Entrevista
Jesús Fernández, obispo de Córdoba: «La Mezquita-Catedral es un símbolo muy potente de entendimiento entre culturas y religiones»
Jesús Fernández cumple un año desde su nombramiento como obispo de Córdoba y hace balance de su llegada, la vida pastoral, las cofradías, la pobreza y la Mezquita-Catedral

Víctor Castro

-¿Qué balance hace de su primer año al frente de la diócesis de Córdoba?
-Ha sido un año lleno de gratas sorpresas al descubrir una diócesis con mucha vida, mucha gente en las parroquias, de todas las edades y mucha implicación también pastoral. Ha sido un año también de impulso. He tratado de acoger y escuchar las inquietudes de las personas y a la vez he tratado de abordar esas situaciones, sobre todo las más problemáticas. Y ya estamos planificando el futuro, escuchando a la gente y viendo cómo podemos abordar los distintos retos que se nos presentan en la formación, la caridad, el culto y la vida popular.
-¿Qué Córdoba se encontró cuando llegó, tanto en lo religioso, en lo social y también en lo humano?
En lo humano me he encontrado a personas muy alegres, muy receptivas y acogedoras. Me he sentido muy acogido desde el primer momento y lo he hecho desde la ilusión por vivir la unidad, la comunión en la Iglesia y por hacer cosas. Hay mucha vitalidad pastoral, también en las parroquias. Eso para mí ha sido una gran sorpresa porque venía de otra diócesis mucho más humilde, con una población menor, con muchos ancianos y pocos niños y que tenía un buen nivel de actividad, sí, que en muchos casos yo fui poniendo en marcha. Aquí he tenido que crear poco.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández. / VÍCTOR CASTRO
-Comenta que en la anterior diócesis había mucha gente mayor, ¿en la de Córdoba se está encontrando con mucha gente joven que participa de la vida religiosa?
-Sí, me sorprende bastante esa participación. Creo que tiene mucho que ver con la piedad popular porque los ves ya desde niños. La piedad popular está haciendo mucho bien porque transmite la fe e incorpora a la vida comunitaria de la Iglesia, pero también a la vida social. Y en esa vida social también hay otro detalle que me ha llamado mucho la atención y es que hay una mejor integración y mayor cercanía entre Iglesia y sociedad. Además, hay que reconocer el papel que la Iglesia está realizando en el mundo social, sobre todo a través de instituciones benéficas, como Cáritas o Manos Unidas.
-Ya que habla de piedad popular, ¿cree que las cofradías son, a día de hoy, una de las mayores herramientas de evangelización que hay en Córdoba?
-Yo creo que sí, que es una de las herramientas más propicias para la evangelización. Dicho esto, también desde la Delegación de Cofradías y Hermandades estamos impulsando una mejora de la formación, sobre todo de sus líderes. Pero respecto a la pregunta, sí. La labor, lógicamente, no es perfecta, pero es un ámbito muy propicio, como también lo son las parroquias, por ejemplo.
"La piedad popular está haciendo mucho bien porque transmite la fe"
-¿Existe el riesgo de que toda esa religiosidad se quede en lo popular y lo estético y no se ahonde en la fe?
-Sí, ese riesgo existe aquí y en todos los sitios. Precisamente, hace poco, la Comisión Episcopal de Doctrina de la Fe ha publicado un documento donde habla de ese riesgo de reducir la fe a algo emotivo, a puro sentimiento. Yo siempre digo que eso es una puerta interesante para entrar y que muchos jóvenes entran por ahí. Si existe ese sentimiento de emoción, en un momento dado se necesitará profundizar, porque el ser humano no es solo los sentimientos, también está la inteligencia. Hay que entender el fenómeno religioso, lo que es Jesucristo y quién es y hay que entender lo que significa la fe y la vivencia de dicha fe. Luego, por supuesto, está el compromiso social de las cofradías, un compromiso caritativo que es grande. Por lo tanto, el riesgo existe y por eso debemos complementarlo con otras dimensiones de la persona que es el entendimiento y el conocimiento de la verdad revelada de Jesucristo y del Evangelio. Digamos que hay que poner en práctica el compromiso cristiano a través de la caridad, el apoyo social, la lucha por la justicia o la promoción de la dignidad de la persona.
