Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Lucha contra el calor

Cerro Muriano y Trassierra adelantan cada vez más su verano y multiplican su población

Cada año, vecinos con segunda residencia en estas barriadas deciden mudarse antes tratando de escapar de las altas temperaturas de la capital y en busca de un ritmo de vida más tranquilo pero animado

Cerro Muriano y Trassierra, listas para llenarse en verano

Manuel Murillo

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

«Este fin de semana es cuando empieza la bulla de verdad. Pero aquí todo el mundo es bienvenido». Estamos a mitad de junio y por las calles de Trassierra y Cerro Muriano aún queda algo de quietud, de silencio y de conversaciones pausadas entre «los de siempre». Es la calma previa a la llegada del verano en dos de los grandes refugios cordobeses contra el calor: barriadas cercanas a la capital.

Por su equilibrio entre proximidad y temperaturas algo más amables, estas zonas disparan cada año antes su población durante los meses estivales. Muchos cordobeses suben huyendo del calor, bien porque alquilan una casa, en muchos casos con piscina, bien porque conservan aquí su segunda residencia. No es la playa, ni pretende serlo. Pero cuando la capital aprieta, unos grados menos, una piscina y una noche con algo de brisa cambian bastante las cosas.

En Cerro Muriano aún se respira tranquilidad. En uno de sus bares desayunan Israel Parra, Alan Howelles y Fran Pérez, que conversan precisamente sobre la llegada del verano. Los tres viven aquí durante todo el año y admiten que estos meses se nota bastante más actividad. En invierno, explican, el ambiente es mucho más reducido. En verano, en cambio, «hay mucha más gente», sobre todo por la noche y cuando llega la feria, a finales de julio. Eso sí, salvo ese fin de semana, «igualmente se está tranquilo», aseguran.

A ellos les gusta ir a la piscina, dar paseos por el campo o invitar a sus amigos de Córdoba durante estas fechas, aprovechando que «se notan esos graditos de menos, sobre todo por la noche». Una opinión similar tienen Jesús Milla y Francisco Navarro, dos vecinos «de toda la vida» de la barriada. Para ellos, aunque tras la pandemia «ha venido más gente», Cerro Muriano mantiene en verano «el equilibrio perfecto entre buen ambiente y tranquilidad».

Israel Parra, Alan Howelles y Fran Pérez conversan con una amiga en Cerro Muriano.

Israel Parra, Alan Howelles y Fran Pérez conversan con una amiga en Cerro Muriano. / Manuel Murillo

Ambos destacan la presencia de familias y de gente joven, que sube sobre todo «a pasar el día». Llevan más de 40 años viniendo y cerca de tres décadas viviendo aquí, y explican que les encanta «dar nuestros paseos y escaparnos un poco» de las altas temperaturas.

Un impulso para los negocios

Para los negocios, la llegada del verano supone también un pequeño impulso, aunque no todos lo viven como una revolución. Mercedes Nevado y Lola Valverde, de Bar Cinema, explican que «se nota que hay más lío», pero recuerdan que allí «durante todo el año hay mucha actividad». La base militar sostiene buena parte del movimiento durante el resto del año, mientras que en verano el perfil cambia: «Los militares dejan de venir y viene más gente joven. Se trabaja sobre todo hasta más tarde», cuentan.

Mercedes Nevado y Lola Valverde, en su bar de Cerro Muriano.

Mercedes Nevado y Lola Valverde, en su bar de Cerro Muriano. / Manuel Murillo

Otros, como Juan José Obrero, del bar Equis, también notan el efecto del verano, aunque creen que ya no es exactamente como antes. «Antes había un circuito más grande de chalets que se alquilaban en temporada», explica. Ahora, ese fenómeno se ha reducido porque «desde la pandemia muchas personas se han venido aquí a vivir». Aun así, en su negocio «el cambio se nota por completo» y la actividad se traslada a la noche. Como vecino, tiene claro qué es lo mejor del verano en el Muriano: «Los cuatro grados menos que tenemos por las noches».

También lo nota Alicia Molina, de la farmacia, donde durante los meses de verano «no paramos». El cliente más habitual, cuenta, son los jóvenes con problemas relacionados con picaduras: «Las abejas son las reinas de las piscinas», dice, aunque también llegan casos de picaduras de mosquitos.

Un oasis frente al calor de la ciudad

En Trassierra, el alivio térmico es incluso más evidente. Lo cuenta Felicidad Hernández, que vive en una urbanización cerca del pueblo: «Tienes cuatro o cinco grados menos durante el día y por la noche son muchos más. Corre incluso brisita». Ella se sube cada verano con su hermana, que vive allí, aunque confiesa que cada año lo hace antes porque «cada vez hace calor antes».

Antonio García, otro vecino «de toda la vida», agradece que Trassierra «tenga mucha vida» durante estos meses. Asegura que le encanta vivir allí y señala que todos los años «sube más o menos la misma gente», por lo que «aquí nos conocemos todos».

Santa María de Trassierra se prepara para el verano.

Carlos Ruiz, se toma una cerveza con un amigo en Trassierra. / Manuel Murillo

Los negocios de esta barriada también disparan su actividad. Inma Maynez, de la farmacia, comenta que el trasiego de gente es constante hasta el punto de que «tenemos que contratar a una persona más para la temporada». Además, apunta que se venden «todo tipo de productos», desde lo más cotidiano hasta lo propio del verano.

En la ferretería coinciden con el diagnóstico y, casi sin buscarlo, se forma una conversación improvisada entre varios vecinos. Todos asumen que, cuando acaban los colegios, «viene mucha gente», aunque matizan que muchos de ellos «no hacen mucha vida en el pueblo» y suelen quedarse en sus parcelas. La excepción llega algunas noches, ya que «a veces es complicado encontrar hueco en los bares».

El Candil es precisamente uno de esos bares. La lleva Juan Sánchez, que reconoce que el verano se nota, aunque introduce un matiz: «No hay tanta diferencia». Según explica, «los que suben piden cuentas más pequeñas y comida más ligera», por lo que al final «es un poco lo comido por lo servido».

Una de esas personas que sube a Trassierra desde principios de junio es Ana Sánchez. Mientras limpia su piscina, cuenta que le gustaría vivir aquí cuando se jubile y que cada año se sube antes porque «los niños ya no tienen colegio y en 20 minutos estás en Córdoba». Esa es, para muchos, la clave, estar fuera sin estar lejos. Escapar del calor sin romper del todo con la ciudad.

El razonamiento lo comparte Carlos Ruiz, uno de sus vecinos, que no necesita demasiadas explicaciones. Mira alrededor, señala las casas, a la piscina y lo resume todo con una sonrisa: «Como en Trassierra, en ningún lado».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents