Tribunales
El juicio por el crimen de Sagunto en Córdoba queda visto para sentencia tras la declaración de los tres acusados: "No soy ningún asesino"
La mujer, embarazada de dos meses, describe un intento de agresión sexual por parte de la víctima que fue el desencadenante de la violencia ejercida

Traslado del cadáver de la víctima, tras su hallazgo el 3 de abril de 2024. / Manuel Murillo

"No soy ningún asesino". El juicio por el crimen de Sagunto, cometido en abril de 2024, queda visto para sentencia tras la declaración de los tres acusados en una sesión breve y marcada por el testimonio inconexo, impreciso y deslavazado de uno de los acusados.
R. F. L., para quien la Fiscalía solicita 27 años de prisión (20 de ellos por el presunto asesinato de Rafael), ha respondido únicamente a las preguntas de su abogada, aunque eso sí, de manera bastante imprecisa y genérica, sin aportar demasiados detalles sobre lo ocurrido aquella noche. Durante su interrogatorio, explicó que llegó a Córdoba junto a su pareja, acusada de complicidad en el asesinato, para trabajar en la construcción. Según su relato, ambos conocieron a la víctima y a J. G. B., el otro acusado de asesinato, en un comedor social de la capital. Posteriormente, Rafael les alquiló una habitación y el salón de su vivienda, ubicada en la citada zona de Córdoba.
"No quería que le pasara eso"
El acusado ha asegurado que, al regresar del trabajo, encontró a su pareja, embarazada de dos meses, "desesperada" y afirmando que Rafael había intentado agredirla. En un relato por momentos confuso y que tuvo que matizar en varias ocasiones, R. F. L. sostuvo que, llevado por el enfado, "golpeé a Rafael". Después, según declaró, atendió a su pareja mientras el otro acusado "lo contenía en una habitación". Más tarde regresó a esa estancia, donde finalmente falleció la víctima.

Juicio por el crimen del barrio de Sagunto, esta semana. / A. J. González
"Le golpeé y él también me golpeó a mí", manifestó durante su declaración. Reconoció haber utilizado "una barra de hierro que había en el suelo" para agredirle y admitió igualmente que empleó el cinturón de un batín para estrangularlo. Mientras tanto, afirmó, su pareja permanecía "desesperada en el sillón" y aseguró que no le contó lo sucedido "para protegerla", ya que "estaba muy asustada por lo que había pasado".
Los vecinos alertaron de que la música sonó toda la noche
Sobre la música que, según los vecinos, sonó durante toda la noche, el acusado incurrió en varias contradicciones. Primero afirmó que "se había puesto antes"; después dijo que "no recuerdo bien" y, finalmente, acabó reconociendo que "sí pusimos música y nos tomamos un par de copas", aunque insistió en que "no había ganas de risa ninguna".
Finalmente, R. F. L. defendió que "no soy ningún asesino ni mucho menos" y aseguró que "no quería que le pasara eso", en referencia a la muerte de Rafael. También sostuvo que, tras estrangularlo con el cinturón, fue consciente de que "lo había hecho mal y quería ayudar", motivo por el que decidió "colaborar" con la Policía y con la Justicia en las declaraciones prestadas en los días posteriores.
Precisamente sobre esas declaraciones incidió el Ministerio Fiscal, que destacó que en su comparecencia de este miércoles el acusado "no hace referencia a ninguna hora", omite determinados episodios y ofrece una versión menos detallada que las anteriores. La Fiscalía también señaló que en esta última declaración apenas mencionó al otro acusado, pese a que sí lo hizo en ocasiones previas. Tras ser preguntado por ello, acabó afirmando que J. G. B. "aguantó a Rafael" mientras él atendía a su pareja. "Lo he pasado muy mal en prisión", concluyó durante su intervención.
"Se me echó encima y me quitó la ropa"
Por su parte, la mujer declaró que conoció a Rafael apenas un par de días antes en el comedor social, junto a J. G. B., tras llegar a Córdoba con su pareja. Según explicó, la víctima les ofreció alojarse en la vivienda y, al segundo día, ella permaneció sola con él mientras los otros dos se marchaban a trabajar.

Juicio por el crimen del barrio de Sagunto, esta semana. / A. J. González
En un momento de la jornada, relató, "se me echó encima, me quitó la ropa y me quedé bloqueada. Estaba fatal". También aseguró que previamente "Rafael estaba con una actitud muy rara, con los ojos y la cara muy raros". La situación, añadió, resultó especialmente traumática porque estaba embarazada: "Estaba encima de mí y tenía la ropa arrancada y hecha jirones", reiteró.
"No escuche nada, ni golpes ni lamentos, estaba bloqueada"
Respecto al momento del presunto asesinato, afirmó que "no escuché nada. Ni golpes ni lamentos", insistiendo en que permanecía "bloqueada" y que no tuvo conocimiento de lo ocurrido hasta el día siguiente. Asimismo, negó haberse reído, tal y como apuntaron varios testigos durante la primera sesión del juicio: "No tenía ganas de risa ninguna".
El tercer acusado se acogió a su derecho a no declarar y tampoco respondió a las preguntas formuladas por su propia defensa.
Conclusiones: la Fiscalía mantiene la acusación por asesinato
En su informe final, el Ministerio Fiscal mantuvo la acusación contra los dos varones por asesinato con alevosía, recalcando que hubo «un plus de vileza» y que la víctima «no pudo defenderse». También sostuvo que «no hay prueba» de la supuesta agresión sexual que, según la defensa, habría desencadenado la violencia y añadió que el relato de la mujer es «carente de detalles». Sobre la muerte, se apoyó en las conclusiones periciales para indicar que Rafael «murió estrangulado durante al menos dos minutos» y que en la intervención participaron «dos personas», aludiendo además a la existencia de ADN de J. G. B. en la víctima. El fiscal retiró la acusación por robo con violencia, pero mantuvo la acusación para la mujer como cómplice.

Traslado del fallecido en Sagunto en abril de 2024. / MANUEL MURILLO
La defensa de la mujer y de R. F. L. alegó que «no hay ninguna prueba que demuestre que ella miente» y que «no hay hechos objetivos» que la sitúen como cómplice. Respecto a R. F. L., pidió que se le condene por homicidio y no por asesinato, subrayando que «ha reconocido que lo mató y ha ayudado en la investigación». También defendió que «no hubo alevosía porque Rafael pudo defenderse» y que no hubo premeditación, al sostener que «no trajeron la barra de hierro de la calle, se la encontraron». Asimismo, solicitó que, en todo caso, se impongan penas por hurto y no por robo. En relación con la presunta agresión sexual, planteó: «¿Toda esta historia se la van a inventar? Tenemos que creer a la mujer».
Por su parte, la defensa de J. G. B. mantuvo la petición de absolución. Admitió que existen pruebas de que estuvo en el lugar de los hechos, pero sostuvo que ninguna acredita su papel, y negó que se haya probado que participara en el estrangulamiento. También rechazó el robo con fuerza y solicitó la aplicación de una atenuante por consumo de drogas, invocando la presunción de inocencia.
Antes de cerrarse la sesión, R. F. L. pidió perdón a la familia «por última vez», reiteró que «no era mi intención» y que está «totalmente arrepentido». La mujer también pidió perdón, insistió en que «no he participado de ninguna manera» y sostuvo que se enteró de la muerte «cuando me lo dijo la Policía».
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