Entrevista
Paco Peña, guitarrista: «Se ha diluido la implicación de la ciudad con el Festival de la Guitarra»
El artista cordobés regresa a su casa con ‘Solera’, el espectáculo que abre la cita cultural de julio en Córdoba por excelencia. A caballo entre Londres y la capital cordobesa, el impulsor del primer festival se sincera sobre la deriva del encuentro en torno a las seis cuerdas

El guitarrista cordobés Paco Peña abre el Festival de la Guitarra con 'Solera'. / CÓRDOBA

Con 84 años recién cumplidos, Paco Peña no piensa abandonar los escenarios. Mucho menos la guitarra, el instrumento al que ha ofrecido su vida entera desde que cogiera por primera vez la de su hermano cuando era un párvulo. Regresa con Solera, un espectáculo de la Paco Peña Flamenco Dance Company creado junto a la directora Jude Kelly, al festival que él mismo gestó hace ya 45 años. Como el padre que mira a una de sus criaturas, el guitarrista flamenco habla con la humildad que le caracteriza de los cambios de esta cita impulsada por el Ayuntamiento de Córdoba, que ha ganado en dimensión, pero que quizá ha perdido en implicación sentimental de la ciudad.
-¿Cómo se encuentra, Paco? Está en Londres, pero pronto llegará a Córdoba.
-Bien, en Londres hace un poquillo de calor, pero no es nuestro calor de allí. Aunque aquí también el clima va como cambiando, no tiene patrones, son cosas extrañas. Será el cambio. A Córdoba llegaré tres días antes del concierto, que es el 1 de julio.
-Usted ha vivido gran parte de su vida en Londres, le iba a preguntar por eso, ¿qué cosas echa de menos de Córdoba cuando está en Londres y al revés? Me imagino que el calor, no.
-No, aunque en realidad nunca me ha molestado, soy de Córdoba y estoy acostumbrado. Pero la pregunta, claro, tiene otro sentido un poco más profundo, ¿no? A mí me encanta mi ciudad, me encanta Córdoba y la gente, pero como estoy aquí y allí, siempre, no echo de menos ni una cultura ni la otra, está bien compensado todo.
-Vuelve usted al Festival de la Guitarra que es una criatura suya y que creó en 1981. ¿Qué queda de aquel primer sueño en el festival de hoy?
-No quiero que suene pesimista ni negativo en absoluto. El Festival de la Guitarra es ahora un monstruo de festival, conocido mundialmente. Lo que pasa es que yo empecé en la Plaza del Potro, donde me crié porque viví en lo que es hoy la calle Lineros. La gracia que tuvo cuando yo empecé el festival es que invité a gente de todo el mundo a venir y convencí al delegado de Cultura de aquel tiempo, Paco Martín, para que nos dejara la Posada del Potro, donde estaba entonces la Delegación de Cultura. Allí celebramos las clases, los cursos internacionales de guitarra y también los conciertos. Fue fantástico. Yo no cobraba entrada ni nada. Los cursos se hacían por las mañanas y por las noches se hacían los conciertos y después nos reuníamos donde mi amigo Enrique Santos, el anticuario que tenía su bodega allí. Yo le pagaba a los artistas, que eran en su mayoría amiguetes de Córdoba, pero la entrada era libre. Me interesaba crear un foco de atención, algo cálido, con calor humano, y que la ciudad se acostumbrara a ser un foco de cultura esas semanas del festival.

