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Análisis

La Sierra de Córdoba, un año después del incendio de La Albaida: «Volver a un paisaje parecido llevará entre cinco y diez años»

Para el coordinador del grado de Ingeniería Forestal de la Universidad de Córdoba (UCO), profesor de la titulación y coordinador del Laboratorio de Incendios Forestales, Juan Ramón Molina, la recuperación del monte afectado por las llamas está siendo «relativamente buena»

La Sierra de Córdoba, un año después del incendio de La Albaida

La Sierra de Córdoba, un año después del incendio de La Albaida / Víctor Castro

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

Hace un año, Córdoba miró con miedo a su sierra. El incendio de la Albaida obligó a desalojar a más de 300 vecinos de distintas urbanizaciones del entorno, calcinó un total de 84 hectáreas y dejó momentos de enorme tensión. Doce meses después, basta un vistazo rápido a la zona para comprobar que el fuego sigue presente en el paisaje: troncos ennegrecidos, manchas oscuras y laderas que aún conservan la cicatriz de aquella tarde. Pese a ello, los expertos apuntan a que la recuperación del entorno está siendo «relativamente buena», aunque advierten de que volver a una situación parecida a la anterior llevará «entre cinco y diez años».

Para el coordinador del grado de Ingeniería Forestal de la Universidad de Córdoba (UCO), profesor de la titulación y coordinador del Laboratorio de Incendios Forestales, Juan Ramón Molina, la recuperación del monte afectado por las llamas está siendo «relativamente buena», aunque avisa de que «hay que darle tiempo» porque «solo ha pasado un año». Molina acude con frecuencia a la zona con sus alumnos, con quienes observa cómo la naturaleza empieza poco a poco a abrirse paso entre las señales del incendio.

Estado actual de la zona un año después del incendio.

Estado actual de la zona un año después del incendio. / Víctor Castro

Factores clave en la recuperación

La evolución, eso sí, no es igual en todos los puntos. Hay zonas que «se han recuperado bastante bien» y otras donde el proceso avanza con más dificultad. «Un incendio es como un mosaico», explica el profesor de la UCO. Esa diferencia depende principalmente de tres factores: la orografía del terreno, la intensidad del fuego y el tipo de vegetación existente antes del incendio.

En cuanto a la orografía, Molina señala que las zonas con barrancos presentan una evolución más lenta, especialmente por el efecto de las lluvias torrenciales registradas a comienzos de año. «El suelo no estaba preparado y la erosión se nota bastante», apunta. La intensidad del incendio también resulta clave, no solo por la temperatura alcanzada por las llamas, sino por el tiempo que el fuego permaneció en cada punto.

Las lluvias, en cambio, sí han tenido un efecto positivo sobre la vegetación. «Ha aparecido una cubierta de pastizal en muchas zonas», destaca Molina. Aun así, no todas las especies responden igual. En un bosque mediterráneo como el de esta zona de la Sierra de Córdoba, conviven plantas con estrategias distintas frente al fuego. Las germinadoras, como los pinos, tardan más en recuperar presencia, mientras que las rebrotadoras, como las encinas y buena parte del matorral mediterráneo, pueden responder antes.

Miembros del Infoca trabajando en la zona afectada.

Miembros del Infoca trabajando en la zona afectada poco antes de la extinción del fuego. / Ramón Azañón

En este caso, además, el impacto sobre la vegetación no fue tan severo como podría haber sido en otros incendios, precisamente porque el fuego «avanzó a gran velocidad». Eso hizo que en algunas áreas no permaneciera demasiado tiempo sobre el mismo punto, lo que facilita la recuperación.

Mejora de la diversidad de la zona

Para el profesor de la UCO, la zona se encuentra todavía en una primera fase. «Ha aparecido pasto y está apareciendo matorral», señala. Molina recuerda que, como ha ocurrido en otros incendios de la sierra de la capital, en las zonas de matorral puede aparecer incluso «más diversidad» vegetal después del fuego. El problema, advierte, llegaría si los incendios fueran demasiado frecuentes. «Entonces la vegetación se ahoga y no responde bien», explica. En cualquier caso, recuerda que muchas especies mediterráneas están adaptadas al fuego porque «siempre lo han tenido y siempre lo tendrán».

El experto en incendios forestales, Juan Ramón Molina.

El experto en incendios forestales, Juan Ramón Molina. / MANUEL MURILLO

Otro efecto derivado del incendio, a juicio de Molina, ha sido una mayor conciencia social. Muchos vecinos vieron las llamas cerca de sus viviendas y eso, señala, «ha cambiado su mentalidad» respecto al riesgo forestal y a la necesidad de prevención en una zona especialmente sensible.

Para que las 84 hectáreas calcinadas recuperen un paisaje similar al anterior —idéntico, recalca Molina, nunca será posible— deberán pasar «entre cinco y diez años». «Las encinas y el matorral se recuperan bastante bien», comenta. La mayor incógnita está en los pinos, que necesitarán más tiempo para crecer y alcanzar un porte parecido al que tenían antes del incendio. Todo dependerá, además, de cómo acompañen las lluvias en los próximos años.

Por ahora, sostiene el profesor de la UCO, es el turno de la naturaleza. La intervención humana debe ser prudente y observar primero cómo responde el terreno. «Hay que esperar a ver qué nos está pidiendo el monte, porque es él el que conoce el fuego», resume Molina.

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