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Testimonio

Catherina, Violetta y Patricia, tres jóvenes en busca de su futuro en Córdoba: "En La Casita, hemos encontrado una familia"

Jóvenes en situación de exclusión social de entre 18 y 25 años encuentran en este Centro de Acompañamiento Juvenil un espacio seguro para desarrollar sus proyectos personales y laborales tras cumplir la mayoría de edad

La Casita, un lugar seguro donde labrarse un futuro

Víctor Castro

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Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Catherina, Violetta y Patricia son tres de las jóvenes extuteladas que viven en el Centro de Acompañamiento Juvenil La Casita de Córdoba. Catherina estuvo un año en un centro de protección de menores por distintas circunstancias, que obligaron a la administración a separarlos de sus padres. Según establece la ley, la Junta de Andalucía deja de ser responsable de la tutela de los menores cuando cumplen 18 años. En teoría, son ellos quienes deben gestionar su futuro, aunque pocos son los chavales que a esa edad tienen claro qué hacer con su vida y ellos no son una excepción.

Catherina se fue a un piso de mayoría de edad de la Fundación Aproni, uno de los recursos puente previstos para estos casos. “Luego me fui a vivir con una amiga, pero surgieron problemas y pedí ayuda a un orientador laboral, que me habló de este recurso”, recuerda. Juntos presentaron la solicitud y, desde febrero, vive en la casa. “Estaba muy nerviosa porque no sabía cómo sería la vida aquí”, explica, “pero nada más llegar, me sentí muy acogida y arropada por la Fundación Don Bosco y por los compañeros. Ahora ellos son mi familia y estoy tranquila”.

Su proceso de inserción laboral está en marcha. Ha terminado un ciclo superior de Animación, está haciendo las prácticas y, mientras tanto, realiza prácticas becadas de cocina en un restaurante. “Tenía experiencia como camarera, pero quería ampliar mi currículum. Llevo dos semanas y me está gustando mucho”. Su sueño es “conseguir un trabajo estable y un sitio donde vivir sola”.

La Casita, Centro de Acogida Catherina, Patricia y Violetta

Instalaciones de La Casita, donde residen una media de diez personas. / Víctor Castro

Patricia tiene la misma edad que Catherina, 21 años, pero ella estuvo más de cinco años en un centro de menores. “Cuando cumplí 18 años, estaba estudiando Auxiliar de Enfermería”, señala. “Conseguí plaza en un piso de alta intensidad para mayores de edad y allí pasé cuatro meses”. Cuando le hablaron de La Casita, estaba viviendo con una pareja. "Las cosas no iban bien y no lo dudé", recuerda. “Llegué en abril con mucha incertidumbre y me encontré un lugar donde tener la tranquilidad que buscaba para centrarme en mi futuro”. Ahora haciendo las prácticas en ayuda a domicilio y aunque su sueño sería “trabajar en un hospital”.

Talleres, psicólogo, educador social y abogado

En La Casita, las horas se aprovechan al máximo. “Hay muchos talleres sobre muchos temas, tenemos psicólogo, educador social y abogado, vamos a clase y funcionamos como una familia, con un cuadrante de las tareas de casa". Además, van salen, se reúnen con amigos, van a la playa a la piscina, "como cualquier chica joven". Dentro de cinco años, Patricia se ve “trabajando y viviendo en mi piso con mi gato”. Las mascotas no están permitidas, así que su animal está temporalmente con una amiga. “Saber que otra gente ha salido con empleo y vivienda nos da mucha esperanza”.

Violetta es rusa y lleva dos años y medio en España, a la espera de que se le conceda el derecho de asilo. Se fue porque “la homosexualidad está perseguida en mi país”. Consiguió un trabajo, pero, cuando su contrato temporal se acabó, la animaron a pedir ayuda en la Fundación Don Bosco. “Yo soy bióloga y adiestradora canina, pero aún no he podido homologar mi título aquí”, explica. “Mi Bachillerato, que es lo primero, está en proceso”. Mientras tanto, trabaja en supermercados. “Quiero ahorrar todo lo que pueda y estudiar peluquería canina porque hay mucho trabajo de eso y mi pasión son los animales”, confiesa.

Como sus compañeras, se siente afortunada por la oportunidad que le ha brindado este recurso. “Aquí me siento lo segura y tranquila”, dice agradecida. “Quiero aprovechar al máximo los seis meses que tengo para ser independiente”. La estadística está a favor de ellas. De momento, todas las personas que han completado su estancia en La Casita han salido con trabajo y vivienda. Misión cumplida.

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