El guitarrista cordobés Paco Peña. / CÓRDOBA
-¿Y de aquel espíritu qué cree que se ha perdido?
-El Festival de la Guitarra surgió de forma sencilla, con gente de mi familia y amiguetes que me ayudaban a lo que hiciera falta. La guitarra estaba por todas partes y había también otros instrumentos y otras culturas musicales. Allí se celebraba realmente un festival. Ese foco de atención, que era el corazón del festival, no lo veo yo tan claro en estos días, quizás. Ahora el festival es tan grande... Ahora, quizá, no sería tan fácil organizar eso, pero era muy bello, muy hermoso en aquellos tiempos. Ahora tendrá otras cosas, Córdoba ahora tiene mucho turismo, muchos sitios de diversión, restaurantes y entonces quizás no le hace falta aquello.
-Su gestión de aquel festival era completamente, digamos, artesanal.
-Sí, amateur, casi artesanal.
-Cuando mira atrás, ¿le sorprende más haber creado el festival o que Córdoba lo haya mantenido durante 45 ediciones?
-Lo del festival caía de su peso. Yo había estado en muchos sitios donde había festivales de guitarra y en España no había y en mi tierra, donde iba todos los veranos, tampoco. O sea, que caía de su peso crearlo y por eso tuvo mucha atracción en muchos países. Pero claro, el festival se ha convertido en otro animal mucho más grande, con mucho presupuesto, que yo no tenía. Entonces las cosas cambian. Lo que pasa es que hay que revisar de vez en cuando, si acaso, las cosas cálidas y hermosas que puede ofrecer la ciudad para los ciudadanos también, no solamente para los que vienen de fuera.
-Si pudiera volver a aquella primera edición de 1981, ¿qué se diría a sí mismo?
-Estás loco. Eso me diría. Era una cosa muy hermosa y yo la quería ofrecer a la ciudad. Era una cosa que yo había visto en otros lugares y decía: ¿por qué no lo va a tener Córdoba? Yo se lo regalé a la ciudad. Lo único que yo pedía era decir que el festival se fundó por el Centro flamenco Paco Peña en 1981, pero eso lo ha olvidado todo el mundo.
-¿Qué debería cuidar Córdoba para que el Festival de la Guitarra no pierda su singularidad?
-Me gustaría que se den esos detalles que demuestran la calidad de la gente de Córdoba y el ambiente. Eso me gustaría que perdurara, no sé si eso se puede conseguir.

El guitarrista Paco Peña, en uno de sus espectáculos. / CÓRDOBA
-En alguna entrevista he leído que lo que ve que se ha diluido es la implicación de la ciudad con el festival.
-Sí, eso es lo que ha ocurrido, si no que alguien me corrija, pero eso es lo fundamental, lo que crea un festival donde la gente quiere volver. Me gustaría que el festival adquiriera eso de nuevo.
-Ha habido cierta polémica por el hecho de que el Ayuntamiento haya subvencionado eventos musicales que coinciden en el tiempo con el festival, ¿Qué opina?
-Las cosas hay que medirlas. Creo que es una lástima que se combinen y peor hacerlo desde la misma administración. Seguramente será un desliz, un fallo que no se vio al principio y ha sucedido así, no lo sé. Yo mismo estaba pensando un poco de broma que en mi concierto tendré que competir con la Copa del Mundo de Fútbol, pero eso...
-Vayamos a ‘Solera’, el espectáculo que inaugura el festival y habla del diálogo entre artistas mayores y jóvenes. ¿Qué puede enseñar la experiencia que la juventud no pueda aprender sola?
-El espectáculo trata de reflexionar sobre el paso del tiempo y la propia palabra solera ya te cuenta una historia por ese camino, sobre la historia de los vinos, la cosecha del año, que se va madurando y que el paso del tiempo y el cuidado lo va convirtiendo en un vino exquisito. Lo mismo pasa en el arte: los que ya tienen una vida recorrida haciendo lo que han amado por su afición y demás, el arte. Los mismos jóvenes que tienen mucho talento natural, talento de juventud. El paso del tiempo, lo mismo por el vino que por el arte, lo que hace es que va madurando y dando más sabiduría. Cuando hablo de ese tema siempre me acuerdo de los maoríes de Nueva Zelanda, que tienen un dicho que dice: «Camino de espaldas hacia el futuro, con los ojos fijos en el pasado». En Solera, en el escenario hay gente muy mayor, como yo, otros artistas que llevan muchos años conmigo, pero también hay juventud. La ambición legítima de la juventud tiene que estar un poco, como diría yo, chequeada con la sabiduría.
-¿Hay algún guitarrista joven que le interese especialmente ahora mismo?
-Dani de Morón, una maravilla de músico, un guitarrista actual con sus propias ideas, pero repleto de tradición.
-Después de tantísimos años tocando la guitarra, ¿es un instrumento que le sigue sorprendiendo? ¿Qué le ha enseñado la guitarra?
-Me ha enseñado que tengo que trabajar mucho para dominarla. Cuando me decidí a ser solista, supe que tendría que trabajar todos los días, prepararme bien, no solo técnicamente, sino ir descubriendo matices y ir perfeccionando. La guitarra exige mucho trabajo, pero cuando se lo entregas, cuando trabajas, también te paga. También te da el premio de que te salgan las cosas medio bien. Yo todavía estoy buscando.
-Calculo entonces que lleva de búsqueda 78 años, los que lleva tocando la guitarra.
-Sí, más o menos. Empecé con 6 años y he cumplido 84.
-‘Solera’ llega además con una carga emocional por la memoria de su hermana Rosarillo. ¿Qué papel tiene la memoria familiar en este espectáculo?
-Sí, es que cuando montábamos el espectáculo una hermana mía murió. Yo tenía siete hermanas y un hermano, y ahora solo quedamos los dos más jóvenes. Entonces no es sentimentalismo, fue una realidad, pero lo que sí es cierto es que te encierras en querer expresar emociones y eso es apreciado por los demás. A nosotros nos da un golpetazo fuerte cuando esas cosas suceden en el escenario. Y el público lo recoge, no sé por qué, ni cómo, pero eso ha venido pasando normalmente.

