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Crónica

El Corpus Christi vuelve a relucir en Córdoba en su jueves tradicional

La ciudad ha vuelto a demostrar la celebración sigue ocupando un lugar privilegiado en su alma colectiva

El Corpus vuelve a relucir en Córdoba en su jueves tradicional

Manuel Murillo

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Córdoba

El viejo refrán volvió a hacerse verdad en Córdoba. Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. Y aquel Corpus de jueves ha relucido tanto esta tarde que hasta el calor ha parecido querer sumarse a la solemnidad de la jornada.

La tarde caía sobre la ciudad envuelta en un aire ardiente. El sol se aferraba a las piedras doradas de la Catedral, a las fachadas encaladas y a los adoquines del casco histórico, que devolvían el calor acumulado durante todo el día. Pero ni las altas temperaturas ni la intensidad de la tarde han restado un ápice de fervor a una celebración largamente esperada. Córdoba ha recuperado, para el Corpus, al menos este año, el jueves tradicional, y la ciudad ha respondido con la misma fidelidad con la que guarda sus grandes devociones.

Desde mucho antes del inicio de los actos litúrgicos, las calles del entorno catedralicio comenzaban a llenarse de fieles. Familias enteras buscaban un lugar en la sombra desde el que contemplar el paso de la procesión, mientras turistas y visitantes se mezclaban con los cordobeses que cada año esperan esta cita marcada en el calendario religioso.

La solemne eucaristía presidida por el obispo Jesús Fernández ha reunido en la Catedral a sacerdotes, hermandades, movimientos eclesiales y numerosos fieles. Allí ha comenzado una jornada marcada por el simbolismo, especialmente en un año señalado por la próxima visita del Papa León XIV a España.

Siete altares efímeros

Tras la eucaristía ha dado comienzo la procesión eucarística por las calles. El cortejo se ha puesto en marcha con la dignidad de las grandes ocasiones: representantes de hermandades, autoridades civiles y eclesiásticas, estandartes, acólitos, fieles y la presencia de numerosos niños y niñas que habían recibido este año la Primera Comunión. Vestidos con sus trajes blancos y acompañados por sus familias, han formado parte destacada del cortejo eucarístico acompañando al Santísimo por las calles de la ciudad.

Las marchas interpretadas por las bandas de la Estrella, tras la Custodia, y de la Salud han envuelto el recorrido mientras la procesión transitaba por Cardenal Herrero, Magistral González Francés, Cardenal González y San Fernando. El suelo de las calles se ha cubierto de juncia y romero, formando una alfombra vegetal que ha desprendido un intenso aroma a cada paso de la comitiva. La fragancia de las hierbas aromáticas se mezclaba con el incienso y creaba una atmósfera única, evocadora de antiguas celebraciones que han pasado de generación en generación.

A lo largo del recorrido previsto por el Cabildo Catedralicio y la Agrupación de Cofradías para esta salida procesional se han dispuesto siete altares efímeros levantados por distintas hermandades cordobesas para honrar el paso de Jesús Sacramentado. Las corporaciones del Remedio de Ánimas, Amor, Penas de Santiago, Carmen de Puerta Nueva, Carmen de San Cayetano, Vía Crucis, Santa Faz, Perdón y Dolores de Alcolea levantaron espacios cuidadosamente exornados.

La comitiva ha alcanzado Claudio Marcelo y las Tendillas continuando por Jesús y María, Ángel Saavedra, Blanco Belmonte, Conde y Luque, Deanes y la Judería buscando nuevamente la Catedral. El avance pausado del cortejo ha permitido contemplar con detalle una estampa que unía patrimonio, tradición y fe en el corazón histórico de la ciudad.

Ya entrada la tarde, cuando la luz comenzaba a suavizarse y el calor concedía una tregua, la Custodia ha regresado al primer templo de la diócesis. Mientras los últimos compases musicales acompañaban la entrada del Santísimo el cortejo se disolvía lentamente entre las calles del entorno catedralicio, Córdoba volvía a reconocerse en una de sus estampas más características. Una ciudad que, fiel a sus raíces y a su historia, ha vuelto a demostrar que el Corpus Christi sigue ocupando un lugar privilegiado en su alma colectiva.

Entonces, como tantas veces antes, el viejo refrán resonó con toda su fuerza sobre la ciudad: hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión.

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