Entrevista
Cándido Jiménez, exsindicalista de CCOO y exconcejal del PCE: «La situación internacional es preocupante; las futuras generaciones deben saber responder»
Ya jubilado, este obrero de la construcción recopila en Memoria de una vida (Utopía Libros) la Villanueva paupérrima de su infancia, la Córdoba efervescente de su juventud y la labor sindical de cinco décadas

A. J. González

-Acaba de publicar un libro sobre su vida titulado Memoria de una vida. ¿Cómo surge esta iniciativa y cómo ha sido el proceso de escribirlo?
-Siempre tuve la idea de dejar constancia de las distintas etapas de mi vida. Lo que ocurre es que he estado muy implicado en la tarea sindical y, aun después de jubilarme, seguí trabajando en Comisiones Obreras (CCOO). De hecho, fui secretario general de la Federación de Jubilados. Hace aproximadamente un año dejé ya esa responsabilidad directa, cogí mi viejo ordenador y me puse a trabajar. No ha sido nada fácil. Creo que para cualquier persona escribir su vida tiene dificultad, pero para un trabajador, para un obrero, resulta todavía más complicado. Aun así, activé todos mis recuerdos y me puse manos a la obra.
-¿Qué ha contado en ese libro?
-Relata todas las etapas de mi vida, empezando por la infancia. Y mi infancia no fue nada fácil.
-Usted nació en Villanueva de Córdoba en 1948.
-Sí, nací en Villanueva de Córdoba, en el seno de una familia humilde y trabajadora. Mi padre trabajaba en un molino de piensos para el ganado y mi madre era ama de casa, aunque cuando llegaba la temporada de recoger bellotas, aceitunas o cereales, no había más remedio que ir también al campo.
- ¿Cómo recuerda aquellos años?
-Fueron años muy duros. Cuando tenía unos cinco años sufrí una enfermedad, y al final el médico recomendó a mi familia que nos fuéramos al campo y que yo bebiera mucha leche de cabra. No sé cuál era exactamente el diagnóstico, pero sí sé que a partir de ahí desaparecieron las dolencias. Eso hizo que mi padre tuviera que dejar su trabajo en el molino y ponerse a trabajar en el campo.
- ¿Cómo era la vida en aquellos años en Villanueva?
-El escenario era muy complicado para todo el mundo, pero especialmente para los niños y las niñas. A pesar del tiempo que había pasado desde el final de la Guerra Civil, la represión seguía siendo brutal. Las amenazas estaban a la vuelta de la esquina. Los trabajadores lo tenían muy difícil, no solo por la Guardia Civil, sino también por los terratenientes, que abusaban de la gente de una manera tremenda. En muchos casos se trabajaba solo por la comida. No había otra salida. Allí la actividad principal era la agricultura y la ganadería, y pare usted de contar. Eso provocaba que muchas familias se dispersaran y que los niños crecieran en situaciones muy duras. En mi caso, ir a la escuela ya era complicado, porque, aunque estuviera relativamente cerca del pueblo, el transporte era muy difícil. Se iba en burro, en caballo o en mulo. No había otra solución.
-¿Qué recuerda de la infancia y de la adolescencia en lo cotidiano?
-Tengo recuerdos de escasez, pero también de imaginación. No teníamos juguetes. Ahora los niños, afortunadamente, tienen de todo, pero nosotros teníamos que inventarlos y fabricarlos. Utilizábamos trapos, madera o latas de conserva para hacernos nuestros propios vehículos o juguetes. En lo social y cultural, lo único que teníamos era el cine. A mí me encantaba ir, pero te puedes hacer una idea de las películas... Y en el deporte, recuerdo el ambiente que se formaba cuando jugaba el Villanueva, sobre todo cuando venía el Pozoblanco, que era el gran rival.
La adolescencia siguió más o menos el mismo guion. La suerte que yo tuve fue que estuve siempre con mis padres, porque muchos niños de mi edad ya estaban trabajando y lejos de su familia. Los niños crecíamos en condiciones muy difíciles; algunos de mis amiguillos iban descalzos, y yo solo tenía unas sandalias de goma. Todo eso da una idea de cómo se vivía entonces.
