Entrevista
Álvaro Larrosa, joyero y diseñador del logo: "Con la IGP tendremos más prestigio y podremos mostrar una tradición real de Córdoba"
El joyero Álvaro Larrosa, diseñador de los pendientes elegidos como imagen del distintivo de calidad, ve una oportunidad en esta marca para que Córdoba sea reconocida como ciudad joyera a nivel nacional e internacional

Víctor Castro

Unos pendientes suyos inspirados en Medina Azahara ganaron un concurso de la Asociación de Joyeros de Córdoba y ahora acompaña al distintivo de calidad IGP que acaba de recibir el sector. Su autor, Álvaro Larrosa, lleva toda la vida en la joyería empezando desde el banco y ahora tiene su propia marca, que gestiona con éxito desde su reciente emplazamiento en plena Judería.
—¿Qué significa para usted que un diseño suyo sea la imagen de una marca que acaba de ser reconocida con una Indicación Geográfica Protegida?
—Para mí es un gran premio y un halago que se produzca en mi tierra. Creo que hay más de mil fabricantes en Córdoba y también me da un poco de apuro por los demás, porque podrían haber escogido el diseño de cualquier otro compañero y hay trabajos muy buenos. Pero, evidentemente, me alegra que hayan elegido el mío. Ahora estoy recogiendo los frutos de muchos años de trabajo. Tengo casi 50 años y llevo en la joyería desde los 14. Este diseño, en especial, ha supuesto un antes y un después en mi trayectoria profesional dentro del mundo de la joyería. Ya recibió un premio en 2024 como la joya que representaría al conjunto de la joyería cordobesa en las ferias internacionales durante 2025. Estuvo presente en todas las ferias y eventos internacionales a los que acudió la joyería cordobesa, acompañada por una fotografía mía.
—¿Continúa comercializando esa joya?
—Sí. En un principio era una pieza pensada para un escaparate o una pasarela. No creía que tuviera un carácter comercial, porque me parecía demasiado grande. Sin embargo, para mi sorpresa, ha funcionado muy bien.
—¿Cree que el reconocimiento de la IGP para la joyería cordobesa fomentará las ventas?
—Claro que las fomentará. Creo que tendrá efectos positivos en varios ámbitos. En primer lugar, para los fabricantes cordobeses que salen al exterior, que se han reinventado y que exportan sus pendientes y sus piezas a todo el mundo. En cualquier feria internacional hay actualmente un pasillo lleno de empresas cordobesas compitiendo con italianos, asiáticos o turcos. Nuestro espacio siempre está presente porque tenemos un producto competitivo. Una IGP funciona de forma parecida a una denominación de origen. ¿Dónde estarían los vinos de Rioja o de Ribera del Duero sin sus denominaciones? Serían vinos españoles, pero el reconocimiento aumenta el prestigio, el caché y la imagen del producto. En el caso de la joyería ocurrirá lo mismo. Tendremos más prestigio y podremos mostrar una tradición real y visible, sin tener que explicarla continuamente. Serán los propios clientes quienes pregunten por la joyería cordobesa, por sus orígenes o por los años que lleva fabricándose.
El desconocimiento de la joyería entre los turistas
—¿Qué repercusión puede tener la IGP en los comercios y en el turismo?
—También será muy positiva. Espero que tenga una gran repercusión mediática y que se promocione Córdoba como ciudad joyera. Cuando lleguen los turistas nacionales, deben saber que aquí se fabrica joyería. Actualmente, la joyería cordobesa sigue siendo una gran desconocida. Pensamos que tenemos la Mezquita y que todo el mundo sabe quiénes somos, pero no sabemos vendernos. La inmensa mayoría de los clientes internacionales no sabe que Córdoba es una ciudad joyera. Incluso el público nacional suele relacionar Córdoba exclusivamente con la filigrana. Aquí se hace filigrana, por supuesto, pero también se fabrica todo tipo de joyería. Mezclamos la artesanía ancestral con las nuevas tecnologías y hemos sido pioneros. Córdoba incorporó tecnologías como la impresión 3D cuando casi nadie se atrevía a trabajar con ellas, y fuimos de los primeros en España y en Europa.
—¿Qué diferencia a la joyería cordobesa de la de otros lugares?
—La combinación del conocimiento tradicional del oficio con las nuevas tecnologías. Antes había talleres en muchas casas y quienes trabajábamos en el sector reconocíamos los olores, los ruidos y lo que se hacía en cada una. Eso se ha perdido en parte con la concentración de los talleres en el Parque Joyero, el polígono de Las Quemadas y otros espacios. Sin embargo, se mantiene el conocimiento del oficio, que ahora se mezcla con las nuevas tecnologías. Esa es nuestra gran diferencia.
—¿Las joyas cordobesas continúan haciéndose de manera artesanal o existen también procesos industriales?
—Tenemos de todo. En Córdoba existe una artesanía tradicional que se mezcla con las nuevas tecnologías. Hay personas que trabajan casi exclusivamente con tecnología, pero después necesitan a un artesano que sepa soldar y terminar las piezas. Está entrando mucha maquinaria, pero la simbiosis entre lo tradicional y la tecnología es espectacular.
"La simbiosis entre lo tradicional y la tecnología en la joyería cordobesa es espectacular"
—En términos generales, ¿en qué momento se encuentra actualmente el sector joyero cordobés?
—En cuanto a madurez y control de los procesos de fabricación, está en un momento espectacular. Somos de los mejores en las especialidades que trabajamos.Tecnológicamente, Córdoba está muy bien posicionada. La concentración de empresas en el Parque Joyero ha generado un intercambio constante de ideas. Eso nos está permitiendo llegar muy lejos. Desde mi punto de vista, el principal problema es que se necesitan profesionales. Como ocurre en otros sectores, falta mano de obra especializada, especialmente trabajadores de taller. Todos quieren ser diseñadores y tener una marca, pero nadie quiere trabajar en el banco de joyero ni aprender los procesos tradicionales.
—¿Cómo está afectando al sector el encarecimiento de los metales preciosos?
—Lo estamos pasando mal. El oro ha subido muchísimo. Yo, por ejemplo, trabajo también con alianzas, y ahora cuestan aproximadamente el doble que hace dos años. Unos pendientes de bebé que antes podían venderse al público por 30, 40 o 50 euros ahora pueden alcanzar los 120 euros. El metal se ha encarecido mucho y el sector está teniendo que reinventarse otra vez. Se están utilizando aleaciones con menos oro. Es la situación que nos ha tocado afrontar.

