Acción social
Adiós a la calle: Prolibertas reinserta en cuatro años a 41 personas en grave exclusión social en Córdoba
La iniciativa, financiada por la Junta de Andalucía, ofrece alojamiento y acompañamiento para la inserción sociolaboral de varones en situación de calle o en riesgo de estarlo

Manuel Murillo
Hace cinco años que la Fundación Prolibertas puso en marcha en Córdoba el programa Con-Vivienda, un modelo de intervención social que utiliza la metodología housing-led. La actuación pivota en torno al acceso a la vivienda como primer paso para procurar la inserción sociolaboral de personas vulnerables que están al borde de la pernocta en calle o que se encuentran ya en situación de sinhogarismo. Este programa cierra, de algún modo, el círculo de las acciones que desarrolla la Fundación Prolibertas en Córdoba a través del comedor social trinitario y su centro de día, al contar con un recurso de alojamiento.
En el año 2022, la fundación puso en marcha el programa con una sola vivienda de tres plazas, que sirvió como rodaje y permitió a la entidad trabajar con cuatro personas. En 2023, gracias al éxito obtenido, el proyecto se amplió con una vivienda más y, desde entonces, la entidad ha podido, con dos pisos, atender a 48 personas, de las cuales 41 han conseguido completar el itinerario hacia su autonomía personal y salir de los pisos con trabajo y una vivienda de alquiler propia. "Lo primero que hacemos es un plan de ahorro que les permita aprovechar el programa, trabajamos por la desinstitucionalización de todos ellos, queremos que sean independientes y autónomos".

Pablo Arenas entra en uno de los pisos de 'Con-Vivienda'. / Manuel Murillo
Según explica Pablo Arenas, responsable del programa, Con-Vivienda «se basa en la cesión temporal de un alojamiento compartido, con habitaciones individualizadas, y acompañamiento socioeducativo». Cuando se incorpora un usuario, se elabora un itinerario personalizado de inserción que se pacta con el educador social por un tiempo concreto. «La estabilidad que supone para estas personas contar con una vivienda de cuyos gastos no se tienen que preocupar durante unos meses hace que puedan centrarse en la búsqueda de empleo y en ahorrar. Eso mejora su autoestima, les permite adquirir hábitos saludables, acceder a cursos de formación que no se pueden permitir cuando la prioridad es la supervivencia y culminar el proceso con contratos de trabajo y con relaciones afectivas y sociales normalizadas», explica Arenas.
El perfil de las personas que han pasado por este programa, dirigido específicamente a los varones, que son mayoría entre las personas en situación de calle, es muy variado. «Con-Vivienda está orientado a personas que son usuarias del comedor social y del centro de día Casa Libertad de Prolibertas, así como de otros recursos sociales de la ciudad», explica. «Además de garantizarles un techo de forma gratuita, la alimentación, la ropa y los productos de aseo corren a cuenta del programa, que está financiado por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía». También se les proporcionan prestaciones económicas puntuales para necesidades básicas, como el bonobús, y otras relacionadas con la mejora de la formación o la gestión de documentación.

