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Comicios autonómicos

Paula Badanelli, candidata a las elecciones andaluzas por Córdoba: «Cuando Vox me ofreció un altavoz, tuve la obligación moral de aceptarlo»

La presidenta del partido en la provincia da el salto al Parlamento andaluz tras haberse fajado en el municipalismo

Paula Badanelli, candidata de Vox por Córdoba al Parlamento de Andalucía

A. J. González

Irina Marzo

Irina Marzo

Córdoba

-Así de entrada, ¿cómo se define Paula Badanelli? ¿Quién es Paula Badanelli?

-Me defino como una persona bastante normal, hogareña, a la que le gusta disfrutar de las cosas sencillas. Soy poco ambiciosa en lo material: no necesito casi nada para vivir. Con que los míos estén bien y sanos, me basta.

-Además de eso, es presidenta de Vox en Córdoba.

-Sí, pero eso no me define. Es una coyuntura. Como quien es presidente de Endesa o tiene un taller mecánico: creo que eso no define a una persona. Ahora mismo es cierto que tengo mucha responsabilidad en el partido y, además, estoy muy ilusionada, muy contenta y muy feliz. Soy presidenta provincial y eso me ha permitido durante estos dos años conocer en profundidad una provincia que no tenía la suerte de conocer tanto. Ahora estoy cada día más enamorada de la provincia de Córdoba. Todos sus pueblos tienen algo.

-¿Qué significa para usted ir de cabeza de lista de Vox al Parlamento andaluz?

-Para mí, ir de cabeza de lista no deja de ser un número. Lo dije en su momento en las municipales, cuando no lo fui, y lo digo ahora que lo soy. Somos un equipo y en la lista todos son importantes, del primero al último. Cada uno representa a su comarca, a su pueblo y a las ideas de Vox. En Vox las personas importan bastante menos que las ideas. Creo que lo importante son las bases y los equipos. Para mí, lógicamente, es un cambio que da un poco de vértigo. Tanto por mi profesión como periodista como por los años que llevo de concejal, siempre he estado de una forma u otra vinculada al Ayuntamiento, a la municipalidad. Es un sitio en el que me siento cómoda y que controlo. Ahora me va a requerir un esfuerzo extraordinario, pero lo afronto con muchísima ilusión. También está el hecho de haber recorrido la capital con personas extraordinarias de mi equipo, que ahora van a tener que jugar otro papel. Y lo van a hacer gracias a que yo doy un paso atrás en el Ayuntamiento.

-¿Dejará entonces el acta de concejal?

-Ese es un tema que todavía no se ha abordado. Lo que sí es cierto es que incluso si no dejo el acta —algo que en este momento no se ha abordado aún—, lo que no tendría mucho sentido es que siguiera siendo portavoz. Esa responsabilidad requiere una dedicación que no son ocho horas diarias ni diez: es todo el día, todos los días.

Con Santiago Abascal en su santoral laico, esta jerezana afincada en Córdoba pide una oportunidad para demostrar que Vox sabe gestionar

-Ya sé que el sondeo importante y único es el del 17M, pero las encuestas que están apareciendo reflejan un cierto estancamiento de Vox respecto al crecimiento que ha tenido en las últimas elecciones autonómicas. ¿A qué cree que se debe?

-Creo que no es exactamente así. Esa es una interpretación de unos datos que ni siquiera son datos ciertos, sino estimaciones. Las encuestas no son resultados reales. Nosotros hemos crecido muchísimo en todas las convocatorias desde 2023. ¿Qué pasa? Que cada circunscripción y cada región tienen sus propias circunstancias. Donde hemos doblado resultados, quizá partíamos de un porcentaje menor. Y donde se supone que nos hemos estancado, como en Castilla y León, hemos sacado el mejor resultado histórico. En unas hipotéticas elecciones generales, por ejemplo, prácticamente todas las encuestas nos están dando más de 60 diputados, cuando ahora tenemos 33. Algunas incluso nos han dado 70. En ningún caso es estancarse. Creo que es un relato que están intentando meter con calzador en la cabeza de la gente para desmotivarnos, pero no lo van a conseguir. En la calle nosotros notamos otra cosa: nuestros mensajes calan y la gente piensa como Vox. Ahora lo que hace falta es que los ciudadanos voten en conciencia y con coherencia al partido que más les representa.

