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Reportaje

Conventos de clausura en Córdoba: las voces detrás del hábito y las rejas

El testimonio de varias monjas, jóvenes y mayores, plantea una idea común sobre la libertad entendida como una vida que no depende de las cosas más mundanas, sino del interior

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Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

Córdoba

Hay lugares que forman parte del imaginario colectivo sin que la mayoría de la gente haya cruzado nunca sus puertas. Los conventos de clausura son uno de ellos. Durante siglos han estado rodeados de ideas recurrentes: el silencio, la renuncia, los muros cerrados y una vida de mujeres apartadas del mundo, rodeados de mitos.

El monasterio del Sagrado Corazón de Jesús de Córdoba no se levanta en una calle estrecha del casco histórico ni parece escondido entre edificios centenarios. Está rodeado de chalés, jardines y el ritmo tranquilo de El Brillante. Allí, una pequeña ventana sirve de primer contacto. Una voz bajita responde al otro lado y, poco después, una llave se desliza. Esa llave conduce al locutorio, un espacio sencillo, dividido por una reja que convierte la conversación en un encuentro entre dos formas distintas de entender la vida.

La primera idea que pone sobre la mesa puede parecer contradictoria: la libertad

Al otro lado espera sor María Dolores. Lleva años viviendo en clausura y, quizá por eso, responde con una convicción que desarma cualquier prejuicio. No intenta justificar su elección ni convencer a nadie, simplemente explica cómo entiende la vida que ha escogido. Y la primera idea que pone sobre la mesa puede resultar contradictoria: la libertad.

A.J.González Córdoba Monjas del monasterio convento de clausura de las carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús

Sor María Dolores, priora del monasterio del Sagrado Corazón de Jesús. / AJ González

Porque, si desde fuera la clausura suele verse como una limitación, ella sostiene justo lo contrario. A su juicio, la verdadera dependencia está muchas veces fuera de esas paredes. «En el mundo parece que somos libres, pero vivimos muy condicionados por el dinero, el éxito, el reconocimiento o lo que los demás piensan de nosotros. Aquí intentamos que la alegría no dependa de nada de eso», afirma.

Sor María Dolores no habla de una libertad entendida como hacer siempre lo que uno quiere, habla de no construir la felicidad sobre lo efímero. Para ella, «la alegría tiene que apoyarse en algo que no cambie». La clausura, explica, no consiste en dejar de vivir, sino en vivir desde otro lugar: desde el interior y desde la relación con Dios.

La vida contemplativa también tiene rostro joven

Esa vida contemplativa también tiene rostro joven. María Alejandra Ocampo, de 23 años, y Any Marcela Gómez, de 34, llegaron desde Colombia en 2022 para incorporarse a la comunidad. Ninguna conocía realmente la vida contemplativa antes de iniciar su camino vocacional. Las dos pertenecían al Camino Neocatecumenal y fue allí donde comenzó un proceso que terminaría llevándolas a Córdoba.

María Alejandra recuerda que durante una peregrinación sintió una llamada que no esperaba. «No encontraba sentido a mi vida. Tenía mis proyectos, mis ideales, pero sentía que había una felicidad más plena». Meses después, aceptó la posibilidad de marcharse a este monasterio de clausura.

"Tuve la certeza de encontrar lo que llevaba tanto tiempo buscando"

Any Marcela también habla de una búsqueda. Durante años sintió que no encontraba su lugar y la decisión terminó de tomar forma al escuchar el testimonio de una monja contemplativa durante una convivencia. «Le veía una alegría que yo quería para mí y ese día tuve la certeza de que había encontrado lo que llevaba tanto tiempo buscando», dice con una sensación de paz que consigue transmitir.

A.J.González Córdoba Monjas del monasterio convento de clausura de las carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús

María Alejandra y Any Marcela, las más jóvenes del convento Sagrado Corazón de Jesús. / AJ González

Las dos dejaron atrás a sus familias, sus amistades y su país. Reconocen que fue difícil, pero ninguna lo vive como una renuncia amarga. «El Señor lo vale todo», resume Any Marcela. María Alejandra asegura que incluso en las dificultades siente que ha encontrado el lugar donde debía estar. Comparten además una reflexión, y es que creen que muchas jóvenes ni siquiera llegan a plantearse esa posibilidad porque, como también les pasó a ellas, desconocen que existe.

«Lo recuerdo como la época más feliz de mi vida»

En el centro, en el monasterio cisterciense de la Encarnación, recibe sor María del Mar. Habla con la misma calma, aunque su historia comienza lejos de la vida monástica. Terminó la carrera de Medicina y tenía 26 años cuando acudió a un retiro espiritual. Aquella visita cambió el rumbo de su vida. «Lo recuerdo como la época más feliz de mi vida», dice. Cuando intenta explicar qué ocurrió entonces utiliza una palabra poco habitual para hablar de una vocación religiosa: «Fue un enamoramiento». Asegura que sentía una inmensa alegría, pero también un vértigo difícil de explicar porque «veía algo tan grande que pensaba: esto no puede ser para mí».

Con el paso de los años resume toda esa experiencia en una frase sencilla: descubrir cada vez más la propia fragilidad mientras crece la convicción de que la fuerza viene de otro lugar. «Yo no habría sido capaz de entrar en un monasterio por mis propias fuerzas», resume.

El camino puede prolongarse una década

Pero entrar en un convento no significa profesar inmediatamente. Antes comienza un largo camino de discernimiento que puede prolongarse casi una década: postulantado, noviciado, profesión temporal y años de formación antes de la profesión solemne.

Sor María del Mar insiste en que nadie recorre ese camino sola y que la decisión no depende únicamente de quien entra, porque también la comunidad debe confirmar esa vocación. La profesión solemne solo llega cuando ambas partes tienen la certeza de que esa elección está madura porque «aunque nadie obliga a quedarse, es una opción para toda la vida». Las dificultades existen. También las dudas. «No hacemos cosas muy diferentes a las que hace cualquier persona, solo que con un sentido distinto», resume.

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