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Obituario

Fallece a los 81 años Fernando Grande González de Canales, el humanista que transformó la farmacia cordobesa

Fernando Grande González de Canales.

Fernando Grande González de Canales. / CÓRDOBA

Rafael Castro

Rafael Castro

La Farmacia y el Derecho en Córdoba visten hoy crespones negros para despedir, a los 81 años de edad, a Fernando Grande González de Canales, un hombre cuya trayectoria profesional solo fue igualada por su inmensa calidad humana. Farmacéutico y abogado de formación, Fernando representó como pocos esa figura del humanista entregado al servicio público, manteniendo siempre un equilibrio admirable entre su brillante carrera institucional y una vida personal marcada por la sencillez. Su fallecimiento deja un vacío profundo en el sector sanitario andaluz, pero también un legado de modernidad y eficiencia que perdurará como referente para las futuras generaciones de boticarios.

Liderazgo y modernidad en el Brillante

Durante sus 23 años al frente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Córdoba, Grande González de Canales no solo fue un gestor, sino un visionario que entendió la necesidad de dotar a la profesión de una infraestructura a la altura de los tiempos. Bajo su incansable impulso, se inauguró la actual sede de la avenida del Brillante, un edificio emblemático, funcional y repleto de servicios que se convirtió en el corazón del sector en la provincia. Sin embargo, su éxito no se midió solo en metros cuadrados; su gestión económica fue tan brillante que consiguió situar a la institución cordobesa como la cuarta más económica de España para sus colegiados, demostrando que la excelencia no está reñida con la eficiencia y el respeto al bolsillo del profesional.

Una vida de honores y méritos

Este compromiso inquebrantable le valió el reconocimiento de sus iguales en numerosas ocasiones. El 20 de octubre de 2012, el Consejo Andaluz de Colegios de Farmacéuticos de Andalucía (Cacof) le hizo entrega de su Medalla de Honor, un galardón que premiaba toda una vida de mérito, dedicación y una defensa férrea de la profesión farmacéutica en todos los foros posibles. A esta distinción se sumó la Aljama de Plata de su propio Colegio, un premio que Fernando recibió con la misma naturalidad y modestia con la que afrontaba cada reto diario, sin permitir que los honores alteraran su carácter afable y cercano.

El refugio de la familia

Pero más allá de las instituciones y los cargos, Fernando Grande González de Canales fue, ante todo, un hombre volcado con los suyos. Su humildad y su capacidad de trabajo diario tenían un destino claro: su familia. Padre de tres hijos —Enrique, Elena y Carolina— y orgulloso abuelo de cinco nietos, encontraba en su hogar el descanso y la motivación necesaria para seguir construyendo una Córdoba mejor. Se marcha un hombre ejemplar que supo ser, al mismo tiempo, un pilar para la farmacia andaluza y el puerto seguro para una familia que hoy llora su pérdida, pero que celebra el inmenso orgullo de su memoria.

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