Radiografía de los conventos
El cierre de Santa Marta deja a Córdoba con 17 monasterios y 179 monjas de clausura
El fallecimiento de sor Fátima, última religiosa de Santa Marta, reabre el debate sobre el relevo generacional en los conventos de clausura cordobeses en un contexto de envejecimiento de las comunidades

A. J. González

El reciente fallecimiento de Sor Fátima, la última monja del convento de Santa Marta de Córdoba capital, ha reavivado el debate sobre el futuro de algunos monasterios de clausura en Córdoba. Un debate que no es nuevo, pero que vuelve cíclicamente cada vez que una comunidad envejece o afronta un cierre, como ocurre ahora con este monasterio.
Detrás de estos episodios, la realidad que describe la diócesis es la de un mapa amplio, diverso y todavía vivo de vida contemplativa. «La salud de los monasterios es buena», sostiene el delegado de Vida Consagrada, Joaquín Pérez Hernández, que, sin embargo, insiste en que no puede hablarse de una situación homogénea porque cada comunidad responde a su propio carisma, su historia y su evolución demográfica.
17 monasterios y 179 religiosas
La provincia mantiene en la actualidad 17 monasterios de clausura abiertos y unas 179 religiosas. Una red que se extiende entre la capital y la provincia y que sigue formando parte del paisaje espiritual y patrimonial del territorio. En la provincia, la vida contemplativa se reparte entre la capital y distintos municipios. Existen comunidades en Belalcázar, Hinojosa del Duque, Villaviciosa de Córdoba, Montilla, Aguilar de la Frontera, Cabra, Lucena y Baena.
En Córdoba capital conviven comunidades de larga trayectoria histórica como el monasterio cisterciense de la Encarnación, fundado en el siglo XVI y uno de los monasterios femeninos con mayor arraigo histórico de la ciudad; o el monasterio del Sagrado Corazón de Jesús, de las Carmelitas Descalzas, situado en El Brillante y concebido como casa de formación y referencia para la federación andaluza de la orden. «Cada uno tiene su carisma y su manera de vivir la clausura», explica Pérez Hernández, que subraya la diversidad interna de este mundo religioso. No se trata de un bloque uniforme, sino de órdenes distintas -jerónimas, cistercienses, clarisas o carmelitas- con formas de vida, tradiciones y espiritualidades propias.

Joaquín Pérez Hernández, delegado para la Vida Consagrada. / AJ González
El cierre de comunidades no es ajeno a esta radiografía. En los últimos años, algunos monasterios han tenido que poner fin a su actividad por falta de vocaciones o envejecimiento de sus religiosas. Sin embargo, desde la diócesis se insiste en que estos cierres no pueden interpretarse como un síntoma generalizado de desaparición, sino como parte de un proceso histórico de adaptación. «Ha habido comunidades que han tenido que cerrar, pero otras están muy vivas, con continuidad asegurada», resume el delegado.
Uno de los elementos clave de esta radiografía es el relevo generacional. Aunque la media de edad se sitúa entre los 50 y 60 años, el delegado asegura que siguen entrando vocaciones, aunque en menor número que en décadas anteriores.
Un legado que trasciende lo religioso
El propio caso de Santa Marta abre interrogantes, pero también activa mecanismos de protección de un legado que trasciende lo religioso. Cuando un convento se cierra, no solo se extingue una comunidad religiosa, sino que también entra en juego un patrimonio acumulado durante siglos: iglesias, obras de arte, archivos y espacios de valor histórico. En el caso de Santa Marta, sus bienes están inventariados y protegidos por la Junta de Andalucía, lo que convierte cualquier intervención en una decisión compartida entre la Iglesia y la administración autonómica.

Dos monjas del Sagrado Corazón de Jesús. / AJ González
El historiador Juan José Primo Jurado recuerda que se trataba, hasta hace apenas unas semanas, del convento en uso más antiguo de Córdoba, fundado en 1464 y habitado de forma ininterrumpida por religiosas jerónimas durante más de cinco siglos. Su relevancia trasciende lo estrictamente religioso. Tras la desamortización de 1835, parte del patrimonio del desaparecido monasterio de San Jerónimo de Valparaíso pasó a Santa Marta, que conserva un importante legado artístico, entre el que destacan el retablo mayor, la imagen de San Jerónimo, su claustro con capiteles islámicos y el singular árbol del cinamomo. «Patrimonialmente, es uno de los conventos más importantes de Córdoba», sostiene Primo Jurado.
Una pérdida de "parte de la historia y del alma" de Córdoba
El historiador considera que la desaparición de la comunidad supondría que la ciudad perdiera «una parte de su historia y una parte de su alma», al tratarse de un lugar que durante más de cinco siglos ha sido un referente espiritual en pleno casco histórico.
Pese a los cambios sociales, la vida contemplativa sigue ocupando un lugar singular en la diócesis. Para su delegado, se trata de una realidad que, vista de cerca, conserva todavía mucha fuerza. «Es una vida preciosa, de gran riqueza humana y espiritual», afirma. Destaca especialmente la vida comunitaria, la estabilidad y la organización del día a día, que se articula en torno a la oración, el trabajo y la convivencia.
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