- ¿Y cómo fueron esos años de juventud?
-Cuando tenía catorce o quince años, con mis amigos y amigas, lo poco que teníamos para divertirnos era alquilar un tocadiscos en una tienda de fotografía y organizar algún guateque en casa de alguno de nosotros. Muchas veces era en la mía, si no estaba mi padre. Comprábamos algo de bebida, pero las pesetas estaban muy escasas.
-¿Cuándo se vino a vivir a Córdoba?
-Me vine con 17 o 18 años, al barrio del Naranjo. Primero viví en casa de mi tía Dionisia. Para mí aquello fue abrirse todas las puertas y ventanas, porque la vida en Villanueva era totalmente distinta. Aunque el barrio del Naranjo estaba alejado del centro, nosotros decíamos en broma, cuando cogíamos el autobús, que “íbamos a Córdoba”.
- ¿Vivió siempre en El Naranjo?
- No. Viví en el barrio del Naranjo hasta 1980. A partir de ahí, con muchísimas fatigas, nos compramos un piso en Valdeolleros, que es donde vivo actualmente.
- ¿Cuándo entra en contacto con Comisiones Obreras?
-Fue a partir de 1971, pero primero ingresé en el Partido Comunista de España. Entonces el partido estaba organizado por cédulas y muchas veces los militantes ni siquiera se conocían entre sí. El compañero, amigo y camarada Manolillo Pérez, que ya falleció, vino a hablar conmigo y dimos un paseo por la Palomera. Yo ya me hice una idea de lo que se trataba, ingresé en el partido y, a partir de ahí, el paso siguiente fue Comisiones Obreras, que entonces no era una organización como tal, sino comisiones que se formaban en los centros de trabajo o en los sectores.
-¿Ya trabajaba entonces en la construcción?
-Sí, pero antes incluso me incorporé a la asociación de vecinos del Naranjo, que entonces se llamaba asociación de cabezas de familia. El presidente estaba nombrado por los del Movimiento, pero nos hicimos hueco, entramos y terminamos echándolos. A partir de ahí le dimos ya el carácter real de asociación de vecinos.
-¿Cómo era el barrio del Naranjo en aquella época?
-Sus calles, salvo la plaza y poco más, eran terrizas, pedregosas. Esa era la situación. Empezamos a trabajar para mejorar los servicios del barrio. Yo uní entonces el trabajo vecinal, el compromiso político y la acción sindical. Ahí pegué un salto importante en mi vida, porque todo eso había sido desconocido para mí en Villanueva.

Cándido Jiménez, exsindicalista y autor de 'Memorias de una vida' / A.J. GONZÁLEZ
- ¿De dónde nace esa inquietud política?
-Mis padres compraron una radio cuando yo tenía diez o doce años. Mi padre no me habló mucho de política, pero yo creo que nací con esa inquietud. Por las noches escuchaba Radio España Independiente, La Pirenaica, la BBC y Radio Moscú. A través de esas emisoras fui haciéndome una idea de lo que estaba sucediendo y de lo que había sucedido, porque nosotros éramos unos ignorantes: nadie nos explicaba nada.
-Con su perspectiva histórica, ¿qué sentido tiene para usted el sindicalismo?
-En la década de los 70 en Córdoba se creó un grado de conciencia y militancia obrera que fue extraordinariamente especial. Había un compromiso militante, una solidaridad que ya quisiera hoy que apareciera hoy por muchos sitios. Aunque con las dificultades del momento tuve la suerte de trabajar en grandes empresas y convertirme en enlace sindical. Como movimiento dimos el paso de introducirnos en el sindicato vertical de la mano de Ildefonso Jiménez y fuimos haciéndonos hueco en las estructuras orgánicas del vertical. El siguiente paso, en el año 83, en las segundas elecciones democráticas municipales me metieron en la candidatura con el camarada Julio Anguita. Nadie se imaginaba que pudiéramos conseguir 17 de 27 concejales.
