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Entrevista

El exministro Alberto Garzón presenta su libro en Córdoba: «Sobra mucho ego en la izquierda; hay dinámicas tóxicas y demasiadas rencillas»

La Facultad de Derecho de la UCO acoge este viernes, 24 de abril, en un acto organizado por el Colectivo Prometeo, la presentación del libro 'La guerra de la energía’ del exministro de Consumo, excoordinador de IU y economista malagueño

El exministro de Consumo y economista Alberto Garzón.

El exministro de Consumo y economista Alberto Garzón. / Eduardo Parra

Irina Marzo

Irina Marzo

CÓRDOBA

-Su libro, La guerra de la energía, plantea que la energía no es un asunto técnico, sino una clave para entender la historia, la economía y el poder. ¿Qué idea te urgía poner por escrito?

-El libro es una caja de herramientas para comprender qué ocurre en la actualidad. Quería explicar cómo el ser humano se ha relacionado con la energía a lo largo de la historia y aterrizarlo con fenómenos actuales: invasiones, amenazas y disputas geopolíticas. No todo se explica por la energía, pero tampoco se entiende sin ella. Solo nos damos cuenta de su importancia cuando falla, como en un apagón.

-El subtítulo habla de poder, imperio y crisis ecológica. ¿Sigue viendo la geopolítica actual como una disputa por los recursos energéticos?

-Ha cambiado poco. La energía sigue en la base de cómo se organizan las sociedades y su consumo. El imperialismo moderno ahora es desnudo. Bush justificó la invasión de Irak con las armas de destrucción masiva, aunque detrás estaba el petróleo. Hoy Trump inicia una aventura militar en Venezuela y no se anda con rodeos, ya ni necesita excusas, o habla sin rodeos de petróleo y amenaza a Groenlandia. Ha vuelto un imperialismo más desnudo que no necesita la coartada de los derechos humanos. Hay una guerra por la hegemonía entre EEUU y China.

-¿Qué margen de acción le queda al individuo frente a ese capitalismo cada vez más burdo?

-Para combatir la mayor urgencia, el cambio climático y las guerras por los recursos, tenemos que construir sociedades que vivan dentro de los límites del planeta. España tiene una oportunidad: dejar de consumir combustibles fósiles y apostar por renovables no solo reduce emisiones, también nos hace menos dependientes y más libres. Pero esa transición no ocurrirá sola: hace falta voluntad política y demanda social.

-Y entonces la pregunta del millón es cómo se hace eso sin que colapsen las condiciones de vida de la población.

-Es una cuestión política, no técnica. Los científicos llevan décadas advirtiendo del precipicio a millones de especies en el planeta y la política no ha corregido esa senda. Tenemos que pensar el mundo de una manera completamente distinta, desde lo cotidiano a lo estructural. Somos hijos del tiempo fósil: ciudades pensadas para el coche, para el petróleo y el gas. Eso hay que cambiarlo, creo que es posible, pero no va a llegar por sí solo.

-¿Qué aspecto de nuestra vida cotidiana cree que más infravaloramos cuando hablamos de consumo energético?

-Todo lo que rodea a la industria petroquímica, responsable de casi todo lo que nos rodea.

Pablo Echenique, Yolanda Díaz y Alberto Garzón en el Congreso, en la anterior legislatura.

Pablo Echenique, Yolanda Díaz y Alberto Garzón en el Congreso, en la anterior legislatura. / Eduardo Parra

-Ha pasado de la primera línea institucional a una etapa más vinculada a la investigación. ¿Qué ha ganado al salir de la política diaria?

-Muchísima paz. Me agotaron las disputas internas de la izquierda más que la confrontación con otros partidos. Uno entra en política pensando en debatir, pero subestima el desgaste de las batallitas internas. Ahora puedo conciliar, respirar, ser un padre presente de tres niñas de 8, 6 y 3 años y eso es calidad de vida. Han sido doce años en primera línea y estoy orgulloso, pero creo que ahora les toca a otros.

