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Verano

Figueroa y Santuario estrenan la temporada de piscinas en Córdoba: «Es nuestro socorro frente al calor»

Familias y amigos acuden a las para disfrutar de las tardes de verano, convirtiéndose en un punto de encuentro social de amigos y vecinos del barrio

El Santuario y Figueroa inauguran la temporada de piscinas

A. J. González

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Con los termómetros rozando los 40 grados, las piscinas abarrotadas y los primeros chapuzones del verano. Santuario y Figueroa han inaugurado este lunes la temporada de baño y los vecinos de ambos barrios se han echado al agua: «Venimos aquí todos los días» o «esto es nuestro socorro frente al calor», repetían entre sombrillas, sillas plegables y toallas extendidas sobre el césped.

En Figueroa, Ana María Requena, Rafael Guillaume y Antonio Rodríguez ya se han dado el primer baño del año y descansan ahora en sus sillas de plástico. «Llevamos desde que abrieron la piscina. Hemos visto cómo las construían», cuentan entre risas. Llegaron a las 16.00 horas y aseguran que vienen «todos los días». Les gusta pasar la tarde con los vecinos, charlar y darse un remojón cuando el calor aprieta.

Familia y amigos contra el calor

Unos metros más allá, José Manuel Ruiz y María Luisa Franco enlazan recuerdos en el mismo borde de siempre. «Veníamos con nuestros hijos, luego con nuestros nietos y ahora solos», dice ella. «Mis niñas se han criado aquí», añade. Él rememora cuando venía «hace casi 50 años» con sus amigos: «Montábamos nuestras pequeñas fiestas en la piscina grande», cuenta con una sonrisa. Los dos coinciden en que es un espacio cómodo y casi imprescindible para un verano que, dicen, «cada año llega antes».

Decenas de cordobeses desafían al calor con el primer chapuzón del año

Ana María Requena Rafael Guillaume y Antonio Rodríguez / A.J. González

Los jóvenes también toman posiciones. Hugo Anguita y Pablo Mansilla, de 16 años, se tumban en la toalla después del baño. «Venimos aquí desde hace años, todos los días. Nos juntamos con los amigos, charlamos, echamos el día…», explican. Eso sí, reconocen que en estas fechas aún cuesta despegarse de los apuntes: «La gente está de exámenes y hay que estudiar». En el bar, otro grupo juega a las cartas mientras toma refrescos. «La piscina es la excusa. Llegamos, hablamos, nos reímos y echamos la tarde», resume Javi Reinoso. Juanma Sánchez lo remata con naturalidad: «Venimos todos los días, como todo vecino del barrio».

El goteo de entrada no para. Llegan familias con neveritas, botellas de agua, toallas y sillas plegables, dispuestas a aguantar la tarde entera. Víctor Navarro se baña con su hija Martina, que salta, grita y se agarra a sus brazos. «Ella suele venir con sus amigas, pero hoy hemos venido solos y me trae loco», dice el padre riéndose, mientras la niña insiste en que le encanta venir a jugar con sus compañeras de clase y vecinas.

Decenas de cordobeses desafían al calor con el primer chapuzón del año

Decenas de cordobeses desafían al calor con el primer chapuzón del año / A.J. González

Lleno en El Santuario

En el Santuario, el ambiente no es muy distinto. Nerea Nieto ha llegado a primera hora con sus dos hijos a una piscina a la que, asegura, va de toda la vida. «Hace muchísimo calor. Se agradece que hayan abierto el mismo día 1», comenta mientras ajusta las gafas a una de las pequeñas. Acaban de bañarse y ya piensan en volver al agua: «Ahora vamos a repetir». Poco después de abrir, dice, “está a tope”.

Más tranquilo vive la jornada Rafael García, vecino de siempre de La Fuensanta. Móvil en mano viendo la TV, cuenta que para él «esto es el verano». «Me gusta darme un baño nada más llegar y luego quedarme en el césped tranquilamente, y si acaso, mojarme la cabeza en la ducha», comenta.

Pegadas a la piscina, Estefanía Martos y Ana Teresa Medina vigilan a sus hijas y nietas de cinco años. «Ahí las tienes: no paran quietas», dice la madre, divertida. Estefanía se hizo socia en su juventud y volvió «cuando se mudó al barrio», mientras que Ana Teresa asegura que ha visto «cómo crece esto». Con la piscina llena desde primera hora, ambas tienen claro el plan: venir a diario. «Es nuestro socorro contra el calor que hace. Si no, no se puede estar», zanjan con una sonrisa.

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