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Arqueología

Buscaban los orígenes de la Córdoba omeya y dieron con los inicios de la Córdoba romana: «Es un hallazgo muy interesante»

El equipo de Rusafa Arqueología ha descubierto en Turruñuelos una estructura de época tardorrepublicana de uso productivo, abriendo una ventana a los orígenes de la explotación del entorno de la urbe

El equipo trabajando en la excavación.

El equipo trabajando en la excavación. / CÓRDOBA

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Buscaban los primeros rastros de la Córdoba omeya y han terminado sacando a la luz un capítulo aún más antiguo, el de los orígenes de la Córdoba romana. Un equipo de Rusafa Arqueología ha localizado en la zona de Turruñuelos un edificio de época tardorrepublicana, datado entre el siglo I a. C. y comienzos del I d. C., un hallazgo que abre una ventana poco habitual a los orígenes de la explotación del territorio en torno a la ciudad. «Es un hallazgo muy interesante», resume Carmen González, directora de la intervención.

Buscando los orígenes de Córdoba omeya

Las catas se han realizado en el Jardín de los Granados Sefardíes, en la zona de Turruñuelos, dentro de un proyecto en el que trabajan también la Universidad de Córdoba y el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid. El objetivo inicial era otro, localizar parte de la almunia del emir Abd Al-Rahman I, el príncipe omeya que fundó el Emirato de Córdoba en el año 756. Aquella almunia, una finca palaciega ligada al poder, el recreo y la producción agrícola, es uno de los símbolos tempranos de la Córdoba omeya y, con ella, el emir buscó evocar la Siria de la que procedía. Sin embargo, los resultados de las catas romanas apuntan a que ese complejo islámico podría ubicarse más bien en el entorno de la actual clínica oftalmológica de la Arruzafa, explica González.

Imagen de los restos encontrados.

Imagen de los restos encontrados. / CÓRDOBA

En cuanto al hallazgo romano, se trata de una estructura cuadrada de aproximadamente 15 por 15 metros, vinculada a una función productiva. Formaría parte de un complejo de mayor tamaño, de unos 50 metros. El elemento central descubierto estos días tiene carácter hidráulico: una pileta o cisterna de grandes dimensiones, no especialmente profunda. «Por ahora no sabemos con exactitud su uso», matiza la arqueóloga, aunque esa configuración «nos hace pensar que se utilizaba para producir algo», posiblemente relacionado con vino o aceite.

La Córdoba romana en sus inicios

González insiste en que la relevancia del hallazgo va más allá de la estructura en sí. «Tenemos muy pocos datos de esa época temprana romana», recuerda. Los romanos llegaron a la zona a finales del siglo III a. C., y la ciudad no se fundó hasta el 169-168 a. C., de modo que sigue habiendo lagunas sobre cómo se organizaba el territorio, cómo se explotaba y cuál era la relación entre el campo y la ciudad en esos momentos iniciales. «Es un edificio muy importante por eso», recalca.

La arqueóloga señala que en el entorno ya se habían documentado restos romanos, sobre todo de carácter hidráulico: por ejemplo, trazas de acueductos que llevaban agua desde la sierra hasta la ciudad. Sin embargo, en su mayoría eran hallazgos de cronología posterior. «Sabemos que en la zona había estructuras tardorrepublicanas» que «podrían estar relacionadas» con este descubrimiento, aunque subraya que «aún estamos montando el puzle».

Equipo que ha formado parte de la excavación.

Equipo que ha formado parte de la excavación. / CÓRDOBA

Además, el hallazgo permite afinar la lectura de ese «paso intermedio» entre la sierra y la urbe en una etapa de la que no siempre hay evidencias claras. De hecho, González apunta a que aquí podría situarse parte de «los inicios económicos» de la Córdoba romana. Ese tramo de transición entre la ciudad tardorrepublicana y la Córdoba altoimperial, en la que con Augusto se producen transformaciones importantes. «Hay un momento intermedio del que no tenemos tanta información. Ahí se sitúa el descubrimiento», resume.

Por ahora, la estructura se ha vuelto a tapar para permitir el uso normal del parque. A partir de aquí, señala la directora, comienza el trabajo de laboratorio: analizar muestras, materiales y datos para concretar la cronología y, sobre todo, resolver la pregunta clave. «Ahora toca afinar para saber para qué servía exactamente aquello».

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