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Reportaje

«El negocio estaba acabando con nuestra salud»: cierra la panadería San Francisco tras 53 años en el barrio de San Andrés de Córdoba

Los hermanos Martín cierran el establecimiento fundado por su padre tras cuatro años «muy duros» en los que no han sido capaces de dar la vuelta a la situación

Panadería San Francisco dice adiós

A. J. González

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

«Este negocio estaba acabando con nuestra salud. Ahora toca cerrar, parar y reinventarse». Así de claro se expresa José Martín, gerente junto a su hermano de la Panadería San Francisco, en pleno barrio de San Andrés. El establecimiento, fundado por su padre hace 53 años, vive ahora sus últimos días. Sus propietarios admiten que ya «no podemos más» y este lunes anunciaron la drástica decisión de cerrar y empezar una nueva etapa.

José habla desde la oficina donde ha pasado interminables jornadas tratando de cuadrar cuentas, especialmente desde 2022, cuando el negocio comenzó a sufrir un bajón «importante» que, asegura, «no se puede achacar a una única causa concreta». Fuera quedan el barrio, los arcos de herradura en la puerta, los azulejos con formas geométricas de inspiración andalusí, la reja, la cristalera con dulces y ese trasiego de clientes que durante décadas ha formado parte de la vida cotidiana de San Andrés. El cierre de este establecimiento no es solo la despedida de una panadería. Es también el síntoma de una Córdoba que desde hace tiempo da sus últimas bocanadas y pide ser escuchada antes de que el relevo generacional llegue en forma de negocios muy distintos, con otra estética, otro ritmo y otro contorno de ciudad. Para muchos, también con una apariencia cada vez más homogénea.

Cuatro años muy duros

Desde que saltó la noticia, José explica que no han dejado de acercarse clientes para intentar ayudar, mostrar su apoyo o, simplemente, conversar con su panadero «de toda la vida». La decisión, admite, era la «crónica de una muerte anunciada». Y, sin abandonar ese tono literario, pausado pero firme, resume lo vivido en los últimos años: «Han sido cuatro años muy duros. Hemos mantenido al enfermo vivo, pero no lo hemos mejorado». En ese tiempo, añade, se han visto obligados a recortar personal, echar muchas horas y «sacrificarnos mucho». Tanto que, reconoce, «nos estaba afectando a la salud».

José Martín, en la panadería San Francisco

José Martín, en la panadería San Francisco / A.J. González

Comunicar el cierre ha sido «una mezcla de muchos sentimientos». La primera persona a la que se lo dijo fue a su madre. Su reacción podría sorprender a muchos, pero no a él: «Su cara de alivio lo decía todo. Nos veía a mi hermano y a mí sufrir día a día». Ella fundó el negocio junto a su marido y ambos «estaban muy orgullosos de lo que hicieron y de que nosotros continuáramos». En el caso de su hermano, desde que tenía 18 años.

Una nueva etapa

El 30 de junio echarán la persiana de manera definitiva. José asegura que todavía «no he tenido tiempo ni para pensar qué haré después», pero sí tiene claro que lo primero será descansar. Después llegará una nueva etapa en la que quiere reinventarse y de la que espera que «salga algo bonito que me permita conciliar y disfrutar de mi familia», dice con una sonrisa honesta.

De la decisión asegura tener «la conciencia tranquila», porque «cuando no se puede, no se puede». La voz se le quiebra antes de tragar saliva y explicar que ellos no solo trabajaban allí: «Nos sentíamos parte del negocio».

Interior de la panadería San Francisco.

Interior de la panadería San Francisco. / A.J. González

De este medio siglo de historia, de un local que ha sido su infancia, su adolescencia y buena parte de su vida adulta, José se queda, sobre todo, «con el trabajo incansable de mis padres», más aún en una profesión tan dura y sin horarios como la panadería. «Ellos sacaron esto adelante con sus hijos y me quedo con eso. Aquí nos hemos criado y hemos crecido. Es una parte de nosotros y de nuestros padres», señala.

Luego hace una pausa breve, como si necesitara tomar aire antes de ponerle palabras al cierre. «Son etapas de la vida y ahora ha llegado el final de esta. Toca seguir adelante». De esta forma, la Panadería San Francisco bajará la persiana y en San Andrés quedará un hueco difícil de llenar y un olor a pan y a dulces de toda la vida en la calle Enrique Redel.

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