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Barrios de Córdoba

Del barrio joven al barrio maduro: el Zoco encara una nueva etapa demográfica y comercial

El Zoco de Córdoba, pionero en la expansión hacia Poniente, experimenta el envejecimiento de sus primeros residentes y la transformación de su comercio ante nuevos hábitos de consumo

Vecinos pasean por las calles de su barrio.

Vecinos pasean por las calles de su barrio. / Manuel Murillo

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Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

CÓRDOBA

El Zoco representa una de las grandes expansiones urbanísticas que vivió Córdoba hacia Poniente durante las últimas décadas del siglo XX. La zona fue consolidándose como área urbana residencial en los años ochenta y noventa, en paralelo al crecimiento de nuevos barrios y equipamientos en esta parte de la ciudad. La apertura del centro comercial Zoco, inaugurado en 1996, reforzó su papel como espacio de referencia comercial y de servicios para los vecinos de Poniente y Ciudad Jardín.

Cuatro décadas después, aquellos primeros vecinos envejecen y el barrio comienza a afrontar una nueva etapa. El relevo generacional, la transformación del comercio de proximidad y los cambios en los hábitos de consumo dibujan un escenario diferente al de sus primeros años. Sin embargo, los expertos apuntan a que este proceso forma parte del ciclo natural de muchos barrios y que la clave está en su capacidad para renovarse.

Una zona que entra en la madurez

Los datos demográficos actuales muestran que el conjunto de la zona ya afronta una etapa de mayor madurez. Según los datos del padrón de habitantes del Ayuntamiento de Córdoba, Poniente cuenta con una edad media de 45,8 años y 10.512 vecinos de 65 años o más sobre una población total de 43.241 habitantes. Esto supone que el 24,3% de sus residentes supera esa edad, un porcentaje por encima de la media de la ciudad, situada en torno al 21,3%.

Córdoba. Barrio del Zoco Córdoba, barrios envejeciendo. Vecinos del Zoco

Un bar de la zona de la plaza del Zoco. / Manuel Murillo

Poniente es una de las zonas con mayor proporción de población mayor de Córdoba, solo por detrás de Centro, con un 26% de vecinos de 65 años o más, y Levante, con un 25,1%. No obstante, hay que tomar en cuenta que Poniente incluye no solo al Zoco, sino también otros barrios más antiguos y, por tanto, con una población más envejecida.

Mientras los primeros residentes del barrio comienzan a alcanzar edades avanzadas tras cuatro décadas de vida en la zona, las nuevas promociones residenciales pueden estar introduciendo nuevos perfiles de población. Esa combinación entre vecinos que permanecen desde los primeros años y nuevas generaciones que llegan al barrio marca una etapa de transición.

Para el sociólogo e investigador del IESA-CSIC Ángel Ramírez Troyano, el envejecimiento inicial de los barrios construidos de una sola vez es un fenómeno habitual. "Los barrios que se crean de una sola vez tienen, durante sus primeros 40 años aproximadamente, un ciclo de vida muy vinculado al de sus primeros habitantes", explica, lo que no significa necesariamente que el barrio entre en declive.

"Una vez que ese primer ciclo acaba, empiezan a unirse distintas generaciones por la venta de viviendas o la incorporación de nuevos pobladores y ese efecto se va amortiguando", señala Ramírez Troyano. A su juicio, si un barrio funciona correctamente, la renovación demográfica acaba produciéndose. La cuestión, por tanto, no es solo la edad de quienes viven en un barrio, sino la capacidad que tenga para atraer nuevos residentes y mantener una mezcla generacional.

Pero ese relevo depende, en gran medida, del acceso a la vivienda. El investigador advierte de que algunas zonas de Córdoba están envejeciendo porque los jóvenes no pueden acceder a vivir en ellas. Por eso defiende que las ciudades deben favorecer la diversidad residencial. "No es bueno que un barrio ofrezca solo viviendas de un determinado nivel económico, tiene que haber diversidad para que distintas generaciones y perfiles puedan convivir". Esa mezcla, sostiene, es la que permite que los barrios mantengan su vitalidad.

Un comercio en plena transformación

La evolución del Zoco también se percibe en su actividad comercial. Durante décadas, el barrio construyó una identidad comercial propia con negocios que se convirtieron en parte de la vida cotidiana de sus vecinos. Algunos establecimientos han logrado sobrevivir al paso del tiempo y continúan siendo referentes para varias generaciones, como el bar La sartén de la abuela, la Peluquería Raso, el Moriles o la Flor de Levante, comercios que representan la memoria de un barrio que creció alrededor de la relación directa entre comerciantes y clientes.

Sin embargo, esa red comercial convive hoy con un escenario mucho más complejo. El centro comercial Zoco, que durante años fue uno de los principales polos de actividad de Córdoba y punto de encuentro de ese barrio, también ha vivido una transformación profunda. El cierre de los cines supuso uno de los momentos más simbólicos de ese cambio, al desaparecer uno de los grandes reclamos de ocio que durante décadas atrajo a vecinos de toda la ciudad. No obstante, el centro comercial continúa abierto y actualmente la empresa gestora trabaja en una estrategia de redinamización para adaptar el espacio a las nuevas formas de consumo, con una apuesta más vinculada a los servicios, la restauración y nuevas experiencias de ocio.

Córdoba. Barrio del Zoco Córdoba, barrios envejeciendo. Vecinos del Zoco

Centro comercial Zoco. / Manuel Murillo

A ello se sumó la desaparición progresiva de algunos comercios tradicionales y, para Ramírez Troyano, esta situación responde a una crisis generalizada del pequeño comercio y de los modelos tradicionales de consumo. "Primero fue la llegada de las grandes superficies y ahora la venta por internet, por lo que han cambiado completamente las pautas de consumo de la gente", afirma.

El comercio de venta directa ha perdido peso, mientras ganan espacio los servicios personales, como gimnasios, clínicas, peluquerías o centros de fisioterapia, actividades que siguen necesitando la presencia física del cliente. La consecuencia es visible en numerosos barrios: locales vacíos, negocios que abren y cierran en poco tiempo y dificultades para encontrar nuevos usos para espacios comerciales tradicionales.

Aunque reconoce que se trata de un fenómeno generalizado, considera que la situación de los locales puede servir como indicador del estado de salud de un barrio. "Si se ve mucha rotación en los locales o muchos establecimientos cerrados, eso indica que hay cuestiones que no están funcionando bien, ya sea que no resulte atractivo o que la accesibilidad no sea la adecuada".

La ciudad de proximidad frente al barrio residencial

Más allá de la edad de los vecinos o de la situación comercial, Ramírez Troyano sitúa el futuro de los barrios en su capacidad para ofrecer una vida cotidiana completa. Su apuesta pasa por recuperar el modelo tradicional de ciudad mediterránea, basado en la mezcla de usos: vivienda, comercio, servicios, ocio y espacios de encuentro deben convivir para evitar barrios exclusivamente residenciales.

El investigador critica un modelo de crecimiento urbano basado en zonas donde los vecinos dependen del coche para realizar sus actividades diarias porque "viven desconectados de su entorno inmediato". Ese modelo, considera, afecta también a las relaciones sociales porque "no somos máquinas de consumir, no se trata solo de tener una vivienda y una buena avenida para ir al centro comercial". Así, disponer de comercios, plazas, equipamientos y lugares donde relacionarse hace que los barrios sean más atractivos para nuevas generaciones.

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