-¿Cómo fue aquella etapa en el Ayuntamiento?
-Formé parte del equipo de gobierno y Anguita nos pidió dedicación exclusiva. Presenté mi dimisión de la Federación de Construcción de Córdoba porque entendía que no era compatible una cosa con la otra. En 1991 me fui, después de cumplir dos mandatos, que era lo que me había marcado: como mucho, dos mandatos. A pesar de los ocho años que estuve en el Ayuntamiento, seguí muy vinculado a Comisiones Obreras.
-¿Qué vino después de esa etapa?
-La Federación de Construcción, Madera y Afines de Comisiones Obreras de Andalucía quiso que formara parte de ella. Compañeros como Francisco Povedano Cali y Francisco Carbonero me pidieron que me incorporara, acepté y desde 1992 estuve en la federación andaluza durante 22 años.
- ¿A partir de entonces dejó ya la construcción?
- Sí. A partir de 1983 ya no trabajé directamente en la construcción. Aún conservo mis herramientas, aunque muy deterioradas. Salvo algún arreglo en casa, ya no volví a trabajar en obra. Cambié aquella tarea por la tarea sindical, que ha sido la gran labor de mi vida.
-.¿Qué balance hace de esos años de trabajo sindical?
- He tenido la oportunidad de trabajar con muchísimos compañeros y de recorrer toda Andalucía en contacto con trabajadores de la construcción, de la madera, del cemento y de otros sectores. Hemos tenido que hacer una labor muy importante, especialmente en materia de estabilidad en el empleo. Empezaron a proliferar las subcontratas y las grandes empresas dejaban de tener personal propio para quitarse responsabilidades. Y esas subcontratas amenazaban y engañaban a los trabajadores siempre que podían. Yo siempre he estado disponible para combatir esas situaciones. No se ha logrado erradicarlas del todo, pero sí se han dado pasos positivos.
-¿Qué mensaje lanza en la parte final de su libro?
- Alerto a las nuevas generaciones sobre los desafíos y amenazas que tienen por delante, y que ya estamos viviendo. La situación internacional es muy preocupante: lo que pasa en Líbano, en Ucrania, en Irán… y el papel de dirigentes que actúan como si pudieran decidirlo todo por su cuenta. Lo más grave es que los organismos internacionales parecen desaparecidos. Espero que eso cambie, porque, si no, los desafíos y amenazas pueden quedarse cortos. Siempre digo que la fortaleza está en el pueblo y en la ciudadanía. Ahí está la verdadera fuerza para hacer frente a estos elementos y combatir situaciones que no favorecen en nada la vida. Por eso creo que las futuras generaciones deben estar preparadas y saber responder.
-¿Qué otros problemas le preocupan especialmente?
-El cambio climático, en el que siempre he intentado trabajar y concienciar; la migración, que es un drama enorme, especialmente en nuestra frontera sur, en el Estrecho, donde mueren centenares y miles de personas; y el crecimiento de la pobreza, que vuelve a alcanzar niveles muy preocupantes. Yo siempre he defendido que, además de dar acogida, hay que actuar en los países de origen, ofreciendo medios, formación y recursos para que la gente no se vea obligada a emigrar.
- Córdoba contará con un tramo de 13 kilómetros de autovía en la N-432 entre la capital y Cerro Muriano
- Un restaurante imposible dentro de una cueva a 15 minutos de Córdoba: 'Es un lugar precioso
- Elecciones autonómicas del 17M en Andalucía, en directo | Última hora de los comicios andaluces en Córdoba
- Buscaban los orígenes de la Córdoba omeya y dieron con los inicios de la Córdoba romana: «Es un hallazgo muy interesante»
- Los cordobeses dictan sentencia tras el segundo debate de las andaluzas del 17M: quién gana y quién sale tocado
- Una mujer grave tras ser atropellada por una moto en la plaza de Colón de Córdoba
- Muere un hombre de 50 años tras salirse de la A-4 en Córdoba
- De la Córdoba romana al lujo moderno: un hotel de cinco estrellas levantado sobre la historia