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Entrevista

María José Ruiz, autora del retrato de León XIV: "La Conferencia Episcopal no me dio ninguna indicación para pintar el retrato del Papa, he tenido plena libertad"

La pintora montillana ha vivido un momento de máxima atención mediática tras la presentación pública del cuadro, realizado con motivo de la visita de León XIV a España, y que tuvo que ejecutar en seis semanas

María José Ruiz, autora del retrato de León XIV.

Víctor Castro

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Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

-¿Dónde estaba y qué sintió cuando le pidieron que pintara el retrato de León XIV?

-Estaba en casa, en mi estudio. Me llamaron de la Conferencia Episcopal Española para decirme si podía hacer un retrato del presidente de la Conferencia y yo pensé: “Qué bien, qué alegría”. Y a los cinco minutos me llaman otra vez y me dicen: “María José, no va a ser un retrato, van a ser dos. Queremos que pintes al Santo Padre, de cara a su visita a España”. Sentí una emoción enorme, y, a la vez, la grandísima responsabilidad de saber que tenía que pintar a una figura tan importante en menos de dos meses.

-¿Qué indicaciones le dieron desde la Conferencia Episcopal y qué margen de libertad tuvo?

-Eso es lo más bonito de todo, porque el encargo era muy importante y, además, me dijeron que tenía plena libertad. Yo pregunté si había alguna indicación y dijeron que no, que hiciera lo que yo considerase. Así que pensé: «Confían en mí». La verdad es que el trato que da la Iglesia a los artistas es así de cordial y eso es lo que necesitamos, que confíen en nuestro trabajo y nos den libertad para realizarlo. Siempre que he hecho trabajos para la Iglesia ha sido así. Cuando pinté el primer encargo de la hermandad de Jesús Nazareno de Montilla, que fue mi primera obra religiosa, decorar el camarín de la iglesia de San Agustín de mi pueblo, utilicé modelos reales, vecinos del pueblo, quedó muy bien y jamás me han dicho absolutamente nada.

-El cuadro está cargado de símbolos, desde la basílica de San Juan de Letrán donde aparece el Papa hasta la arquitectura del fondo, la arena de la playa o la huella del niño. ¿Todo eso fue surgiendo sobre la marcha o lo decidió antes de empezar a pintar?

-Mi primera idea fue colocar al Papa en la playa, se me ocurrió nada más decírmelo, pero al principio parecía una locura. Pensé que, al ser el primer papa agustino, tenía que haber un motivo agustiniano. Lo que suelen poner es el corazón con el libro, que también aparece, pero, además, quería ubicarlo en ese célebre encuentro de San Agustín en la playa de Hipona, con ese niño o ángel que invita a la humildad frente al misterio y la grandiosidad de Dios. Ese era el momento que yo quería mostrar. Luego pensé en la basílica de San Juan de Letrán. Había que poner la arena como fuese. La principal metáfora de la obra es la transformación progresiva del frío mármol en arena cálida. Eso es muy ilustrativo de lo que ha sido su historia, por tantos años viviendo en Perú con los más vulnerables. Pero también quería darle el aire solemne de Roma. Y nada mejor que San Juan de Letrán, donde está toda la arquitectura de Galilei, de Borromini, la escultura de Constantino, la puerta gigante del Senado romano. Esa basílica es la primera iglesia del mundo. Cuando Constantino se hace cristiano, dona ese palacio a los papas, que vivieron allí más de mil años, hasta que en el Renacimiento pasaron a su sede actual. Esa ubicación es un homenaje al propio pontífice porque, al haber elegido el nombre de León XIV en admiración a León XIII y a su doctrina social, me pareció simbólico situarlo en la entrada del templo que custodia el sepulcro de su predecesor. También es un agradecimiento a los obispos, porque San Juan de Letrán es la catedral de Roma y el Papa lo es por ser obispo de Roma. Así se estrecha el lazo de cercanía con el episcopado de nuestro país. El tercer motivo es una reivindicación como artista de la Iglesia como gran mecenas de las artes. En un tiempo en el que irrumpe con fuerza la inteligencia artificial, en el que dando a un botón tienes 40 retratos del Papa en dos segundos, que el León XIV aborde en su reciente encíclica Magnifica humanitas este hecho, y que la Iglesia confíe su creación a la mente y a la mano humana, para mí como pintora es un testimonio de humanismo que agradezco profundamente.

-¿La Conferencia Episcopal vio la obra antes de estar acabada?

-No, la han visto totalmente terminada. Para que los artesanos hiciesen el marco en pan de plata, pixelé la cara, las manos y el escudo, solo envié fotos de los tonos del fondo de la archibasílica y del trocito de la playa. El cuadro lo vieron el viernes pasado, cuando llegó a la Conferencia Episcopal. En ese momento, la administradora me llamó para decirme que le había gustado, que estaba totalmente emocionada y que el parecido era espectacular.

María José Ruiz, dando los últimos retoques al cuadro.

María José Ruiz, dando los últimos retoques al cuadro. / CÓRDOBA

-¿Estaba nerviosa por esa primera reacción?

-Nervios muchos, pero no tanto por lo que dijeran, sino por la ejecución en sí. Por eso no tengo ni una buena foto ni un vídeo del cuadro, no he pensado en las redes sociales ni en nada. He estado sumida en el proceso de creación porque tenía muy poco tiempo y era una figura muy conocida.

-¿Cuántas horas le ha dedicado?

