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Reportaje

El “influmédico” que humaniza la bata: Marius Lekker reivindica en Córdoba el humor como medicina

Especialista en Medicina Preventiva, compagina su labor hospitalaria con la creación de contenido en redes sociales, donde acumula más de 1,4 millones de seguidores, para divulgar y desdramatizar la sanidad

Mario Gil, en el Reina Sofía.

Mario Gil, en el Reina Sofía. / Chencho Martínez

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Humanizar, divulgar, desidealizar y hacer reír. Son cuatro verbos con los que Mario Gil, más conocido como Marius Lekker, ha construido una comunidad enorme en TikTok e Instagram, donde suma 424.000 y 984.000 seguidores, respectivamente. Este “influmédico”, como se autodefine, ha pasado este martes por Córdoba para ofrecer una conferencia en el hospital Reina Sofía con motivo de su 50 aniversario, en un acto impulsado junto a Ecolab y coincidiendo con una fecha muy ligada a su especialidad: el Día Mundial de la Higiene de Manos.

Pese al tirón en redes, Gil no vive de espaldas a la bata. Es médico y trabaja en Medicina Preventiva, un perfil que suele operar en la retaguardia del hospital —prevención, protocolos, seguridad del paciente— pero que, como reivindica, es fundamental. En su caso, además, esa parte menos visible tiene también un anclaje personal, ya que ha hecho investigación y su tesis está vinculada a la prevención de infecciones, un tema que explica que le toca “muy de cerca”.

Humor para explicar los problemas de la profesión

En redes, su tono es otro, y realiza sketches, pelucas, guiños y escenas reconocibles para cualquiera que haya trabajado en un centro sanitario. A publicar empezó durante la residencia, lo dejó un tiempo y retomó la rutina con constancia hasta convertirla en una disciplina, subiendo un vídeo al día. En su relato hay una idea matriz: la medicina, vista desde fuera, está “demasiado idealizada”, por lo que él quiso enseñar la parte menos glamurosa —las incoherencias del día a día, los pequeños choques con la realidad— sin convertirlo en un tema de debate constante. Su herramienta es el humor, que lo usa de vehículo para denunciar la situación, humanizar la profesión y difundirla.

Esa elección no es casual. Gil insiste en que la línea entre reírse y banalizar es fina, y que por eso cuida el enfoque. Para ello, evita el golpe fácil, huye del ataque político y procura que el chiste no sea un “arma arrojadiza”. Su objetivo, repite, es desdramatizar sin “crispar” y conseguir que el mensaje entre con naturalidad, incluso cuando toca temas sensibles como el cansancio profesional o la presión asistencial.

Mario Gil, durante la charla en Reina Sofía.

Mario Gil, durante la charla en Reina Sofía. / Chencho Martínez

Con el tiempo, el contenido también se le ha abierto. Además de sketches, sube curiosidades y divulgación, porque confiesa ser "un apasionado de la medicina y de su historia". Y, aunque reconoce que compaginar hospital y redes obliga a “sacar tiempo de donde se pueda”, lo resume con una frase muy simple: al final, “uno saca tiempo para lo que quiere”.

Foto femilia tras la conferencia.

Foto femilia tras la conferencia. / CÓRDOBA

Lo mejor de los dos mundos

¿Y qué gana con todo esto? Por un lado, el efecto espejo, muchos sanitarios le escriben para decirle que sus vídeos les ayudan a no quemarse y a sentirse comprendidos. Por otro, algo que él valora especialmente: el contacto directo con la gente. Cuenta que recibe mensajes de personas ingresadas o familias que, en un mal momento, encuentran un rato de alivio compartiendo sus vídeos. Ese feedback, admite, es algo que en la práctica clínica no siempre llega.

Al final, su aportación juega en los dos tableros. En el hospital, trabaja para reducir riesgos y mejorar cuidados. En redes, intenta que, tanto quienes están dentro como los de fuera, entiendan mejor lo que pasa y, de paso, respiren. Porque si la sanidad también se sostiene con técnica, protocolos y evidencia, a veces se sostiene igual con algo más básico, sentirse acompañado… y permitirse reírse de uno mismo.

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