Reportaje
Sacadores de fuego y engastadores: los dos oficios con paro cero en Córdoba que los jóvenes no quieren aprender
Se trata de dos oficios con una alta demanda dentro del sector, donde hay trabajo «de sobra» pero a los que ningún joven quiere optar

Sacadores de fuego y engastadores: los dos oficios con paro cero en Córdoba. / A. J. GONZÁLEZ

«Somos dos pilares fundamentales», «es un sector que se muere». La joyería, históricamente clave para Córdoba, no atraviesa su mejor momento en una cuestión tan básica como la disponibilidad de manos y talento. En una entrevista reciente con Diario CÓRDOBA, el presidente del Parque Joyero, Rafael Ruiz, situaba el foco en dos oficios especialmente demandados: el engastador y el sacador de fuego. Dos especialidades tan silenciosas como decisivas, de esas que no se improvisan y que requieren años de banco y taller. Tanto que no hay paro... ni relevo generacional.
Juan Diego Borrego y Antonio Fuentes llevan más de tres décadas en el sector y coinciden en una idea que se repite entre quienes viven de este oficio: «Es muy bonito y se gana bien».
Origen familiar, precisión milimétrica
Juan Diego Borrego tiene 53 años y la joyería le viene de familia. Su padre era engastador y él aprendió el oficio en el taller, con paciencia y «rompiendo muchas piedras» desde los 15 años. Se declara «apasionado» de un trabajo que define como «el cirujano de la joyería». Con precisión milimétrica, de hecho trabaja incluso con microscopio, y con herramientas como fresas, buriles o calentadores, coloca la piedra en un colgante, broche, gargantilla o la pieza que sea. El objetivo, dice con orgullo, es que el engaste realce el brillo: «Nosotros realzamos la pieza, hacemos que brille más con un buen engastado». Y añade, con la boca pequeña, la otra cara del oficio: «También podemos fastidiarla».
En su banco, la exactitud manda. «Ajustamos las medidas de la piedra al milímetro. Engasto de 0,8 milímetros hasta los seis», explica. El proceso, detalla, empieza pegando la pieza con goma laca, que «se calienta y se pega». «Los trabajos duran desde diez minutos hasta una semana», subraya, porque «ninguna piedra es igual».

Juan Diego Borrego, engastador. / A. J. GONZÁLEZ
Borrego lamenta que en este oficio «hay muy pocas personas» y apunta a dos causas. Por un lado, la dureza del aprendizaje, y por otro la falta de talleres que faciliten la entrada de nuevas generaciones. Esa ausencia de relevo se traduce, también, en una carga de trabajo constante. Reconoce haber vivido temporadas «agobiantes», entrando a las seis de la mañana y saliendo a las diez de la noche. Aun así, lo que le sostiene es el final: «Ver terminada la pieza y la satisfacción del cliente». «Hacemos miles de joyas, pero hay que pensar que cada una es para alguien. Esa persona ha hecho un esfuerzo y es algo especial», resume.
La dificultad de aprender unos oficios marcados por la precisión quirúrgica y el error hace que incluso su futuro corra peligro
A Antonio Fuentes el oficio de sacador de fuego le llegó casi de casualidad. Empezó una FP de automoción, pero por las tardes, con 16 años, se fue metiendo en la joyería. Se enganchó y, tras hacer la mili, entró en una empresa grande «donde hacía de todo». Allí terminó de especializarse y defiende su papel como una pieza vertebral. El sacador de fuego y el engastador, insiste, «somos dos pilares fundamentales».

Trabajo del engastador. / A. J. GONZÁLEZ
Fuentes explica que el sacador de fuego remata una joya hasta dejarla lista. Aunque cree que es también un perfil que necesita entender el proceso completo. «Tiene que saber de todos los pasos de una pieza. Fundición, engaste, diseño… de todo», señala. En la práctica, se sienta al banco a limar, pulir y repasar, pero, a la vez, trabaja con la mirada del que anticipa problemas: «Prepara el modelo principal del que va a salir toda la producción, repasa la pieza frente al espejo sabiendo dónde puede fallar…». Para él, la clave está en «interpretar la pieza en todas sus vertientes».
Sus herramientas son las de siempre, es decir, lijas, seguetas, martillos, limas... Y su mantra, estar listo para todo: «Cada pieza es un mundo. Algunas tienen menos trabajo y otras es empezar casi desde cero. Pero me encanta», dice.
Formación de jóvenes
Esa obsesión por el detalle es, precisamente, lo que intenta trasladar ahora a sus alumnos en la Escuela de Joyería, donde da clase desde hace más de tres años. Y ahí vuelve a aparecer el mismo diagnóstico, la falta de relevo. Fuentes lamenta que «no hay nuevas generaciones», pese a que la inserción del sector «es del 75-80%». Cree que pesan la dureza del oficio, el cambio de expectativas de los jóvenes y, sobre todo, la falta de talleres donde se aprenda de verdad. «Hay mucho trabajo», insiste, pero también lanza una advertencia a modo de lamentación: «Tengo claro que se va a acabar», empujado, además, por máquinas «muy buenas». Aun así, marca un límite: «La mano del hombre tiene que estar siempre. Sobre todo en las piezas con personalidad y de categoría».

Antonio Fuentes, sacador de fuego. / A. J. GONZÁLEZ
Para revertir la tendencia, Fuentes apunta a una solución tan sencilla como complicada, como es facilitar que el empresario forme. «Hay que ayudar al empresario y al autónomo a que contrate y enseñe a una persona», porque «es complicado pagarle a alguien si no te aporta dinero o no tiene experiencia», zanja. En ese equilibrio entre tradición y futuro, entre banco y relevo, se juega, según quienes lo viven desde dentro, una parte del pulso industrial de Córdoba.
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