GASTRONOMÍA
Salmorejo, gazpacho y mazamorra: la cocina fría de Córdoba para sobrevivir a la ola de calor
Tres platos, una ciudad y una forma muy cordobesa de sentarse a la mesa cuando el termómetro no da tregua

María Roso
Cuando el calor aprieta en Córdoba, la cocina cambia de ritmo. Se dice adiós a los guisos, al 'cuchareo', se aligeran las comidas y en la nevera ganan protagonismo las frutas, verduras y los ingredientes básicos para tener listo un gazpacho en cinco minutos. En una ciudad acostumbrada a convivir con tardes por encima de los 40 grados y noches tropicales en las que el calor no se termina de ir, hay tres recetas que funcionan casi como un refugio: el salmorejo, el gazpacho y la mazamorra.
Son fríos, sencillos, profundamente mediterráneos y mucho más distintos entre sí de lo que a veces se piensa. Los tres comparten algo esencial: nacen de la cocina popular, del aprovechamiento del pan, del aceite de oliva virgen extra y de los productos de cercanía y temporada. Pero cada uno tiene su carácter, su textura y su momento del día.
El salmorejo es Córdoba en plato hondo, el gazpacho es la bebida fresca de la huerta andaluza, y la mazamorra, más antigua y menos conocida por el visitante, es la memoria blanca de una cocina anterior a la llegada del tomate.
El salmorejo: el rey frío de Córdoba
El salmorejo en Córdoba no es solo una receta, es una identidad. Pues el salmorejo no es salmorejo, es salmorejo cordobés. Su versión más reconocible se elabora con tomate maduro, pan, aceite de oliva virgen extra, ajo y sal. Después, ya en el plato, llegan los clásicos: huevo duro picado, jamón serrano y un hilo de aceite.
La clave del buen está en la textura y en esta interviene un elemento esencial, autóctono, como es el pan de telera. El salmorejo no debe quedar líquido, sino denso, fino y cremoso. Es lo que le diferencia, en parte del gazpacho, pues se come con cuchara. Mientras el gazpacho busca ligereza, el salmorejo busca cuerpo. Por eso admite mejor una tapa, una media ración o un primer plato contundente, especialmente si se acompaña con jamón y huevo.

Plato de salmorejo / CÓRDOBA
Aunque hoy parezca inseparable del tomate, su historia se entiende mejor como una evolución de las cremas frías de pan, ajo, aceite y sal. El tomate llegó después, cuando se incorporó plenamente a la cocina popular española tras su llegada de América. La receta actual es, por tanto, una simbiosis perfecta entre la base humilde del pan y el color rojo de la huerta.
Receta básica de salmorejo cordobés
Para cuatro personas: un kilo de tomates maduros, unos 200 gramos de pan de miga compacta (mejor de telera), 100 mililitros de aceite de oliva virgen extra, medio diente de ajo —o uno entero, si se busca más intensidad— y sal.
Se tritura primero el tomate, se incorpora el pan para que absorba el jugo, se añade el ajo y la sal, y se emulsiona con el aceite hasta lograr una crema espesa y brillante. Y después, a la nevera para servirlo frío.

Calle del Salmorejo Cordobés. / Córdoba
El gazpacho: la huerta hecha vaso
El gazpacho andaluz es otra cosa. También puede llevar pan, tomate, ajo, aceite y sal, pero suma pepino, pimiento, vinagre y agua. Su vocación es más ligera y refrescante. En Córdoba, como en buena parte de Andalucía, funciona como entrante, merienda salada o bebida de nevera para recuperar el cuerpo después de una mañana de calor.
Su historia está ligada a la cocina campesina y al aprovechamiento de los productos de temporada. Antes del tomate, ya existían sopas frías elaboradas con pan, ajo, aceite, vinagre y agua. Con el tiempo, el gazpacho se convirtió en una de las fórmulas más eficaces para hidratarse y comer verduras en verano sin encender el fuego.
La diferencia con el salmorejo es clara: el gazpacho es más líquido, más ácido, más vegetal y más bebible. Puede servirse en vaso, en jarra o en cuenco con guarnición de verduras picadas. En días de calor fuerte, es casi una bebida isotónica de la cocina tradicional.

El gazpacho, la bebida del verano con raíz andaluza / CÓRDOBA
Receta básica de gazpacho andaluz
Para cuatro personas: un kilo de tomate maduro, un pimiento verde, medio pepino, un trozo pequeño de cebolla, un diente de ajo, pan —opcional y en poca cantidad—, aceite de oliva virgen extra, vinagre, sal y agua fría.
Se tritura todo, se ajusta de sal y vinagre, se cuela si se quiere más fino y se enfría varias horas.
La mazamorra: la abuela blanca del salmorejo
La mazamorra cordobesa es quizá el plato más sorprendente de esta ruta gastronómica fría. Para quien no lo haya probado, puede recordar al ajoblanco, pero con una textura más densa y una personalidad propia. Se elabora con almendras, pan, ajo, aceite de oliva virgen extra, sal y, según la receta, un toque de vinagre.
Es una crema blanca, suave y poderosa, que mira hacia la cocina andalusí y hacia las elaboraciones anteriores al uso generalizado del tomate. Por eso suele presentarse como una antecesora del salmorejo: una crema fría de pan y aceite a la que el tomate aún no había llegado.
En Córdoba ha vivido una segunda juventud gracias a tabernas y restaurantes que la han recuperado como entrante veraniego. Se sirve a menudo con uvas, manzana, pasas, almendras tostadas, mojama o incluso con sardina ahumada, según la casa. Es menos refrescante que el gazpacho, pero más elegante y envolvente.

Mazamorra de melocotón con coulis de mango, curry y atun rojo ahumado de La Montillana. / La Montillana
Receta básica de mazamorra cordobesa
Para cuatro personas: 200 gramos de almendra cruda pelada, 150 gramos de pan asentado, un diente de ajo pequeño, aceite de oliva virgen extra, sal, agua fría y un toque de vinagre.
Se remoja el pan, se tritura con las almendras, el ajo, la sal y el agua, y se emulsiona con el aceite hasta conseguir una crema fina y espesa. La guarnición marca el carácter: uvas para una versión fresca, mojama para una más salina, o almendra tostada para reforzar el sabor.
Dónde probarlos en Córdoba: una ruta fría para el verano
La ruta puede empezar en el casco histórico, donde el salmorejo aparece en cartas de tabernas tradicionales y restaurantes de cocina cordobesa. En la Judería y sus alrededores, muchos bares lo sirven como primera toma de contacto con la ciudad: una ración fría, directa y reconocible, perfecta antes de seguir hacia la Mezquita-Catedral o la Ribera. En tabernas históricas y casas de cocina tradicional, el salmorejo suele convivir con flamenquín, berenjenas con miel, rabo de toro y ensaladilla.
El gazpacho, aunque menos solemne en carta, aparece como entrante de verano, bebida de menú o sugerencia del día. Merece la pena buscarlo en restaurantes con cocina de temporada, terrazas con servicio nocturno y casas donde trabajen bien el producto de huerta.
La mazamorra buscar un poco más, ya que no está en todas las cartas. Suele encontrarse en tabernas y restaurantes que cuidan la cocina cordobesa con un punto de actualización. Es el plato que más sorprende al visitante.
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