-Le iba a preguntar qué recuerda con más angustia: el desgaste por polémicas como la del consumo de carne o las peleas con las izquierdas, pero creo que ha contestado solo.

-Las peleas internas, sin duda. Cuando peleas por algo en lo que crees, como ocurrió con la polémica de la carne o las macrogranjas, sacas energías de todas partes muy ilusionado. Lo agotador son las interminables reuniones de La vida de Brian con el Frente Popular de Judea o al Frente Judaico Popular.

Fui ministro en condiciones muy difíciles, de mucho odio, todavía me paran por la calle para insultarme

-Cuando uno ha sido ministro y dirigente político, la gente suele seguir mirándolo a través de ese cargo. ¿Le pesa esa etiqueta o ha aprendido a convivir con ella con naturalidad? ¿Contempla volver?

-La llevo con naturalidad. Siempre he dicho que soy economista, no político profesional. Fui ministro en condiciones muy difíciles, de mucho odio, todavía me paran por la calle para insultarme, pero fue una etapa temporal. Ahora hago política desde la investigación y la divulgación. Y no contemplo volver en absoluto: creo sinceramente que ahora les toca a otras personas.

-Como andaluz, pese a voces críticas como la de Pablo Iglesias, ¿qué futuro vaticina a la unidad de IU, Podemos y Sumar en Por Andalucía?

-Es un paso absolutamente necesario. Siempre he defendido la unidad, yo participé en la construcción de la unidad con Podemos desde IU y luego intenté con Sumar seguir reagrupando lo que se escindió. Las diferencias programáticas entre esas fuerzas son menores y no justifican la inquina y el odio; lo que pesa muchas veces son las relaciones personales, las heridas y la lógica interna de los partidos. Desde fuera la gente no entiende esa fragmentación, y eso frustra, desmoviliza o acaba votando al PSOE como voto útil. Ojalá esta unidad sea el principio de algo más estable.

-O sea, que falta unidad y sobra ego.

-Sobra mucho ego. Hay dinámicas muy tóxicas y demasiadas rencillas. Todos tenemos agravios de cómo nos han tratado. A mí me han tratado muy mal otros partidos y dentro del mío propio, pero eso no es nada en comparación a lo que nos une. Y eso es gravísimo porque enfrente está la posibilidad de que la extrema derecha gobierne Andalucía con consejerías o España con un Ministerio del Interior dirigido por Santiago Abascal. Eso debería ser suficiente para dejar ciertas tonterías a un lado.

Bronca en el escaño entre Iglesias y Garzón

En su escaño, Iglesias habla con Garzón. / CÓRDOBA

-¿Escribirá un libro sobre su paso por la política?

-No me atrae nada esa idea. Me han tentado con unas memorias, pero me parece incómodo y poco útil. Sacar agravios personales no contribuiría a nada. Creo que hay que estar por encima de eso y ser capaces de sumar incluso con quienes te has peleado en el pasado.

-¿Qué le parecen a nivel nacional movimientos como el de Rufián en favor de la unidad?

-Van en la buena dirección. La unidad no es la panacea, pero sin unidad estamos perdidos. Hace falta más diálogo y más altura de miras. Y hace falta bajar al terreno concreto, porque las elecciones están a la vuelta de la esquina y la ciudadanía tiene miedo. Yo también lo tengo: tengo tres niñas y no quiero que crezcan en un país con la extrema derecha gobernando.

Tengo tres niñas y no quiero que crezcan en un país con la extrema derecha gobernando

-Oyéndole hablar, parece que pesa más lo negativo en su paso por la política.

-No, en absoluto. También hubo momentos muy bonitos y estoy orgulloso de muchas cosas. Pero la división de la izquierda sí me parece un problema serio, aquí y fuera de España, porque es un regalo para la extrema derecha.

-Bueno, le queda el consuelo de saber que al parecer el problema no era usted, porque el problema persiste.

-Nadie es imprescindible. Todos contribuimos en distinta medida, pero conviene recordar que somos gente normal y que no hay que endiosarse. Cumples una función y luego sigues aportando desde otro sitio.

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