-En Andalucía, lo que sí dan todas las encuestas es que, como mucho, se gobernaría con el PP.

-Claro. También me encuentro con gente que me dice que hay que echar a Sánchez. Y yo me río y digo: «¿Quién está hablando de Sánchez en Andalucía?». Eso también es una tergiversación de la realidad. Aquí no estamos hablando de echar a Pedro Sánchez. Creo que es imposible que el PSOE gane las elecciones. Nadie en Andalucía puede tener en la cabeza la posibilidad de que gobierne el PSOE. Ni María Jesús Montero. Creo que ni ella misma; de hecho, no hay más que verle la cara: se le ha cambiado el rictus, está descompuesta, la han mandado al matadero. Aquí estamos en otra tesitura: o gobierna el Partido Popular con mayoría absoluta para hacer lo mismo que ha hecho estos años y lo mismo que hizo el PSOE en los años anteriores, o gobierna con Vox introduciendo mejoras, cambios, prioridad nacional y sentido común, como ya ha sucedido en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Andalucía se lo merece. Sería muy triste que los andaluces vieran cómo otras regiones avanzan, implantan cambios y mejoran en sanidad, vivienda, servicios y ayudas a los españoles. Creo que nos merecemos la oportunidad de demostrar que, igual que en 2018, ahora también vamos a ser los del mayor cambio y los de la mayor valentía a la hora de votar.

Paula Badanelli, candidata de Vox por Córdoba al Parlamento de Andalucía

Paula Badanelli, candidata de Vox por Córdoba al Parlamento de Andalucía / A. J. González

-Juanma Moreno dice: «O mayoría absoluta del PP o el lío». ¿Qué le contesta?

-Claro, porque para él es muy cómodo. Habla de estabilidad, pero estabilidad es su comodidad y la de todos aquellos que viven bien. En Andalucía y en Córdoba hay un porcentaje de gente a la que no le afecta la inmigración ilegal, ni las pensiones no contributivas, ni la falta de vivienda, porque tienen un estatus o un nivel económico que quieren que siga igual. Pero puede ser un 1% o un 2%. Pero, ¿qué pasa con los agricultores, que están machacados? ¿Qué pasa con los autónomos? ¿Qué pasa con los jóvenes, que venían a comerse el mundo y el mundo se los está comiendo a ellos? ¿Qué pasa con las personas mayores que no tienen acceso a la dependencia? ¿Qué pasa con las pensiones de algunos, que son la mitad que las ayudas que estamos dando a los que vienen de fuera? A toda esa gente le decimos: «Señores, más de lo mismo, no». Prioridad nacional, sentido común y un cambio real de políticas que piensen en la gente normal de la calle, en la gente de los barrios, que es la que siempre sufre las consecuencias de todo lo malo que nos pasa.

-Ha mencionado la inmigración ilegal. ¿Dónde dice que se sufren sus efectos en Córdoba?

-Depende del enfoque que le demos. En cuanto a la prestación de servicios, creo que lo sufrimos todos. Es evidente que tenemos un Estado prácticamente colapsado, bloqueado, que no es capaz de garantizar los servicios básicos a los españoles.

-Pero eso no es culpa de la inmigración, ¿no?

-Partimos de esa base y si ahora abrimos las puertas y vienen un millón, dos millones, tres millones o cuatro millones de personas más, ahí tenemos una de las causas del colapso. No tenemos capacidad. Ojalá la tuviéramos. Ojalá pudiéramos pulsar un botón y duplicar los servicios: hospitales, médicos, viviendas, carreteras, trenes, pensiones. Pero eso es imposible. Si para que una persona que viene de fuera tenga una ayuda de 1.200 euros al mes o más —porque se supone que un mena (menor no acompañado) cuesta unos 54.000 euros al año— una señora viuda en un pueblo de Córdoba tiene que tener una pensión contributiva de 580 euros, perdón, pero por ahí no vamos a pasar. Creemos que los nuestros tienen que estar primero. Es de sentido común. Y esto, lo siento en el alma, lo piensa el 99,9% de los españoles.

