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Reportaje

El verano de las personas sin hogar en Córdoba: "Cuando salimos de la piscina, solo nos queda refrescarnos en las fuentes"

La Fundación Prolibertas organiza dos salidas semanales a la piscina de la Fuensanta para diez personas sin hogar, una actividad que les permite combatir el calor y que fomenta la socialización, la convivencia

Día de piscina de usuarios del comedor social trinitario de la Fundación Prolibertas

Día de piscina de usuarios del comedor social trinitario de la Fundación Prolibertas / C. TOCADOS

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Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Vivir en la calle es siempre un acto de resistencia que exige cierta dosis de heroicidad. En una ciudad como Córdoba, a los esfuerzos por la supervivencia habituales, se añade en verano el calor, que este año lleva días poniendo a prueba a la población con máximas de más de 40 grados. Quienes no tienen un techo bajo el que resguardarse son usuarios habituales del comedor trinitario que gestiona la Fundación Prolibertas y que un año más, organiza salidas a la piscina de la Fuensanta dos días a la semana gracias a un convenio con el Instituto Municipal de Deportes. Antes de entrar, todos reciben el kit de verano: una botella de agua reutilizable, una gorra y un protector solar.

Material repartido en los kits de verano por la Fundación Prolibertas.

Material repartido en los kits de verano por la Fundación Prolibertas. / CÓRDOBA

Según el acuerdo, pueden ir a bañarse cada vez diez personas de 15 a 18 horas. Lucía Fernández, integradora social de la entidad, acompañó al grupo en su primer chapuzón. Cuenta que eligen a las personas que están dispuestas a cumplir ciertas normas y que no sean conflictivas. Básicamente, tienen que entrar todos juntos y salir a la vez, llevan merienda así que no pueden ir a la cafetería para que no haya distingos y luego, las normas de la propia piscina para cualquier usuario. "Este rato que estamos aquí no solo sirve para que se refresquen, también es una forma de socializar, un momento en el que pueden charlar sobre las cosas que les pasa en su día a día y de las que normalmente no hablan".

Día de piscina de usuarios del comedor social trinitario de la Fundación Prolibertas

Día de piscina de usuarios del comedor social trinitario de la Fundación Prolibertas. / C. TOCADOS

Entre los asistentes, se encuentra Iván, que lleva tres semanas en Córdoba y está durmiendo en la calle. "Yo soy de Valencia, pero mi madre era de Córdoba, tenía mi trabajo allí, pero lo perdí, decidí venirme y ahora estoy en la calle, no tengo dónde vivir". Según cuenta, tiene más de veinte años de experiencia en temas de logística, albaranes, carretillero y ahora está buscando trabajo, "pero mientras me sale no tengo ingresos para pagar un alquiler y no hay sitio en las casas de acogida, está todo lleno". Duerme en los bajos de un bloque. "Lo dejo todo limpio y recogido para que los vecinos no se quejen".

Día de piscina de usuarios del comedor social trinitario de la Fundación Prolibertas

Día de piscina de usuarios del comedor social trinitario de la Fundación Prolibertas / C. TOCADOS / COR

Antes de venir a Córdoba, no imaginaba que el calor del verano sería tan intenso. "Había oído hablar, pero no pensé que fuera para tanto, esto es muy duro, si lo hubiera sabido igual me quedo en Valencia", confiesa. El día de piscina supone para él, como para el resto, un alivio, un oasis en medio de días desérticos. "En la calle se pasa mal, no descansas porque hay mala gente, tienes que estar pendiente", confiesa, "cuando salimos de la piscina, solo nos quedan las fuentes para refrescarnos". Entiende que no es una visión agradable, "pero es lo que hay y la gente entiende que hace calor y que los que estamos en la calle también tenemos que combatirlo como sea así que no nos dicen nada".

A su lado, hay tres jóvenes alojados temporalmente en uno de los pisos del programa Convivenda que gestiona la Fundación Prolibertas, Abdellah, Abdelwahab y Oussama. Según Lucía, para acceder a estos pisos se tiene en cuenta el comportamiento y la predisposición de los usuarios para integrarse y prosperar. Uno de ellos lleva siete meses y los otros dos, un mes y medio. Antes de eso, estuvieron mucho tiempo en la calle y han sido usuarios del comedor trinitario. Abdellah tiene formación para hostelería, pero no puede trabajar porque todavía no tiene los papeles. "El empadronamiento va muy lento y sin eso no puedo tener mis papeles, si estuviera regulado ya estaría trabajando". A su lado, se sienta Juluk, argelino. Apenas habla español y lleva cuatro años en Córdoba durmiendo en la calle.

Tres días a la semana, lunes, miércoles y viernes, tienen opción de ducha en el comedor. "Entre 20 y 25 personas vienen a ducharse cada día", explica Lucía. "Está bien, además te dan una muda limpia", apunta Iván. A las 18 horas, todos deben abandonar la piscina. "Es una hora mala para salir, pero al menos nos vamos frescos", comenta Iván. La Casa Libertad cierra también a las seis de la tarde así que "de aquí, cada uno se va donde puede, en busca de sombra, hay que resguardarse como sea, las tardes son largas y las noches todavía más".

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