-Siguiendo con la Semana Santa, ¿qué opina de esa dimensión social que tiene en Andalucía y de que exista incluso la figura del ‘ateo cofrade’?
-Entiendo que lo ideal sería que se llegara a profundizar en el significado último porque eso existe por razones de fe. Si está Jesucristo en la calle no es por casualidad, no se hace pública manifestación porque sea una imagen bonita, sino por lo que significa. Desearíamos que ese sentido último llegara, y si se queda en lo estético, tampoco está mal porque como acto cultural está bien. Pero ahí faltaría disfrutar de todo el significado. De hecho, esperamos que el testimonio de los que realmente creemos pueda ayudarles a entender que hay un más allá que le vendría muy bien y le ayudaría como persona. Esto no siempre es posible, pero yo creo que sería deseable.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández. / VÍCTOR CASTRO
-Más allá de la Semana Santa, ¿cree que con la cantidad de salidas extraordinarias que hay se está desvirtuando el sentido de esa palabra? El debate lleva abierto un tiempo e incluso por parte de la misma Agrupación.
-Posiblemente sí, yo también noto esta preocupación en la Agrupación porque no podemos convertir lo extraordinario en ordinario. Puede llegar el momento en que hastíe. Y aparte están las incomodidades que puede crear en una ciudad donde la circulación muchas veces se ve interrumpida y la gente también tiene derecho a poder moverse con normalidad. Entonces sí, se trata de regular, de intentar que eso no sea ordinario, que no sea lo normal, sino raras excepciones y muy significativas.
-¿Qué prioridades tenía al llegar y cuáles mantiene a día de hoy?
-La primera que puse sobre la mesa fue la escucha porque yo no conocía la diócesis. El primer objetivo era escuchar a personas y a instituciones y eso lo cumplí con intensidad. Ahora estoy otra vez en una fase de mucha escucha de cara a organizar la pastoral de los próximos años y los ministerios, las ocupaciones de las personas, buscando que estén en el lugar en que mejor puedan rendir y ofrecer sus talentos, sus cualidades al servicio de la Iglesia y de la sociedad. La escucha ha sido lo primero y a partir de ahí ha sido fundamental también responder a las peticiones que se han ido haciendo, como la visita pastoral, que es una visita sistemática a la zona de Baena y Castro del Río, donde he estado en todas las parroquias, colegios y ayuntamientos.
"El primer objetivo era escuchar a personas y a instituciones y eso lo cumplí con intensidad"
-Llegó usted con un perfil muy marcado por Cáritas y lo pastoral, ¿sigue siendo la atención a la pobreza una de sus grandes prioridades en una ciudad con varios de los barrios más pobres de España?
Sí, es una de las prioridades. He tenido contacto con instituciones como Cáritas o Manos Unidas, con congregaciones religiosas que están haciendo una labor social, con los Servicios Sociales municipales o la Diputación. Todavía no he tenido oportunidad de visitar los asentamientos periurbanos que sé que están viviendo situaciones muy difíciles, próximamente lo haré. Ya tenemos un mapa, un diagnóstico de esas necesidades. Al final no ha sido solo escuchar, sino también promover acciones, sobre todo de cara a la formación de niños y jóvenes porque el problema para salir de ahí está en que se tiende a replicar lo que se ve en los mayores. Si un niño que nace en esas condiciones tiende a replicar y a repetir, ese círculo se nos está haciendo muy difícil romper y sabemos que esto viene de lejos.
-¿Siente que Córdoba ya lo ha acogido como a su obispo?
