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Reportaje

La naturalización de las fuentes ornamentales de Córdoba, un aliado contra el calor y los mosquitos

Imgema y Emacsa han convertido más de 30 fuentes ornamentales en ecosistemas vivos sustituyendo el agua clorada por vegetación acuática como juncos, nenúfares y otras especies en un proyecto pionero que está siendo ejemplo para otras ciudades

Trabajos de naturalización del estanque de los Jardines Elena Fortún.

Trabajos de naturalización del estanque de los Jardines Elena Fortún. / Víctor Castro

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Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Hace tiempo que las fuentes ornamentales de Córdoba dejaron de ser un objeto decorativo llamado a convertirse en verano en el hogar ideal de los mosquitos, atraídos por el agua estancada, para convertirse en espacios llenos de flora y fauna diversa que no solo reducen el gasto de mantenimiento de las fuentes, al eliminar el cloro y su coste, sino que contribuyen a aplacar el calor y controlar las plagas de mosquitos de forma natural. De las 193 fuentes ornamentales que tiene la ciudad, más de 30 han sido naturalizadas dentro del proyecto Del cloro a la biodiversidad.

Gráfico de fuentes naturalizadas en Córdoba.

Gráfico de fuentes naturalizadas en Córdoba. / CÓRDOBA

Lo que empezó como un experimento en el Ingema-Real Jardín Botánico de Córdoba, ha saltado a las fuentes de la ciudad en coordinación con la empresa de aguas Emacsa, con resultados muy halagüeños que están atrayendo la atención de otros municipios, según ha informado el presidente de Emacsa y del Imgema, Daniel García Ibarrola.

Fuentes como la de la plaza de Santa Teresa, en el Campo de la Verdad, la de Colón, los Jardines de Elena Fortún o el Jardín de los Poetas son ejemplos de esos estanques ecológicos, que también se encuentran en el Palacio de Orive, en el Rectorado o en el Parque del Flamenco, según la información facilitada por el Imgema.

Trabajos de naturalización en el estanque del Jardín de los Poetas.

Trabajos de naturalización en el estanque del Jardín de los Poetas. / CÓRDOBA

Esos nuevos espacios de biodiversidad se han integrado en el paisaje tras sustituir su sistema hidráulico tradicional por otro pionero sin químicos. En su lugar, el agua se adereza con plantas acuáticas como nenúfares, juncos, lirios, sustratos naturales divididos en distintos niveles y fauna autóctona beneficiosa, como libélulas o efímeras que mantienen a raya a los mosquitos. El agua y la vegetación generan microclimas que ayudan a reducir la temperatura y combaten el efecto de isla de calor de la ciudad, algo que en Córdoba nunca estará de más.

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