Urbanismo
¿Quién le pone nombre a los nuevos barrios de Córdoba?
El inicio de las obras de Ciudad Jardín de Poniente 2 plantea el debate sobre cómo nacen los nombres de las nuevas zonas de expansión y cómo la ciudad acaba haciéndolos suyos

Una animada terraza en el barrio del Nuevo Zoco también llamado Nuevo Poniente. / A.J. GONZÁLEZ

Esta semana se ha empezado a construir un nuevo barrio en Córdoba que, de momento, se llama Ciudad Jardín de Poniente. Es un nombre manifiestamente repetido en el nomenclátor de la ciudad, donde hay desde los años 30 del siglo XX una barriada con el mismo nombre de Ciudad Jardín (que, por cierto, tampoco es una ciudad jardín en términos urbanísticos). Parece entonces lógico preguntarse si no había otro nombre mejor, o incluso pertinente saber quién le pone nombre a los barrios, que son, a fin de cuentas, la manera en que contamos Córdoba («¿tú de qué barrio eres?»). Entiéndase aquí barrio no solo como unidad física, sino como espacio vivido, con identidad, relaciones vecinales y memoria social.
Nombre oficial versus nombre popular
Porque en Córdoba se puede ser de Cañero o de la Electromecánica, de San Lorenzo o del Zoco, pero difícilmente se podrá ser, digo yo, de la Ciudad Jardín de Poniente 3. «El nombre oficial es ese, que es como está en el Plan General, pero luego será el pueblo el que lo nombre y de hecho la gente está empezando a conocer esta zona como Turruñuelos», comentó el alcalde, José María Bellido, al inicio de estas obras de la Ciudad Jardín de Poniente, que levantará en el área de expansión del Hipercor (tomen nota del guiño comercial de ese otro gran barrio porque no es el único en la ciudad) 1.331 nuevas viviendas.

El alcalde de Córdoba, José María Bellido, junto al presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, Miguel Ángel Torrico, informan sobre el inicio de las obras de urbanización del PP-O2 (Ciudad Jardín de Poniente 2) / Manuel Murillo / COR
'Naming' el arte de poner nombres
Es decir, el nombre es el oficial del PGOU vigente, el del 2001, pero el que prevalezca en el futuro será una conquista de los vecinos. Los modernos llaman naming al arte de ponerle nombre a las cosas. Un proceso estratégico y creativo que busca encontrar el nombre perfecto para representar la esencia y valores de una entidad, que en el caso de los barrios necesita un enfoque estratégico que vincule la historia, la geografía y la identidad social del lugar. Para crear nombres con pellizco, puede tirarse de elementos naturales (Arroyo del Moro), hitos históricos (Campo de la Verdad por la batalla del siglo XIV), o conceptos de exclusividad (Brillante).
No hay reglas fijadas
«No hay una norma que defina quién pone nombre a los barrios en Córdoba; en los crecimientos de los nuevos planes los nombres los están poniendo entre los vecinos, los comerciantes, los periodistas y se basan en cómo se llamaran las fincas que ocupan, los topónimos... Por ejemplo, oficialmente se llaman Huerta de Santa Isabel Este y Oeste, pero ya veremos cómo acaban llamándose esos barrios que están por detrás de Palmeras y Miralbaida», reflexiona Juan Andrés de Gracia, presidente del Consejo del Movimiento Ciudadano.

Barrio del Nuevo Zoco. / AJ González / COR
Otro ejemplo. «El barrio de Poniente se pasó a llamar popularmente como Zoco por la superficie comercial, y a Nuevo Poniente algunos le llaman Nuevo Zoco, a pesar de que allí no hay Zoco y que la asociación vecinal que se ha creado se llama Nuevo Poniente», añade el representante ciudadano.
Poesía y orden
Existe un reglamento de las juntas municipales que define los distritos con base en el planeamiento y estos a su vez, en los barrios,«pero estas reglas se han quedado antiguas porque el crecimiento nuevo está pendiente», explica De Gracia, que ha reclamado una reunión a la vuelta del verano para abordar esta y otras cuestiones en Urbanismo. Y, ojo, la ordenación no se hace necesaria meramente como ejercicio lingüístico, sino que además entraña necesidades de orden práctico (piensen, si no, en Correos).
Luis Valdelomar, director técnico de la Gerencia de Urbanismo, sostiene en el artículo Córdoba y sus barrios hacia el futuro: el actual planeamiento urbano, que el arraigo y la identidad cordobesa tienen mucho que ver con los barrios y sus nombres, y que estos a su vez están ligados a emociones, al imaginario colectivo. Este artículo forma parte de la colección Los barrios en la historia de la ciudad. Asumir el pasado, pensar en el futuro, construir la ciudad de mañana, coordinada por Bartolomé Valle Buenestado dentro del proyecto impulsado por la Real Academia de Córdoba para estudiar la evolución urbana de la ciudad a través de sus barrios.

Vista de Córdoba desde la torre de la iglesia de San Lorenzo. / Víctor Castro
La gran transformación de Córdoba
El libro aborda la gran transformación de Córdoba, a partir de mediados del siglo XX, cuando el crecimiento demográfico, el éxodo rural, la falta de vivienda y la presión sobre el casco histórico obligan a extender la ciudad extramuros. Hasta entonces, Córdoba seguía siendo en gran medida su ciudad histórica, en torno a las collaciones o parroquias de la Reconquista, con algunos asentamientos periféricos, huertas, instalaciones industriales, cuarteles, caminos rurales y barrios incipientes entonces como Huerta de la Reina, Las Margaritas, Valdeolleros, Zumbacón, Cañero, Fray Albino o La Electromecánica.
A partir de ahí se consolidó una corona urbana cada vez mayor, a veces formada de manera fragmentada, con barrios inconexos, bolsas de suelo vacías y una clara dependencia de los grandes planes generales de ordenación de 1958, 1986 y 2001. Toda esa expansión tiró de mayor o menor imaginación para ir poniendo nombres a los nuevos barrios que ocuparon el antiguo ruedo agrícola. Primero con lo más básico, el nombre de las antiguas huertas: Huerta de la Reina, Huerta de la Marquesa, Huerta de Santa Isabel, Huerta de San Rafael, Huerta Figueroa, Huerta de la Fuensantilla o Huerta del Naranjo.
Fábricas y promotores
También, con el nombre de las fábricas colindantes: Las Margaritas, la Electromecánica o, mucho más nuevo, El Chimeneón, un barrio construido sobre suelos de la antigua fábrica de aceite que mantuvo la chimenea como vestigio industrial, elemento que acabó dando nombre al barrio.
En honor de sus impulsores: por ejemplo, Cañero y Fray Albino; de las promotoras de las viviendas, Miralbaida, o de los dueños de los terrenos, como el Parque Figueroa.

Cañero, el barrio que parece un pueblo. / Oscar Barrionuevo
Aunque pueda parecerlo la cuestión no es menor. Si Córdoba va a seguir creciendo tendrá que decidir también cómo nombra esos nuevos espacios. Poner nombre a un barrio es más que bautizar una parte nueva del mapa. Es decidir cómo se contará esa parte de Córdoba dentro de veinte o treinta años. La Córdoba del futuro no solo habrá que construirla: habrá que seguir nombrándola.
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