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OLA DE CALOR

Por qué Córdoba arde en verano: la explicación científica a la “sartén” del Guadalquivir

La capital reúne casi todos los ingredientes posibles para el calor extremo: está en el Valle del Guadalquivir, lejos del mar, a baja altitud y con escasa ventilación efectiva

Vistas de Córdoba desde el mirador de Las Ermitas

Vistas de Córdoba desde el mirador de Las Ermitas / CÓRDOBA

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Córdoba apura las últimas horas del mes de junio y ya mira el termómetro con resignación ante el que será, si se cumple lo apuntado por las previsiones oficiales, un verano de récord en lo que a calor se refiere.

Tras varias jornadas de temperaturas extremas –con aviso rojo incluido el martes 23 de junio- y encadenando la segunda ola de calor de la temporada, Bernardo, en apenas una semana y para la que se prevé una duración de al menos once días, la capital entra de lleno en un verano que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé más cálido de lo normal en España. Así, la predicción estacional de Aemet señala una alta probabilidad de temperaturas en el tercil superior en todo el país, es decir, por encima de los valores habituales del periodo de referencia 1991-2020.

En Córdoba, esa previsión tiene una traducción muy reconocible: máximas próximas o superiores a los 40 grados durante buena parte del verano, noches tropicales en las que será difícil conciliar el sueño y una sensación persistente de calor acumulado. La pregunta se repite cada año, pero cada vez con más intensidad: ¿por qué hace tanto calor en Córdoba?

Varias chicas fotografían un termómetro que marca 48 grados en el centro de Córdoba.

Mujeres fotografían un termómetro que marca 48 grados en el centro de Córdoba. / Manuel Murillo

Córdoba, dentro de la gran “sartén” de España

La explicación empieza por la geografía. Córdoba se encuentra en el Valle del Guadalquivir, una de las zonas más calurosas de la Península y de Europa durante el verano. No es casualidad que esta depresión natural sea conocida popularmente como la “sartén de España”.

El valle actúa como un corredor bajo, amplio y protegido, donde el aire se recalienta con facilidad durante los meses estivales. A diferencia de las zonas costeras, Córdoba no cuenta con la influencia moderadora del mar; y a diferencia de las áreas de montaña, tampoco se beneficia de una altitud suficiente para suavizar las máximas.

El resultado es un cóctel muy reconocible: muchas horas de insolación, suelo seco, escasa nubosidad, viento débil en muchas jornadas y acumulación de aire cálido en capas bajas.

Si a esto se suma la orografía de la capital, situada en ‘un hoyo’, se completa la tormenta perfecta para las temperaturas sofocantes.

Imagen aérea de la Mezquita-Catedral de Córdoba.

Imagen aérea de la Mezquita-Catedral de Córdoba. / CÓRDOBA

El papel del anticiclón de las Azores

El clima cordobés es mediterráneo, pero con un marcado carácter continental en verano. Durante estos meses domina la estabilidad atmosférica asociada al anticiclón de las Azores, que favorece cielos despejados, ausencia de lluvias y largas jornadas de sol.

Ese patrón bloquea la llegada habitual de frentes atlánticos y deja a la provincia en una situación de calor persistente. El suelo pierde humedad, la vegetación se seca y la radiación solar calienta con más eficacia la superficie. Por eso, cuando llega una masa de aire cálida —por ejemplo, procedente del norte de África o del interior peninsular— las temperaturas se disparan con rapidez.

Mapa de temperaturas máximas de la Aemet

Mapa de temperaturas máximas de la Aemet / CÓRDOBA

La brisa del valle: un viento que no siempre refresca

En los valles se generan circulaciones locales de aire por las diferencias de temperatura entre el fondo del valle, las laderas y las zonas abiertas próximas. Durante el día, el calentamiento del suelo favorece movimientos de aire hacia el interior y a lo largo del eje del valle. Por la noche, el proceso se invierte parcialmente y las superficies se enfrían y el aire más frío tiende a descender.

En Córdoba, esta dinámica ayuda a explicar una de las características del verano local: la amplitud térmica. En muchas jornadas, las máximas pueden ser extremas durante la tarde, mientras que de madrugada la temperatura baja algo más que en ciudades costeras. Sin embargo, cuando el calor es muy persistente, esa ventilación nocturna resulta insuficiente y aparecen las noches tropicales o incluso tórridas, en las que descansar se convierte en una tarea complicada.

Un termómetro marca la temperatura de las calurosas noches cordobesas.

Un termómetro marca la temperatura de las calurosas noches cordobesas. / A.J. GONZALEZ

Aire atrapado e inversión térmica

Otro factor clave es la inversión térmica. En condiciones normales, la temperatura disminuye con la altura. Pero en determinadas situaciones ocurre lo contrario: una capa de aire más cálido queda por encima de otra más fresca situada cerca del suelo.

Cuando esto sucede, el aire de las capas bajas apenas se mezcla con el aire superior. En un valle, esa estructura puede favorecer la acumulación de calor, contaminación y sequedad, especialmente si domina la estabilidad atmosférica, por lo que el aire queda “encajonado” y se renueva peor.

En verano, con el suelo muy recalentado y el ambiente seco, el Valle del Guadalquivir puede comportarse como una gran cubeta térmica: absorbe calor durante el día y lo libera lentamente durante la noche.

Cambio climático: el calor de siempre, pero más intenso

Córdoba siempre ha sido una ciudad calurosa, pero el calentamiento global está intensificando los extremos. La Aemet y el Ministerio de Sanidad mantienen sistemas específicos de avisos y prevención ante altas temperaturas porque el exceso de calor no es solo una incomodidad: es un riesgo de salud pública.

El Plan Nacional de actuaciones preventivas frente al exceso de temperaturas recuerda que la prevención es esencial y que las olas de calor tienen un impacto directo en la salud, especialmente en personas mayores, menores, enfermos crónicos, trabajadores al aire libre y personas que viven solas.

Montoro encadena cuatro días de calor extremo

Montoro, en el Valle del Guadalquivir, marcó la máxima más alta de España en la jornada del 23 de junio de 2026 / CASAVI

Junio ya ha dado señales de un verano duro en Córdoba

El arranque del verano de 2026 ha venido marcado por episodios de calor muy intensos en España. A finales de junio, la Aemet confirmó registros anómalos para la época y la jornada del 23 de junio –con aviso rojo en la Campiña cordobesa- se situó entre las jornadas más cálidas registradas en un mes de junio desde 1950, dentro de una ola de calor calificada como extraordinaria.

Además, la primera semana de julio apunta a una nueva subida térmica, con máximas que podrían moverse entre 36 y 42 grados en valles del interior peninsular, según las previsiones difundidas a partir de la información de Aemet, y que en el caso de Córdoba apunta a varias jornadas, al menos once, con termómetros estancados en la marca de 40 grados o más.

Sanidad eleva el umbral de calor en Córdoba

El Ministerio de Sanidad ha actualizado su mapa de umbrales de temperatura durante las olas de calor para determinar cuándo hay riesgo para la salud. La provincia de Córdoba esté dividida en tres grandes zonas meteorológicas, las mismas que emplea la Agencia Estatal de Meteorología para lanzar sus avisos.

Tanto en la Subbética como en toda la franja central de la provincia, el umbral de temperatura ha quedado fijado en 41,3 grados; a partir de esos valores se considera que hay grave riesgo para la salud. El año pasado, ese baremo estaba casi un grado por debajo, en 40,4 grados, y era el más elevado del todo el país, una posición que ahora ostenta la campiña sevillana. Mientras, en la zona norte de la provincia ese umbral es inferior y se coloca en 38,2 grados.

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