-¿No le ve un tufo racista al planteamiento?

-¿Racista por qué? Lo nuestro primero lo llevan haciendo los catalanes muchísimo tiempo. En Cataluña, si no hablas catalán, no encuentras trabajo. Y aquí el PP y el PSOE les han tocado las palmas y lo han apoyado. ¿Eso cómo lo llamarías? Que una persona española que no habla catalán no pueda trabajar en Cataluña. No hablemos ya de las exigencias del PNV o de Bildu en sus negociaciones. ¿Y eso no es racismo? ¿Por qué? Porque en teoría se está discriminando a los españoles. Esto no va de razas. Va de que aquí hay gente que lleva toda la vida cotizando y vive en situaciones absolutamente indignas. De verdad, 580 euros para vivir. ¿Quién puede vivir con eso?

-Antes de monja fue novicia. Usted ha trabajado en la empresa privada antes de entrar en política. ¿Cree que eso es un punto a favor de un político? ¿Es necesario? ¿Sería recomendable?

-Me alegro mucho de que me haga esa pregunta. Igual que creo —no sé si esto es políticamente correcto o no— que cualquier político, antes de llegar a ser diputado nacional, senador o eurodiputado, debería haber sido concejal, porque ahí es donde uno de verdad se patea la calle, conoce los problemas y echa horas. La política municipal es la política real, la más real de todas. También creo que no debería entrar nadie en política sin haber tenido que ganarse un sueldo fuera, porque se le pierde el valor a las cosas. ¿Cómo puedes llevar una lista donde nadie ha tenido que batirse el cobre, ganarse un sueldo, aguantar a compañeros que te hacen la cama, a jefes que te exigen cuando tú no puedes más, o el miedo a que te pongan en la calle? Esas cosas te forman y te conforman como persona y como profesional. Si acabas la carrera y a los 23 años te pones un sueldo —un sueldazo, de 2.500 o 3.000 euros netos— sin ninguna experiencia, no sabes nada de la vida. Pierdes el respeto al valor del dinero y al valor del esfuerzo. Pierdes el respeto a quien viene con un problema de su casa, de su cocina, de su baño sin licencia, de que si espera un mes pierde tanto dinero... Y luego, encima, por seguir, matas. ¿Por qué? Porque no tienes dónde ir. Le digo de verdad que en la lista que ha presentado Vox al Parlamento andaluz no hay ni una sola persona que necesite el sueldo público para vivir. Somos 16. Ni una. A ver qué partido político puede decir eso.

-En Vox hay dirigentes que no han trabajado en otros sitios y encajan con esa descripción que hace.

-Claro, todo el mundo pone el ejemplo de Santiago Abascal. Pero luego están las circunstancias de cada uno. Creo que Abascal, por lo que hizo en el País Vasco, por lo que vivió y sufrió allí, no solo condicionó su vida y la de su familia, sino que le ha hecho tener un interés especial, unos principios inalterables y una lucha por la unidad de España y por la libertad. Algún político tiene que haber que tenga un interés puro. Pero eso es el mirlo blanco. El resto viene a chupar de la teta de lo público y no son capaces de ganarse la vida fuera. Al final, por eso la política tiene la fama que tiene. Luego la gente se pica, se tiran puñaladas traperas y vemos cosas muy feas. Muchas veces es porque no son capaces de ganarse la vida fuera.

-¿Qué referentes tiene en política?

-Santiago Abascal, una persona cuya sola proximidad transmite algo indescriptible. A la gente que cree que es como el resto le digo que vaya a un mitin a escucharlo. Jamás lee, jamás lleva papeles, no lo necesita. Lo que dice le sale del alma y lo cree profundamente. Creo que lo defendería con su vida, como ya hizo cuando tenía 18 años en el País Vasco. Se me pone hasta la carne de gallina. Eso, desgraciadamente, en política no existe. La gente ha perdido los principios y Abascal es capaz de perder la vida por los suyos.

