedral de Córdoba el 8 de agosto del pasado 2025.

José Valero, responsable del Horno de San Luis, vio desde su negocio el incendio de la Mezquita-Catedral de Córdoba el 8 de agosto del pasado 2025. / A. J. González

En el hotel Marisa certifican la rapidez con que actuaron los bomberos

Cerca de allí, otro negocio que empezó a notar que algo pasaba muy cerca fue el hotel Marisa. Manuel, su titular, apunta que «lo primero que notamos fue el olor a incendio forestal», pero también coincide en señalar lo «rápido que actuaron los bomberos». Después, al ver que se acordonaba la zona, «seguimos nuestro plan de seguridad, nos aseguramos de que teníamos las vías de evacuación correctas y permanecimos atentos a las instrucciones de la Policía».

Peor lo tuvieron otros negocios que al encontrarse en la calle Magistral González Francés, justo frente al lugar por donde se iniciaron los llamas, vieron como sus clientes no podían salir o acceder al estar toda la zona cerrada y vigilada por efectivos policiales. Los testigos consultados por este periódico coincidieron en apuntar la impresión que causaba ver «esas llamas que se veían por encima del tejado de la Mezquita», sin saber los daños que podía estar causando en su interior. «El humo, el olor a quemado que se propagó por toda la Judería y el trasiego de efectivos era realmente impresionante», apunta Manuel desde la terraza del hotel Marisa, recordando aquella noche aciaga, en la que el recuerdo de Notre Dame sobrevoló la Judería cordobesa.

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