-Muchas horas. No he descansado ni un solo día, mi cuerpo está acostumbrado. No sabría decir cuántas horas, pero yo solo pinto con luz natural y, a partir de cierta hora, ya no puedo. Gracias a Dios que lo he hecho en primavera, porque si hubiese recibido el encargo en invierno habría sido más complicado. Ahora, en vez de dejar de pintar a las cinco, he podido pintar hasta las nueve.

-¿Sabe qué ha dicho el Papa al verlo?

-Ha dicho una frase muy bonita, súper divertida, audaz y muy inteligente, pero he preguntado si la podía decir aún no me han contestado.

-¿Qué ha sido lo más difícil de captar de León XIV: la mirada, el gesto, alguna parte de la cara?

-No sé si era Ingres quien decía que un retrato es la imagen de alguien con algo raro en la boca. A mí me resulta más difícil pintar la boca que los ojos. En este caso, el parecido estaba desde la primera mano de pintura. Captar la inteligencia y la bondad de la mirada es complejo. El Papa tiene una sonrisa muy especial, he podido ver la cara del Papa todos los días y es una persona muy tocada de alma que se percibe sumamente bondadoso e inteligente. Para mí, el culmen de la inteligencia es la bondad, y él irradia eso. Además, me enteré de que es pianista y, como artista, ver alma de artista en el Santo Padre me parece ideal.

-¿Qué documentación le dieron para el retrato? ¿Fotos, la altura del Papa...?

-La altura la intuí. Esto no es como ir al Vaticano a una sesión de posado. Me mandaron unas cuantas imágenes recopiladas de internet y las manos venían en una foto oficial. En el retrato, las manos se salen, parecen tridimensionales. Da la sensación de que te va a dar la mano, que es lo que más me gusta de la obra, la sensación de presencia real, de que está vivo delante de ti.

-¿Hay alguna huella personal de María José Ruiz en la obra?

-Sí, porque el escenario donde aparece, San Juan de Letrán, tiene una significación personal. En 1997, siendo estudiante de Bellas Artes, mi obra sobre la Madre Teresa de Calcuta fue seleccionada para una exposición dentro de unos actos que se realizaron en Roma. Esa exposición se hizo en ese atrio de San Juan de Letrán. Aquella muestra fue un caso inusual, era el primer cuadro que exponía en mi vida y se exhibió en esa maravilla de atrio. Además, fue inaugurada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, después Benedicto XVI. Él vio mi cuadro y luego me llamó el director de mi academia para decirme que había dicho que era un cuadro muy bien compuesto y con un mensaje claramente espiritual. Para mí, ahora se cierra el círculo. Mi primera obra vista por un papa fue en San Juan de Letrán, luego llevamos la obra de San Juan de Ávila y la vio el papa Francisco y junto allí he situado el retrato de León XIV, que también ha visto el Papa.

-¿Le gusta el sitio donde lo han colocado en la Conferencia Episcopal?

-Está bien situado porque el cuadro está hecho con una perspectiva para que se vea frontal, a nuestra altura, y, al no tener el techo muy alto, no se ha podido elevar. Está prácticamente a cuatro dedos del rodapié y esa era justo la medida que yo quería para que se viera al Papa a escala real. Además, tiene una ventana grande al lado y le entra la luz como al cuadro, de izquierda a derecha.

-¿El retrato se quedará en España?

-Sí. No es, como se ha dicho, un regalo para el Papa. Se queda en la Conferencia Episcopal, que tiene uno del papa Francisco, que pintó sor Isabel Guerra, y el del papa Benedicto XVI, que hizo una pintora madrileña. También es interesante decir que son mujeres. En el siglo XX y antes ha habido pintoras que han trabajado para los papas, pero es bonito.

Retrato de León XIV, a tamaño natural, realizado por María José Ruiz.

Retrato de León XIV, a tamaño natural, realizado por María José Ruiz. / CÓRDOBA

-¿Cuándo acabó el cuadro?

-En el último segundo. Un ratito antes de que se lo llevaran, se me ocurrió retocar el ojo del Papa, que es donde va toda la expresión, y algo más de la vestimenta y del zapato. Eso fue cuando los transportistas estaban aparcando. Me pasó también con el cuadro del Gran Capitán. Iba por Las Tendillas y yo con el pincel, retocando hasta que lo metieron en el furgón.

-¿La Iglesia remunera bien a los artistas?

-Sí, remunera bien y, además, en condiciones totalmente fiables, con todo legal. Son muy serios en eso.

-¿Es usted una persona religiosa?

-Esa es una cuestión muy personal.

-¿Qué otros trabajos tiene por delante?

-Tengo más retratos institucionales, uno del anterior presidente del Círculo de la Amistad, Pedro López Castillejo, más encargos de retratos privados y el día 10 de julio tengo una entrega, así que voy a descansar poco. A veces, entre retrato y retrato, me da tiempo de hacer algo, pero el retrato no es fácil. Diría que es la disciplina más difícil. Hay pintores de figuras, pintores de paisajes, retratistas… Yo creo que eso lo llevas tú en tu interior. La facilidad de captar un parecido, en el fondo, habla de ti. Hay personas a las que se les da perfectamente el parecido y otras que, por mucho que lo intenten, te pintan a otra persona.

-¿Esta obra subirá su caché como pintora?

-Pues no lo he pensado. Todo esto a mí me está viniendo muy grande. En la vida nunca se sabe, por suerte o por desgracia, lo que va a pasar. Obviamente, me ha dado mi momento de visibilidad, porque muchas personas han visto mi cuadro. De mí se olvidarán, pero del cuadro no, y eso es el sueño de cualquier artista, que su obra perdure.

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