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Reportaje

Un año del día que Córdoba se quedó sin luz: así funcionó la ciudad durante el gran apagón

La caída de la electricidad pilló a servicios esenciales como hospitales o fuerzas de seguridad por sorpresa, pero estos supieron reaccionar para dar una respuesta cercana y coordinada a los ciudadanos. Ahora, aseguran estar más preparados para afrontar una situación así.

Apagón en Córdoba: una noche entre el miedo y la incertidumbre

Manuel Murillo

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

Primero fue la pregunta tonta tras una confusión: «¿a ti también se te ha ido la luz?». Después, bajar a la calle y ver que los semáforos no funcionaban y, al observar la incredulidad reinante, pensar —casi buscando el autoconvencimiento— que «en unos minutos volverá». Sin embargo, los minutos se convirtieron en una hora, dos… así hasta la madrugada. Este martes se cumple un año del gran apagón que afectó a España y mientras los vecinos se preguntaban cómo recoger a sus hijos, contactar con sus seres queridos o mantener los alimentos del congelador, los servicios esenciales fueron poniendo en marcha un engranaje que, aunque tuvo algo de improvisación, dio respuesta a las necesidades básicas de la población. En medio del caos, bomberos, policías, médicos y taxistas respondieron con seriedad ante una situación inédita.

Organización el Reina Sofía

A Elena García, directora médica del Reina Sofía, el apagón la pilló en medio de una reunión online. Admite que la situación «fue un caos, pero un caos ordenado» y que la asumieron «con mucha calma» y «no se gestionó mal». Diez minutos después de que se fuera la luz se reunió un pequeño comité para evaluar el escenario. El centro mantuvo electricidad gracias a los grupos electrógenos, lo que permitió sostener todos los servicios salvo la climatización de las habitaciones. «Planteamos que podría durar de seis a ocho horas, pero comenzamos a contactar para tener gasoil por si duraba más», explica García. Paralelamente, se activó «una red de referentes de mandos» para controlar las áreas asistenciales y se ordenó que todos los profesionales tenían que estar localizables y que las guardias fueran presenciales.

El Reina Sofía continuó ofreciendo servicio pese a la situación.

El Reina Sofía continuó ofreciendo servicio pese a la situación. / A. J. GONZÁLEZ

A partir de ahí se abrieron varios frentes. Por un lado, se cancelaron todas las cirugías no urgentes, aunque, según la directora médica, «realizamos entre diez y quince» mientras el país estaba sin luz. Otro punto clave eran los pacientes electrodependientes, fundamentalmente los de diálisis u oxígeno. Los primeros podían recurrir a diálisis manual, aunque se previeron posibles desplazamientos. Sin embargo, el foco estaba en los pacientes con oxigenoterapia, «que son muchísimos», recuerda García. Para darles respuesta, se habilitaron los centros de salud que tenían grupos electrógenos y también espacio en el Reina Sofía. Vinieron cerca de un centenar de pacientes al hospital, además de 520 personas a Urgencias, una cifra «normal», pero con una complicación añadida: «98 de ellos (los que necesitaban oxígeno) se tuvieron que quedar con nosotros». Para ello, se habilitaron habitaciones del Materno Infantil y se trasladaron pacientes al Hospital Provincial. Para García, «estuvo muy bien pensado todo» aquel día, y sirvió para elaborar el Plan de Catástrofes del centro y, sobre todo, «como ensayo para el accidente de Adamuz» pese a que no parecen circunstancias muy parecidas. De ese día aprendieron a «tener un contacto muy claro con el equipo asistencial y de guardia» y a sostener la actividad.

Desde entonces, además, el centro cuenta con un grupo electrógeno más y con un protocolo para electrodependientes, además de un listado actualizado de pacientes con diálisis.

El taxi, un servicio público

Los taxistas también jugaron un papel esencial, sobre todo para trasladar a personas que se quedaron varadas en la estación de tren o de autobuses y no podían regresar a casa. En ese punto se vivieron escenas auténtica tensión con las cancelaciones y, posteriormente, decenas de personas tuvieron que pasar la noche en el vestíbulo. El representante del taxi en la ciudad y conductor, José María Jiménez, define aquel día como «surrealista». «De repente los semáforos empezaron a apagarse y oías avisos en la emisora», cuenta. En la estación de trenes, la gente estaba «desesperada» y «tuvimos que hacer innumerables carreras». Los pagos con tarjeta no funcionaban y, quien no tenía efectivo, «tenías que confiar en que te hicieran un bizum al día siguiente». Jiménez pone en valor el servicio público del taxi, que tuvo que desplazar a muchas personas a Sevilla o Málaga en medio de la incertidumbre, o atender casos como «el de un hombre que necesitaba urgentemente ir a la guardería a por su hija». También destaca que «la gente respondió», y que hubo «solidaridad» y entendimiento por ambas partes. Acabó él y su chófer a las 2.00 de la madrugada, agotados tras un día que tiene claro que «no voy a olvidar».

Los taxistas realizaron decenas de carreras durante el apagón.

Los taxistas realizaron decenas de carreras durante el apagón. / A. J. GONZÁLEZ

Seguridad y tráfico

Otro de los aspectos fundamentales era la seguridad y la coordinación del tráfico. El delegado en estas materias, Jesús Coca, explica que el Ayuntamiento se reunió con rapidez y fijó prioridades. «La primera y más urgente era rescatar a las personas que estaban atrapadas en los ascensores». Coca señala que, en ese sentido, los bomberos tuvieron que realizar cerca de un millar de intervenciones. Por otro lado, se llamó a todos los agentes de la Policía Local para que estuvieran disponibles. «Respondieron con gran profesionalidad», recalca el delegado. El tráfico, aunque admite que tuvo mucho de autogestión, se coordinó con agentes en los principales puntos y estableciendo glorietas en las avenidas para regular la velocidad. «Córdoba se convirtió en una gran glorieta», recuerda Coca. También se aseguró que Emacsa contara con electricidad.

La Policía Local se centró en coordinar las principales avenidas.

La Policía Local se centró en coordinar las principales avenidas. / A. J. GONZÁLEZ

Aunque la tarde «fue bastante tranquila», se envió personal de Policía Local y del 112 a los centros cívicos, que se convirtieron en puntos de asistencia y comunicación. «Íbamos informando a través de megáfonos en los coches», comenta Coca. Otro frente fue auxiliar a las personas oxígeno-dependientes, para las que se suministraron bombonas si era necesario.

Los bomberos rescataron a cerca de un millar de personas.

Los bomberos rescataron a cerca de un millar de personas. / Manuel Murillo

Uno de los principales temores era el pillaje por la noche. En este sentido, la Policía Local se coordinó con la Nacional y el representante del Ayuntamiento destaca que no hubo incidencias reseñables. «La gente fue muy ordenada y entendió la situación», celebra, señalando que de aquel 28 de abril lo que más recuerda es la incertidumbre inicial. Aun así, subraya que «hubo sensación de control en todo momento». Desde aquel día, Coca explica que el Ayuntamiento ha adquirido teléfonos satelitales, ha diseñado un plan de emergencias, ha habilitado una sala específica y ha incorporado equipos de iluminación portátil. «La gente y las instituciones están más preparadas que antes», resume.

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