Curiosidades de Córdoba
La joya arquitectónica de Córdoba que combina poder, historia y un museo único en su interior
Este palacio renacentista, alejado del bullicio turístico de la Judería, es uno de los edificios más sorprendentes de la capital

Portada del Palacio de Jerónimo Páez de Castillejo. / M.Á.L.

Uno de los edificios más sorprendentes de Córdoba se encuentra en una plaza a unos minutos de la Judería y alejada de todo el bullicio que rodea a los grandes monumentos. Por fuera es palacio. Por dentro, uno de los museos más importantes de la ciudad.
El Palacio de los Páez de Castillejo, sede del Museo Arqueológico de Córdoba desde el año 1961, es uno de los edificios más singulares de la capital. No solo por lo que guarda en su interior, sino por la propia construcción. Este palacio señorial fue construido sobre casas mudéjares por Hernán Ruiz el Joven, una de las figuras clave del Renacimiento y responsable también de importantes obras en la ciudad.
Un palacio construido sobre otros
En el siglo XVI, Luis Páez de Castillejo impulsa la transformación del conjunto en una residencia acorde a su posición. Para ello recurre al maestro mayor de las obras de la Catedral e introductor del Renacimiento arquitectónico en España. El resultado es el palacio que ha llegado hasta hoy: un edificio organizado en torno a un patio principal con galerías en sus cuatro lados, arcos sobre columnas de mármol y techumbres trabajadas en madera.

Fachada del Museo Arqueológico de Córdoba. / Manuel Murillo
Antes de cruzar la puerta, hay un elemento que marca la diferencia: la portada. Diseñada a mediados del siglo XVI, se concibe como un arco del triunfo adelantado respecto al muro. No es solo decorativa. Es una forma de representación. Columnas, relieves y figuras heroicas construyen un mensaje claro. Entre ellas se identifican personajes de la tradición clásica como Hércules o Alejandro Magno, asociados a la idea de fuerza y prestigio. Todo responde a la intención de proyectar poder desde el primer vistazo.
Del palacio al museo
Siglos después, el uso del edificio cambió. A partir de 1961 pasó a albergar el Museo Arqueológico de Córdoba, integrando el contenido expositivo dentro de la propia arquitectura histórica.
La adaptación respetó la estructura original y permitió que el recorrido combinara espacios palaciegos con restos arqueológicos hallados en el propio lugar. Esa mezcla es, precisamente, uno de sus rasgos más singulares.

Museo Arqueológico de Córdoba. / CÓRDOBA
Una plaza al margen del ruido
El palacio se abre a la plaza de Jerónimo Páez, un espacio que queda fuera de los itinerarios más saturados del centro. Aquí no hay grandes flujos de visitantes. El entorno es más tranquilo, casi contenido, y permite detenerse sin prisa. Ese contexto refuerza la sensación de estar ante un lugar importante que, sin embargo, no siempre recibe la atención que merece.
Se mire a donde se mire aparecen edificios históricos como la Casa del Judío o el Palacete de los Burgos. No menos llamativa es la buganvilla gigante que colorea la fachada blanca junto a la portada de la primera de estas dos construcciones.
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