El guitarrista cordobés Paco Peña, considerado uno de los grandes embajadores de la guitarra en el mundo. / TONI BLANCO
-Me imagino que la guitarra también le sirve de refugio.
-Es verdad, tocando la guitarra casi que te escondes detrás y lanzas tus emociones a través de la música que te aporta. Eres tú, pero no eres tú. Lo que más me interesa de tocar la guitarra es echar fuera esa cultura musical, el flamenco. Lo recibo de ella y lo entrego a mi manera.
-Ha llevado el flamenco a Londres, Nueva York, Ámsterdam o Australia. ¿Se entiende mejor el flamenco fuera de España de lo que a veces pensamos?
-Cuando yo empecé no había ni muchísimo menos la conciencia que hoy existe, porque ya el flamenco ha llegado a todos partes del mundo, pero en mi tiempo, no era tanto, aunque a mí me sorprendió lo que gustaba. En mis primeros conciertos fuera, era tal el silencio, que incluso se escuchaba un suspiro del público. Eso te emociona y te da confianza en que vas por lo cierto. No importa dónde estés, tienes que dar lo más que puedas y eso no falla nunca. Ahora si tiene éxito o no, eso es otra cuestión.
-¿Qué le preocupa del futuro de la guitarra flamenca?
-Hubo un momento que con la explosión maravillosa de Paco de Lucía y sus tiempos, que empezaron a tocar mucho los guitarristas lo que hacía Paco, pero sin el trasfondo de lo que él había asumido. La guitarra se convirtió en un instrumento muy técnico, muy virtuoso, y daba miedo porque uno pensaba dónde queda el alma de todo esto. Pero eso fue un momento histórico y ha cambiado totalmente. Ahora hay muchísimos guitarristas que son maravillosos y que tienen mucho que contar, mucho que decir.
-Y después de tanto escenario que has pisado, ¿qué tiene que pasar en una noche de concierto para que se sienta satisfecho?
-En este espectáculo no soy yo solo, sino que hay un grupo de personas totalmente dispuestas y predispuestas a darlo todo con Solera. Por ahí van los tiros de lo que uno quiere decir con su música.
-Y lo siguiente de ‘Solera’, ¿qué será? Jubilarse ya vemos que no.
-Yo me siento joven, serán los genes, no lo sé, pero no estoy cansado. Seguramente de lo que sí soy muy consciente es de cuánto atrás me quedo de la diablura que hay en los guitarristas de hoy. Lo que pasa es que yo no cambio, no quiero cambiar artificialmente mi propuesta, que está muy apegada a la tradición. Por ahí seguramente aparecerán otras ninfas que a lo mejor me alumbran para otro espectáculo. Ahora, además, estoy terminando de grabar el disco del Réquiem flamenco, un réquiem por la tierra. Ya se ha terminado el máster y lo voy a sacar en cuanto pueda dentro de unos meses.
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