Álvaro Larrosa muestra los pendientes que ganaron el premio de la Asociación de Joyeros. / Víctor Castro
—¿Tiene usted una marca propia? ¿Cómo está funcionando?
—Mi marca funciona bien. Intento diferenciarme del resto y meterme en terrenos en los que otros no entran. Personalizo más las piezas, me adapto a lo que quiere el cliente y me atrevo con diseños grandes, diferentes y más transgresores. También estoy trabajando con motivos relacionados con el flamenco. El secreto de mi éxito, entre comillas, es hacer algo diferente e intentar no copiar. Copiar es muy feo y, desgraciadamente, hay mucha gente que lo hace.
—¿Ha trabajado con grandes marcas o con personalidades del mundo del espectáculo?
—He trabajado con grandes marcas, aunque en algunos casos tengo acuerdos de confidencialidad. He dado cursos en Sevilla, Bilbao y otras ciudades. En cuanto a personalidades y programas, he trabajado para los Premios Goya y con Raquel Sánchez Silva. También llevo cuatro años colaborando con Maestros de la Costura, aportando distintas piezas. Colaboré igualmente en Eurovisión, hace dos años, junto a un diseñador de Madrid. También he trabajado con Pastora Soler y con otros artistas y proyectos relacionados con el mundo de la moda y el espectáculo.
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