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Salud

La advertencia de un reumatólogo a los pacientes este verano: “Suspender la medicación puede desencadenar un brote”

El Hospital Quirónsalud Córdoba recuerda que el calor, los viajes y los cambios de rutina pueden agravar enfermedades reumáticas si no se toman precauciones básicas

El doctor Manuel Romero, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Córdoba

El doctor Manuel Romero, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Córdoba / CÓRDOBA

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El verano no tiene por qué ser una mala época para las personas con enfermedades reumáticas. Al contrario: más luz, más tiempo al aire libre, posibilidad de caminar, nadar o descansar pueden ayudar al bienestar general. Sin embargo, las altas temperaturas, los cambios de rutina, los viajes y el abandono de algunos hábitos también pueden pasar factura si no se toman precauciones.

Así lo advierte el doctor Manuel Romero, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Córdoba, que recuerda que las enfermedades reumáticas no se limitan a los huesos o las articulaciones. “No afectan únicamente a los huesos y las articulaciones, sino que también pueden comprometer otros órganos como la piel, los ojos, los pulmones, los riñones o los vasos sanguíneos, por lo que en verano es importante cuidar la salud de una manera integral”, explica.

Cuidado con la exposición al sol

Uno de los principales factores de riesgo en estos meses es la exposición solar. En determinadas enfermedades autoinmunes, como el lupus, la dermatomiositis o algunas vasculitis, tomar el sol sin control puede favorecer brotes o lesiones cutáneas. Por eso, el especialista recomienda evitar las horas centrales del día, utilizar fotoprotección alta y protegerse con sombrero, gafas de sol y ropa ligera que cubra la piel cuando sea necesario.

La hidratación es otro punto clave para estos pacientes. Con el calor, la pérdida de líquidos puede aumentar la sensación de cansancio y agravar algunos síntomas. En pacientes con síndrome de Sjögren, además, puede intensificarse la sequedad de ojos y boca, mientras que una hidratación insuficiente puede favorecer las crisis de gota. La recomendación es sencilla: beber agua de forma regular, incluso aunque no se tenga sensación de sed.

Cambios en las rutinas de ejercicio

El ejercicio también debe adaptarse al verano. Caminar, nadar o realizar actividad física moderada puede ser beneficioso para personas con artrosis, artritis, espondilitis o fibromialgia, siempre que se eviten los esfuerzos intensos o repentinos. En este sentido, el doctor Romero destaca que “los ejercicios realizados en el agua resultan especialmente beneficiosos, ya que permiten mejorar la movilidad con menor impacto sobre las articulaciones”.

Los desplazamientos de vacaciones requieren igualmente planificación, puesto que los viajes prolongados en coche, tren o avión pueden aumentar la rigidez y el dolor en personas con enfermedades reumáticas. Por ello, conviene levantarse de forma periódica, caminar unos minutos y mover las piernas durante el trayecto. En el caso de pacientes que reciben tratamientos biológicos o medicación que necesita refrigeración, es importante prever con antelación cómo se van a transportar y conservar los fármacos.

Mantener la constancia en la medicación

Uno de los errores más frecuentes durante las vacaciones es dejar la medicación por cuenta propia al encontrarse mejor. El especialista insiste en que no debe hacerse: “Es relativamente frecuente que algunos pacientes, al encontrarse mejor, decidan suspender la medicación por su cuenta, pero esto puede desencadenar un brote de la enfermedad y provocar complicaciones evitables”.

Además, algunos tratamientos reumatológicos pueden modificar las defensas del organismo, por lo que, especialmente en viajes al extranjero, conviene extremar las medidas de higiene, tener al día las vacunas recomendadas y consultar previamente con el especialista si el destino requiere alguna precaución añadida.

El doctor Romero también recomienda no minimizar señales de alarma durante el verano. Un dolor ocular intenso, ojo rojo, visión borrosa, fiebre persistente, dificultad respiratoria, hinchazón importante de una pierna o aparición de nuevas lesiones cutáneas son síntomas que deben ser valorados por un profesional sanitario.

“Las personas con enfermedades reumáticas pueden disfrutar plenamente del verano, viajar, hacer ejercicio y mantener una vida activa. La clave está en hacerlo con sentido común, siguiendo unas pautas sencillas de autocuidado y sin descuidar el seguimiento de la enfermedad”, concluye el especialista.

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