Reportaje
La Policía sigue buscando a Paco Molina once años después de su desaparición: «En otros casos se ha logrado»
La Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta trabaja para localizar al joven cordobés once años después de su desaparición, y afirma que «no podemos permitirnos olvidarlo»

A. J. González

Paco Molina fue visto por última vez en Córdoba en los jardines de la Agricultura, o de los Patos, en la medianoche del 2 al 3 de julio de 2015. Se despidió de un amigo en la esquina con la entrada trasera de la Comandancia de la Guardia Civil. El último movimiento de su teléfono móvil se registró en torno a las 00.12 minutos y desde entonces, no se sabe nada de él. Once años más tarde, la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía Nacional continúa buscándole, una labor que realiza su sección de Desaparecidos, y mantiene «todas las hipótesis abiertas».
En declaraciones a Diario CÓRDOBA, la responsable de este trabajo precisa que «se desconoce si salió de Córdoba», a pesar de que algún testigo le situó en un autobús con dirección a Madrid. Los agentes contactaron con 50 de los 56 pasajeros que viajaban en ese vehículo y nadie recordó haberle visto. Pese a ello, han realizado gestiones con países extranjeros para comprobar si salió del país, aunque desde la UDEV detallan que «los esfuerzos, mayoritariamente, están en España».
Paco Molina tenía 16 años de edad cuando desapareció
En el marco de esta tarea, están comprobando las informaciones que continúan recibiendo. Paco tenía 16 años de edad cuando desapareció. La complejidad del caso lleva a los agentes a analizar lo ocurrido desde el origen, preguntándose «qué pudo pasar», con objeto de esclarecerlo.
Sus padres, Isidro y Rosa, y sus amigos Nuria y Blas le tienen presente en su día a día, aferrados a la esperanza y a esta labor policial.
«Nuestro grupo de trabajo se dedica a asuntos especialmente complicados. A veces tenemos éxito y otras no, aunque ha habido otros casos donde se ha conseguido localizarles. A medida que pasa el tiempo, las posibilidades de encontrarles decaen, pero no es imposible», afirman.
En cuanto al caso concreto de Paco Molina, la UDEV destaca que «no podemos permitirnos olvidarlo. Es una obligación profesional y moral». La causa continúa bajo secreto judicial, «porque hay líneas de investigación que no deben conocerse», precisa.
«Rendirse no es una opción», aseguran sus padres
Los padres del joven, Isidro Molina y Rosa Sánchez, siguen muy de cerca este trabajo policial. Para la familia, constituye «una esperanza. Si no lo han cerrado, es porque ellos piensan que podemos dar con él y eso también nos hace levantar un poquito», señala Rosa.

Rosa Sánchez e Isidro Molina sostienen el cartel de la desaparición de su hijo Paco. / A. J. González
«Muchas veces, hasta el día a día se te hace difícil, porque vas al supermercado y ves su champú o preparas la comida que a él le gustaba. Pero en mi casa se sigue hablando de él. Rendirse no es una opción. Hay que seguir», afirma. En el undécimo aniversario de su desaparición, vuelven a atender a los medios de comunicación sin importar el momento del día ni el tiempo que se les requiere.
Rosa reconoce que la situación «desgasta mucho, pero si paramos es cuando habrá desaparecido, no podemos parar». En los últimos años, han buscado a su hijo por todos los medios posibles y afirma que «la esperanza nos hace seguir para adelante». También explica que, a diferencia de lo que ocurre ante otros problemas, «a nosotros el tiempo no nos cura. Cada vez nos hace más mella y nos provoca más sufrimiento al ver que no aparece». La madre de Paco subraya que «ha sido un niño muy bueno, muy cariñoso, y todo nos extraña».
El padre cree que puede haber "cualquier circunstancia que podamos imaginarnos"
De su parte, Isidro comenta que «todas las noches me tengo que enfrentar a él. ¿Cómo estará? ¿Pensará que lo hemos olvidado? Así llevo 11 años. Tenemos la esperanza de que algún día aparezca y solo le pedimos a Dios que esté bien donde quiera que esté». El padre de este joven apunta que «su situación puede ser cualquier circunstancia que podamos imaginarnos».
Para la UDEV, continuar el trabajo «es una obligación profesional y moral»
Consultado por la investigación policial, valora que el contacto con los profesionales de la UDEV central «es bueno. Hablamos con ellos. No me pueden contar sus líneas de investigación, pero me transmiten que están trabajando. De vez en cuando, vienen a Córdoba porque tienen que hablar con la jueza, por ejemplo, para solicitar alguna autorización. El caso de Paco está sobre la mesa».
Sigue pensando que a su hijo "le ofrecieron algo, lo engañaron"
En cuanto a las posibles causas de la desaparición, mantiene que a su hijo «le ofrecieron algo, lo engañaron, porque un menor es fácil de convencer, y se volvió en su contra. Paco no es así».
A lo largo de estos años, la familia se ha movilizado para hacer visible la desaparición de Paco y de otras personas. En 2019, Isidro Molina impulsó la Asociación de Familias y Amigos de Personas Desaparecidas de Córdoba (Afadecor), de la que es presidente. El caso de su hijo ha tenido tal difusión que señala que «hay vecinos que me llaman Paco, pero no me molesta, porque sé que le tienen tan presente que les sale ese nombre».
Amigos "de toda la vida" le esperan en el barrio
También le esperan en el barrio amigos «de toda la vida» como Nuria García y Blas Jiménez. La primera oposita a orientación educativa tras estudiar Psicología y comenta que «no me parece que hayan pasado 11 años. Me encontré a Isidro y se lo decía. Al final, sigue estando presente».
«Muchas veces imagino que algún día iré a por el pan y me lo encontraré por el barrio»
Sus familias tienen amistad y son vecinos, e incluso han compartido viajes. Nuria afirma que Paco «siempre ha sido una persona muy familiar, de sus padres, de su hermano y de su abuela, por lo que me resulta incomprensible que no haya contactado con la familia». «Es muy activo y siempre quería hacer cosas. Yo nunca le escuché decir ‘me quiero ir de casa’, pero era una edad muy complicada, en la que somos más débiles y los demás pueden influir más en nosotros», reconoce.
De su parte, Blas Jiménez, militar de profesión, asegura que Paco «es un chaval como yo, muy lleno de vida». Recuerda que cuando recibió la noticia de su desaparición «no fui capaz de asimilarlo, pensé que era un bulo o una broma. Muchas veces imagino que algún día iré a por el pan y me lo encontraré por el barrio. Tenemos la esperanza de que vuelva y diga ‘estoy aquí’».
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