Ossama hace la cama en su habitación del piso que comparte con otros dos compañeros. / Manuel Murillo
Un impulso hacia la autonomía
Según Pablo Arenas, el hecho de contar con una vivienda les da tranquilidad, «lo que no significa que se relajen», asegura. «Lo que vemos es que tienen mucha prisa por salir adelante y valerse por sí mismos cuanto antes». Solo en el primer trimestre de 2026, por las seis plazas disponibles han pasado ya diez personas, cuatro de las cuales han cumplido su objetivo. El tiempo de estancia depende de cada caso. En principio, ingresan para estar tres meses, con la posibilidad de renovación hasta completar el itinerario. El responsable del programa recalca que «intentamos que salgan de aquí cuando estamos seguros de que tienen todas las herramientas necesarias para vivir de forma autónoma, porque lo que no queremos es que vuelvan a caer en la exclusión».
Muchos de los que pasan por Con-Vivienda mantienen el contacto con el personal técnico o con la fundación. Además, desde hace dos años, cuando las personas salen de los pisos, Prolibertas realiza un seguimiento trimestral y, hasta la fecha, «los casos de éxito que representan el 85% del total, se mantienen en el tiempo». Un 15 % de las personas que han participado en el programa no han cumplido los objetivos. «Normalmente, se debe a que presentaban alguna adicción que no habían declarado al entrar». Pablo Arenas señala que «la existencia de un problema de salud mental o una adicción no impide participar en el programa, pero debe estar diagnosticada y existir un tratamiento y un abordaje terapéutico para que los resultados sean óptimos». Cuando no es así, «ellos mismos se acaban yendo».
Convivencia y ocio compartido
Dentro de los pisos hay una serie de normas de convivencia y cuadrantes para ordenar los turnos de limpieza. «De momento, no hemos tenido conflictos internos en los pisos; el ambiente es muy bueno», asegura Arenas, quien aclara que muchos de los usuarios han recibido formación sobre cuestiones relacionadas con la cocina, la limpieza, la higiene o la gestión de la lista de la compra. También tienen la oportunidad de participar en actividades de ocio, como salidas a la piscina o a la playa, donde estrechan lazos con otros compañeros, algo que es muy importante en un colectivo que se caracteriza por no poseer vínculos familiares en su entorno, ya sea porque la familia está lejos, en el caso de los extranjeros, o porque la red familiar se ha roto, en el caso de los españoles.

Abdelwahab friega los platos en el piso de 'Con-Vivienda' que comparte con otros compañeros. / Manuel Murillo
Para entrar en el programa, el abanico de edad es muy amplio. Desde que se puso en marcha hace cuatro años, Prolibertas ha sacado de la calle a muchos jóvenes: un 25 % de los usuarios tiene entre 18 y 35 años; también a hombres de mediana edad, ya que un 30 y pico por ciento tiene entre 35 y 45 años, y algo más del 40 % es mayor de 45. En cuanto a la nacionalidad, hasta ahora han pasado por los pisos un 50 % de españoles y un 50 % de extranjeros.
«La condición es que sean mayores de edad y menores de 65 años, porque una de las prioridades es trabajar con ellos la inserción laboral. La idea es incorporarlos al mercado laboral para que tengan una nómina y un trabajo retribuido con el que ahorrar y procurarse una vida estable. Hemos tenido algún caso de una persona mayor de 65 años que estaba durmiendo en la calle y que realizó una estancia puntual hasta el ingreso en una residencia», apunta Pablo. «También ha servido para dar alojamiento temporal a una persona diabética que ha requerido una intervención quirúrgica para la amputación de un miembro, porque el postoperatorio en situación de calle conlleva un alto riesgo».
Para conseguirlo, la fundación imparte cursos enfocados a los sectores con más demanda de empleo, sobre todo para trabajar en el sector servicios. «Muchas personas inmigrantes tienen conocimientos y experiencia en sus países en temas de albañilería, carpintería, fontanería, pintura y otros oficios y, con la titulación correspondiente, tienen muchas salidas laborales», señala Pablo Arenas.
En uno de los pisos, viven Ossama y Abdelawahab, de 27 y 29 años respectivamente. Llegaron hace unos meses a España en patera desde Argelia después de pasar dos años trabajando para ahorrar lo que vale el viaje. "El sueldo en Argelia son unos 100 euros y el pasaje costó 3.000 euros", recuerdan. Ambos están en proceso de regularización de sus papeles y tras pasar un tiempo viviendo en la calle entraron en el programa. Ossama tiene experiencia en la construcción y su objetivo es trabajar como albañil o pintor en cuanto sea posible. Abdelwahab ha sido panadero en su país y quisiera retomar esta actividad en España.
En el salón del piso en el que viven hay una estampa del Cristo de Gracia. Según explican, la hermandad del Esparraguero es la que sufraga los gastos en algunas actividades de ocio y les hace partícipes a través del grupo de Juventud de los encuentros que organiza durante la Feria, en la Cruz de Mayo o Navidad.
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