Imbatibles
Cuatro cicatrices y una misma lección en el Círculo de la Amistad de Córdoba: aprender a vivir tras la tragedia
Cisco García, Irene Villa, José Peña y Eduardo Strauch ofrecen sus testimonios con el objetivo de valorar la vida y disfrutar de ella

Manuel Murillo
«No venimos a contar penas, sino a celebrar la vida». Cisco García, Irene Villa, José Peña y Eduardo Strauch han compartido este jueves en el Círculo de la Amistad de Córdoba un encuentro marcado por la superación, la perseverancia y, sobre todo, la sonrisa. Cuatro perfiles muy diferentes, pero complementarios, que han insuflado energía a un salón lleno bajo un nombre rotundo, Imbatibles: la vida ante la adversidad.
El proyecto nace del periodista granadino Fernando Díaz, que en 2024 dejó las cámaras debido a una parálisis facial. El evento ha contado con la participación de los jugadores del Córdoba CF Genuine; Mario Samper, presidente de la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento de Adamuz; y la familia de Paco Molina, entre otras personalidades.

El evento también ha contado con la participación del equipo Córdoba Genuine. / MANUEL MURILLO
Díaz define el encuentro como «la celebración de la vida consciente» y una forma de «emprender la superación». El comunicador se desmarca del formato habitual y apuesta por un estilo más cercano, con charlas y entrevistas antes que conferencias al uso. Un planteamiento que ha cautivado al público cordobés y en el que, según explica, «se genera una química especial» gracias también a «la intrahistoria del presentador con la discapacidad». Ante todo, cree que Imbatibles «fomenta la empatía con los invitados» porque, resume, «compartimos cicatrices».
Díaz defiende que, después de este tipo de encuentros, el espectador se lleva «experiencias de personas que se han enfrentado a la adversidad de manera muy estimulante», lo que permite extraer «conclusiones provechosas para el día a día». En el fondo, insiste, todo gira alrededor de dos ideas: «La esperanza» y «la importancia de vivir el instante».
Irene Villa y el poder de exprimir la vida
A Irene Villa la vida le cambió por completo el 17 de octubre de 1991, con solo doce años, cuando explotó el coche en el que viajaba después de que ETA colocara una bomba. Su madre perdió una pierna y un brazo, y ella las dos piernas y tres dedos de la mano izquierda.

Irene Villa, víctima de un atentado de ETA, ha confesado que ha aprendido a «exprimir la vida» y a «no vivir con miedo» / Manuel Murillo
Durante su intervención, Villa ha defendido que actos como este generan «ganas de vivir» y «motivación», pero también ayudan a «aceptar cada uno sus propias dificultades, abrazar el dolor y salir fortalecidos». Para ella, la vida es «amor y dolor», y el objetivo de su testimonio es que «la gente salga a afrontar su dolor».
Villa ha recalcado que la diferencia no está tanto en las desgracias que sufren las personas como en «la energía y la mentalidad» con las que se afrontan. Ella, que se ha definido como «imbatible», ha subrayado que la clave está en «decidir lo que uno quiere vivir» y, a partir de ahí, «descubrir nuestra esencia», porque «la vida es más sencilla cuando sabes quién eres y te conoces». Del dolor, ha dicho, ha aprendido a «exprimir la vida» y a «no vivir con miedo», porque el miedo «nos paraliza».
Cisco García: empoderar con una sonrisa
Para el deportista cordobés Cisco García, la vida dio un giro de 180 grados mientras practicaba snowboard en los Alpes. Una caída lo dejó en silla de ruedas con solo 33 años y, desde entonces, ha afrontado la vida con la ilusión y la energía que lo caracterizan. En Córdoba, prácticamente todo el mundo conoce ya su historia, pero aun así volvió a emocionar con un discurso en el que la sonrisa fue la gran protagonista.
Cisco defendió que se puede ser una persona muy activa independientemente de las circunstancias. Para él, la clave está en «no pensar mucho» y en «vencer a la pereza», porque esa actividad constante es la que «me hace feliz». Fue uno de los grandes protagonistas del acto y dio las gracias en repetidas ocasiones a su tierra.
También explicó que uno de los elogios más bonitos que recibe es «que me digan que no ven la silla de ruedas», recordando aquellos primeros momentos en los que «todo el mundo me miraba con pena». «Lo que queremos es normalizar que hay personas que han pasado por una situación grave, pero que han seguido adelante», señaló. Su mensaje, cargado de humor y cercanía, buscó también «empoderar» a un público que le respondió con enorme cariño.
José Peña y los golpes que no se dan en el ring
El policía nacional José Peña se quedó ciego cuando comenzaba a cumplir su sueño. Encontró entonces en el boxeo una forma de reconstruirse, hasta el punto de practicarlo pese a sus limitaciones. Durante el acto realizó incluso una demostración junto a su hija.
Peña señaló que para él era especial regresar a Córdoba, ciudad en la que comenzó su formación como agente. A partir de su experiencia, habló de las dificultades que sufren las personas con discapacidad, que muchas veces se sienten «excluidas» en el día a día, incluso al salir a la calle. «Te sientes rechazado por la sociedad», lamentó.

Eduardo Strauch superviviente del accidente aéreo de Los Andes en 1972. / Manuel Murillo
En una defensa de la dignidad humana, sostuvo que «hay nuevas formas de vida» y que «no hay nada más digno que ayudar a otra persona y ser ayudado». También apuntó que no es sobre el ring donde recibe los verdaderos golpes, sino en la calle, por la «falta de empatía» que todavía percibe. Pese a ello, trasladó un mensaje positivo, apoyado en el humor, y dejó una de las ideas centrales de la tarde: «No creo en la discapacidad, sino en la capacidad de las personas».
Eduardo Strauch, medio siglo sobreviviendo
El último en ofrecer su testimonio fue el uruguayo Eduardo Strauch, uno de los supervivientes del accidente aéreo de Los Andes de 1972. Con un discurso conciso, vehemente e ilustrativo, Strauch explicó que en este tipo de actos «habla desde el corazón» y que, más de medio siglo después, todavía se emociona al recordar lo vivido.
«Hay momentos en la vida en los que el tiempo es relativo. Cuando vuelvo a los Andes, vivo y revivo», señaló. Strauch puso en valor el horror, la tristeza y el sufrimiento de aquellos días, pero también «la alegría y la felicidad más densa» que llegó a experimentar en medio de la tragedia. «El amor nos salvó aquellos días y continúa haciéndolo. El amor da una fuerza increíble», afirmó.
Esa experiencia, explicó, le ha permitido considerarse una persona «feliz» que ha «encontrado la felicidad» y que, en el camino hacia ella, ha adquirido «la sensibilidad y la capacidad» para disfrutar de la vida.
El encuentro ha dejado una sensación compartida en el público. Allí no se habían reunido cuatro historias marcadas por la desgracia, sino cuatro maneras de seguir adelante, de superar la adversidad y, sobre todo, de valorar lo que tenemos.
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