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Atentado terrorista

Tres décadas del "golpe directo" de ETA a la BRI X: el asesinato del sargento Ayllón en Córdoba

El exalcalde Rafael Merino, la Asociación de Víctimas del Terrorismo y vecinos de Fátima recuerdan el atentado de 1996, que provocó un escenario "dantesco" en Carlos III

30 años del atentado que llevó la amenaza de ETA a Córdoba

A. J. González

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Pilar Cobos

Pilar Cobos

Córdoba

Treinta años después del asesinato del sargento Miguel Ángel Ayllón por parte de ETA en la avenida de Carlos III (Córdoba), todavía se observa metralla en el edificio de viviendas ubicado junto al lugar del atentado, en la confluencia con la calle Doctor Antonio Manzanares. Lo muestra a Diario CÓRDOBA Manuel Alcalá, quien, como otros vecinos de la zona, mantiene muy vivo el recuerdo de lo acontecido el 20 de mayo de 1996.

La amenaza terrorista llegó también a la provincia, evidenciando que no era un problema exclusivo del norte de España. Supuso "golpear directamente a nuestra unidad", recuerdan fuentes de la Brigada Guzmán El Bueno X. "Quedó patente que Córdoba se había convertido en objetivo, lo eran las Fuerzas Armadas en toda España y las medidas de seguridad se mantenían siempre, pero parecía que todo aquello ocurría muy al norte y aquello trajo la amenaza aquí abajo", explican.

En esos días, regía la ciudad Rafael Merino, que no había cumplido un año como alcalde todavía. "Cada vez que paso por Carlos III, instintivamente, miro a la zona donde se produjo el atentado. Las imágenes grabadas en la memoria son impactantes, incluso después de tanto tiempo", admite. Rafael Merino recuerda un "escenario dantesco, con un montón de pisos muy dañados, mucha confusión y mucho nerviosismo de los vecinos". Vimcorsa respondió de manera "efectiva", arreglando edificios y viviendas, y, "más o menos, se controló la situación".

Tres décadas del golpe de ETA a Córdoba

Lugar del atentado de ETA, registrado el 20 de mayo de 1996 en Carlos III. / FRANCISCO GONZÁLEZ

"Los tres asesinos están en la calle"

Este periódico ha contactado con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que destaca la edad avanzada de los afectados como un hándicap para contactar con ellos. Los padres del sargento Ayllón tienen alrededor de 90 años de edad y el atentado dejó cuatro heridos, que fueron el matrimonio formado por Manuel Espino, de 53 años, y Antonia Lara, de 52; y el capitán Antonio Duque y el alférez Antonio Granados.

El consejero de la AVT, Miguel Folguera, valora como positivo el recuerdo de las víctimas "y de la verdadera historia que hemos vivido, más de 50 años de terror de ETA, para que lo sepan los jóvenes". En declaraciones a este periódico, lamenta que "los tres asesinos del sargento Ayllón están en la calle" y critica la aplicación de una "amnistía encubierta". Además, opina que "ETA sigue más viva que nunca desde el momento en que Bildu, su brazo político, está en las instituciones".

Tres décadas del golpe de ETA a Córdoba

Manuel Alcalá señala los restos de metralla del atentado. / A. J. González

Etarras en la cárcel y "muchísimos" vecinos militares

Para Francisco Bellido, presidente en funciones de la asociación vecinal Amanecer de Fátima, en los años 90 "el barrio estaba un poco en el punto de mira. Teníamos el paso de los militares para Cerro Muriano y la prisión", un centro donde, además, había etarras encarcelados. "Había preocupación y, a raíz del atentado, más todavía", reconoce. Sin embargo, en la actualidad Fátima tiene a "muchísimos vecinos" que trabajan en el Ejército y en la Guardia Civil, y "aquello queda lejos y la convivencia es muy buena", subraya.

Cristales de ventanas clavados en las paredes

María del Carmen Lobato y Pepi Pastor son vecinas del número 11 de Carlos III. Recuerdan con nitidez los dos coches, rojo y gris según describen, cargados con 200 kilos de explosivos y aparcados frente a sus viviendas. Días atrás, los etarras los habían robado a los propios vecinos. La primera bomba, ubicada en un contenedor, explotó sobre las 7.40 horas (acabando con la vida del sargento Ayllón) y horas más tarde la Policía detonó otra, alojada en uno de esos vehículos, en la avenida.

Tres décadas del golpe de ETA a Córdoba

María del Carmen Lobato y Pepi Pastor charlan en la avenida de Carlos III. / AJ González / COR

Pepi Pastor logró abandonar la vivienda en el último momento, acompañada por dos de sus hijos y cuando sus otros tres hijos estaban ya fuera. Como consecuencia de la explosión, "los cristales se clavaron en las paredes de la casa", detalla. Se desplomaron cortinas, ventanas y techos, y al regresar estuvieron una semana sin puertas, con los agentes haciendo guardia en el acceso al edificio porque muchos pisos se hallaban vacíos.

En la misma línea, Manuel Aguilera, cuyos padres residían entonces en el número 9, apunta que "mi madre y mi tía estaban en el portal cuando estalló la primera bomba. Estuvieron todo el día metidos en casa".

"Ocurría algo gordo, pero no éramos conscientes"

Rafael Leva, que entonces regentaba la Cristalería Levante (hoy en manos de sus hijos) recuerda la localización de los dos coches bomba y señala que "sabíamos que estaba ocurriendo algo gordo, pero no eramos conscientes. Nos enteramos después de cómo nos podía haber afectado, pero la gente pasaba arriba y abajo para ir a trabajar. Nosotros estábamos por aquí atendiendo a nuestros clientes".

Tres décadas del golpe de ETA a Córdoba

Rafael y José Leva, en la Cristalería Levante. / A. J. González

También se hallaba en su sex shop, Ninfa's, Bartolomé Benavides, el padre de Daniel, quien afirma que "todos teníamos miedo". Su padre habilitaba la tienda actual (el otro local se halla a unos metros) y la Policía le indicó que entrase en el inmueble y que bajase las persianas. La explosión del coche "hizo retumbar todo y destrozó cristaleras y otros materiales".

"Una antena inhibió la frecuencia"

De su parte, Manuel Alcalá recuerda el contexto del atentado, coincidiendo en detalles y rumores escuchados hasta la fecha. En los días previos, los terroristas "pinchaban las ruedas de los coches" que aparcaban en la esquina con Doctor Antonio Manzanares para reservar ese sitio al contenedor donde colocaron la bomba, porque allí paraba el autocar de militares que subía a la base de Cerro Muriano. "Ellos estaban en el antiguo bar Santos y una antena de radioaficionado de mi vecino inhibió la frecuencia, si no, habrían estallado los coches", precisa. También recuerda la indignación ciudadana generada y la movilización de los 50.000 cordobeses que protestaron contra este ataque terrorista dos días más tarde, y lamenta que el sargento Ayllón "podría tener ahora 57 años".

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