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Reportaje

"Veía que mi casa se quemaba": los vecinos de la carretera del Aeropuerto relatan el terror vivido durante el incendio

La intervención de los bomberos y el cambio de viento provocaron el avance de las llamas hacia las viviendas, obligando a la evacuación de varios vecinos en medio del terror y la angustia

Delia, afectada por el incendio en la carretera del Aeropuerto.

Víctor Castro

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

"Veía que mi casa se quemaba y dije: 'Yo me muero aquí'. Me han tenido que sacar a rastras". Es el testimonio de Delia Martínez, una de las siete vecinas de la calle Campanillas que ha tenido que ser desalojada por el incendio de pastos que este miércoles ha puesto en vilo a esta urbanización, situada junto a la carretera del Aeropuerto. El fuego se ha quedado a escasos tres metros de su vivienda y ahora contempla la zona afectada debatiéndose entre la entereza y las ganas de derrumbarse.

El incendio se declaró sobre las 13.30 horas de este miércoles en el kilómetro dos de la N-437, la carretera del Aeropuerto, a la altura de la gasolinera BP. Los bomberos se desplazaron para sofocar el fuego de pastos que, tras una primera intervención, se reavivó una hora después. Un cambio en la dirección del viento hizo que las llamas cruzaran las vías del tren y avanzaran a gran velocidad hacia las viviendas. El Infoca tuvo que desplegar medios aéreos en la zona.

Desalojada a rastras de su casa

En ese momento, Delia, cuya casa es la última de la calle, estaba tumbada debido a un fuerte episodio de dolor provocado por la fibromialgia que padece. "Empecé a oír mucho ruido", recuerda. Se asomó a la ventana y vio cómo las llamas se aproximaban rápidamente a su vivienda. Lejos de quedarse paralizada, cogió una manguera y comenzó a regar un cortafuegos que había preparado a unos tres metros de la verja porque, explica, "los incendios aquí son constantes, pero nada parecido a esto". Cree que esa franja húmeda fue decisiva para evitar que el trabajo de toda una vida acabara reducido a cenizas.

Delia Martínez muestra la zona afectada por el incendio, a escasos metros de su casa.

Delia Martínez muestra la zona afectada por el incendio, a escasos metros de su casa. / Víctor Castro

Pocos minutos después, las autoridades llegaron a su casa y le ordenaron desalojarla. Fruto de la desesperación, la rabia y la impotencia, Delia asegura que se tiró al suelo. "Me agarré a todo lo que pude", relata. Tuvieron que sacarla entre varias personas. "Veía que mi casa se quemaba y les dije: 'Yo me muero aquí. Soy libre de morirme en mi casa'", afirma a punto de romper a llorar, con la mirada fija en la superficie calcinada. Tras tres angustiosas horas fuera de su vivienda, durante las que asegura haber sentido "mucha impotencia", intenta recuperarse del susto mientras acaricia a sus perros y da vueltas sin rumbo por la calle.

"No he pasado más miedo en mi vida"

Su vecino Luis Atalaya también tuvo que ser desalojado y admite que lo pasó "muy, muy mal" porque temía que "el fuego entrara en las casas". En su caso, primero escuchó "unos estallidos" y vio cómo el incendio se reavivaba al otro lado de la vía. Sin embargo, el viento cambió de dirección y "venía hacia nosotros a gran velocidad". Fue entonces cuando tuvo que abandonar su vivienda y permanecer en mitad de la calle observando, impotente, el trabajo de los bomberos y del Infoca. "No he pasado más miedo en mi vida. Ha sido terrorífico", relata todavía conmocionado. Luis aprovecha para denunciar el estado de abandono de la zona. "Sabíamos que esto iba a pasar", lamenta.

Gran incendio en la carretera del Aeropuerto

Víctor Castro

Los incendios, una constante en la zona

La misma opinión comparte Cristina Dugo, que evitó el desalojo por apenas unos metros. "Todos los años hay cinco o seis incendios, pero este ya se ha ido de madre", afirma visiblemente enfadada. Entre las posibles causas señala el abandono del entorno, la presencia de colillas e incluso no descarta que algún chispazo procedente de las vías del tren pudiera haber originado el fuego. Cristina recuerda la impotencia de comprobar cómo los bomberos "actuaban en el otro lado mientras las llamas venían hacia las casas". A pesar del miedo, permaneció junto a Delia para tratar de calmarla. "Oíamos los gritos de angustia. Ha sido horrible", resume.

Álvaro Redondo, vecino de la tercera vivienda situada en la línea de avance del incendio, se mudó a la zona el pasado mes de enero. El fuego le sorprendió mientras comía en casa de su hermano, situada al principio de la calle. Aunque confiaba en que las llamas no alcanzarían su vivienda, reconoce que también pasó auténtico terror porque "las palmeras estaban ardiendo y podían caer sobre nuestro tejado". "No habíamos imaginado que esto pudiera pasar. Ves que te puedes quedar sin nada de un momento a otro", afirma.

Paralelamente, efectivos de Bomberos continuaban a última hora de la tarde vigilando la zona para evitar una posible reactivación del incendio, que a media tarde se dio por extinguido tras quemar 4 hectáreas, mientras los vecinos intentan recuperarse de una jornada en la que estuvieron a punto de perderlo todo.

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