-Creo que sí, aunque no soy el más adecuado para decirlo, pero yo siento que es así. Me siento muy acogido y diría que incluso querido.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández. / VÍCTOR CASTRO
-¿Cómo ha encontrado al clero?
-Bien, aunque a veces está un poco sobrecargado de trabajo. Algunos se me quejan y es verdad. Cuando hay mucho trabajo es difícil centrarse. Pero la tónica general es que he encontrado un clero muy sano, muy dispuesto a trabajar, muy con el obispo. Hay también excepciones, claro, como en todos sitios, pero la inmensa mayoría está muy dispuesta a colaborar. Además, hay que aludir a su espíritu de fe y religiosidad. Son sacerdotes que rezan, que celebran la fe y se les ve con fe y con vida interior.
-¿Qué tipo de sacerdote necesita hoy Córdoba?
-Uno muy centrado en el Señor y en la vida espiritual y muy dispuesto a ir también hacia la vida de la pastoral. Estoy lanzando mucho la idea de la conversión pastoral o la renovación pastoral, que es lo que nos va a servir para intentar llegar a todo. Hay que ir buscando mejor coordinación para economizar energías. También tenemos que ir buscando más implicación de los equipos de laicos y crear estructuras de colaboración entre parroquias porque a veces se cierran y nadie quiere moverse de su parroquia. Tenemos que ver que la Iglesia es mucho más grande que mi parroquia y que hay que colaborar con otras cercanas y compartir servicios incluso el ministerio sacerdotal.
"Córdoba necesita un tipo de sacerdote muy centrado en el Señor y en la vida espiritual"
-La Mezquita-Catedral es el gran símbolo religioso, patrimonial y turístico que tenemos en Córdoba, ¿cree que se ha logrado el equilibrio entre templo, monumento y recurso turístico?
-Sí, creo que se va consiguiendo. Como recurso turístico la realidad es indudable, sigue viniendo muchísima gente. Se está aprovechando para exposiciones o conciertos, con lo cual lo cultural se está atendiendo también. Y desde el punto de vista religioso, ahí tenemos las grandes celebraciones. La Diócesis sabe que esta es su catedral, es su templo mayor, la iglesia madre y acude con mucha devoción a ella en distintos momentos.
-¿Cómo es dar misa en la Mezquita-Catedral?, ¿se diferencia mucho de una iglesia normal?
-Hombre, sí, es imposible aislarte del contexto en el que estás. Además, es un símbolo religioso, pero en un sentido muy amplio porque ahí ha habido otro credo también rezando a su Dios. Es un símbolo maravilloso de entendimiento entre culturas, ahí está en pie una cultura musulmana y está en pie, en el corazón, la cultura cristiana que ha sabido abrazar a la cultura musulmana sin destruirla. Creo que es un símbolo muy potente de entendimiento entre culturas y religiones.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández. / VÍCTOR CASTRO
-La Iglesia española sigue afrontando el debate sobre los abusos y la reparación a las víctimas, ¿qué garantías ofrece la diócesis de Córdoba en materia de prevención, de transparencia y de acompañamiento?
-Tenemos un impulso importante de formación. Creo que la clave es la formación, que la vehiculamos a través del centro del Sagrado Corazón, donde cientos de personas se han ido formando. En los colegios también hay una preocupación especial para que eso no se dé. También tenemos una escuela de tiempo libre donde existen unos protocolos para que no se produzcan esas situaciones. En toda la red de instituciones que dependen de la Diócesis estamos intentando cuidar mucho el protocolo, la formación de los agentes, de los monitores, de los profesores y de los sacerdotes. Y por supuesto hay una vigilancia constante porque es un tema con el que tenemos una especial preocupación. Hay que incidir en la prevención, eso es lo principal. Y luego, si se dan casos, hay que aplicar las soluciones que el derecho y los protocolos tienen previsto.
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