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Reportaje

El Aula Flamenca de Veterinaria, el grupo de estudiantes que sembró el flamenco en la Universidad de Córdoba

Antonio Arenas rememora la experiencia del Aula Flamenca, que combinó recitales con contexto histórico y cultural para acercar el flamenco a la academia

El cartel con el logo oficial del Aula Flamenca de la UCO, que ahora ha sido donado.

El cartel con el logo oficial del Aula Flamenca de la UCO, que ahora ha sido donado. / CÓRDOBA

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Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

CÓRDOBA

Mucho antes de que la Universidad de Córdoba contara con una Cátedra de Flamencología, un grupo de estudiantes de la Facultad de Veterinaria convirtió el flamenco en protagonista de la vida universitaria. Lo hizo sin apenas presupuesto, movido únicamente por la afición y el entusiasmo, organizando recitales y conferencias que lograron llevar a algunos de los nombres más destacados del cante a las aulas de la UCO.

Aquella experiencia fue el Aula Flamenca, un proyecto nacido a finales de 1977 en el seno de la Facultad de Veterinaria y que permaneció activo hasta 1982. Durante esos cinco años se convirtió en la primera iniciativa estable dedicada al flamenco dentro de la Universidad de Córdoba y, con el paso del tiempo, acabaría siendo reconocida como el antecedente directo de la actual Cátedra de Flamencología.

Uno de sus impulsores, Antonio Arenas, recuerda que la Universidad tenía entonces una estructura cultural muy distinta a la actual. Fueron los propios estudiantes quienes decidieron crear un espacio para el flamenco, aprovechando los contactos que mantenían con artistas y aficionados. Gracias a ese trabajo voluntario consiguieron organizar una programación continuada y atraer a figuras de prestigio pese a disponer de recursos muy limitados.

Algunos de los fondos recuperados.

Algunos de los fondos recuperados. / CÓRDOBA

Las sesiones no consistían únicamente en actuaciones. El profesor y flamencólogo Agustín Gómez era el encargado de presentar cada actividad, que incluía contexto histórico y cultural de los artistas y de los estilos que interpretaban. De esta forma, el Aula Flamenca combinaba divulgación y espectáculo, acercando este arte a una comunidad universitaria que hasta entonces apenas había tenido contacto con él.

Por aquellos encuentros pasaron artistas que años después se convertirían en referentes del flamenco. La cartelería conservada, que ahora ha sido donada a la Cátedra de Flamencología, recoge nombres como Calixto Sánchez o El Pele, entonces jóvenes promesas. También aparece el de Vicente Mijo, una denominación que, según apunta el director de la Cátedra de Flamencología, David Pino, probablemente corresponda al guitarrista Vicente Amigo.

La actividad era posible gracias al esfuerzo de los propios estudiantes, pues ellos organizaban los recitales, diseñaban la programación y buscaban apoyos para sacar adelante cada iniciativa. La impresión de los carteles corría a cargo de Gráfica Minerva y contaba con el patrocinio de una bodega cordobesa, una colaboración que permitió mantener viva la programación durante varios años.

Sin embargo, el proyecto estaba íntimamente ligado a quienes lo impulsaban. Cuando aquellos estudiantes terminaron sus estudios y abandonaron la Universidad, el Aula Flamenca perdió el motor que la sostenía y acabó desapareciendo en 1982. Aun así, la semilla ya estaba plantada y la presencia continuada del flamenco en la UCO y el interés despertado en la comunidad universitaria contribuyeron a que, años después, la institución apostara por crear la Cátedra de Flamencología.

Más de cuatro décadas después, aquella historia vuelve a salir a la luz gracias a la donación del fondo documental realizada por Antonio Arenas. El material, compuesto por más de 60 fotografías y carteles originales, no solo documenta la actividad del Aula Flamenca, sino que constituye un testimonio de cómo un grupo de estudiantes consiguió abrir las puertas de la Universidad de Córdoba al flamenco y dejar un legado que aún perdura.

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