-Es un poco mesiánica la descripción.

-Lo siento, pero lo veo así. No estoy diciendo que sea el único, pero creo que Abascal tiene un plus que probablemente le ha dado lo vivido y lo sufrido.

-¿Y en el plano internacional? ¿Algún referente?

-Me gusta mucho J. D. Vance y también Bukele, el presidente de El Salvador.

-¿Por qué entró usted en política?

-Lo hice porque pensé que era una obligación moral. Tengo los principios que tengo y no los voy a cambiar. Monté un periódico en Córdoba y no nos ocultábamos: era un periódico católico y conservador. Lo hice porque entendía que ciertos principios y cierta forma de vida que yo defendía, y que defendían los socios que entonces entraron conmigo, teníamos que darlos a conocer. Teníamos que dar la batalla cultural desde los medios de comunicación. Cuando Vox me ficha y me ofrece un altavoz más grande para defender lo mismo, a pesar de que estaba cómoda y tranquila, tengo la obligación moral de aceptarlo. Es lo mismo que ahora con el Parlamento.

-En su familia, ¿había antecedentes de gente dedicada a la política? ¿Hablaban de política en casa?

-Nunca. Mi madre era vasca, muy vasca, y mi padre era muy jerezano. Había muchas cosas en las que discrepaban. En mi casa no había una ideología política única y yo he convivido con eso y he sido muy feliz. Somos cuatro hermanos y ha habido momentos en los que algunos hemos votado diferente y no pasa nada. En mi casa nadie ha sido político. Mi padre era médico, pero quería haber sido apoderado. Le gustaban mucho los toros y por eso me llamo Paula: por el torero de Jerez, Rafael de Paula. Mi padre era paulista hasta la muerte. Además, Rafael es muy amigo nuestro.

-¿Cree que les habría gustado verla en política?

-Mis padres fallecieron antes de que yo empezara esta aventura. A mi padre creo que sí. Me habría animado y habría estado orgullosísimo. A mi madre, le habría dado miedo que me pudiera pasar algo. Luego, como tenía otra forma de pensar en algunos aspectos, le habría hecho menos gracia. Me habría apoyado, pero ella sufría mucho con todas mis cosas.

-15.000 votantes todavía no han decidido el voto. ¿Dónde cree que está esa gente y qué les diría para convencerlos?

-Creo que esa gente está, en parte, amedrentada y, en parte, desmoralizada. Algunos han perdido la confianza y la fe; piensan que todos somos iguales y que da igual, porque al final todos hacen lo mismo. Otros tienen miedo a lo que les puedan decir o a lo que la gente pueda pensar de ellos si hablan con libertad de lo que piensan. A ambos les digo que actúen en conciencia y con coherencia, porque el voto es secreto. Gracias a Dios, el voto es secreto.

-¿Cuál cree que es la clave del 17M? ¿Sanidad? ¿Inmigración? ¿Economía?

-Para mí, el tema del 17M es la ilusión, la esperanza de un cambio real. El PP lo prometió y ha vuelto a engañar. Después de ocho años, los andaluces estamos peor. Han tenido todo el poder, todo el dinero y toda la libertad para hacerlo. Creo que la gente no puede caer en la desazón, no, un cambio es posible. Se puede. Todo se puede. Es mentira que no se puedan cambiar las cosas; es que no quieren cambiarlas. Están muy cómodos.

-¿Qué le dice a la gente que piensa que Vox tiene un discurso muy contundente porque todavía no ha gestionado, porque no ha aterrizado en las administraciones, y que luego no será capaz de hacer lo que dice?

-Les digo que nos merecemos, como mínimo, una oportunidad. Porque lo que está claro es que quien te ha engañado ya cinco o seis veces va a volver a hacerlo. ¿Por qué le vas a dar una oportunidad a él y no a quien todavía no te ha engañado? ¿Tienen dudas? Lo entiendo. Pues que nos concedan el beneficio de la duda. Tenemos ganas y gente sobradamente preparada y Andalucía lo merece.

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