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Reportaje

Daisy Medina, inmigrante en Córdoba: "La regularización me va a permitir salir de la desigualdad y de la explotación laboral"

Arquitecta nicaragüense, Daisy llegó a Córdoba en 2025 y, ocho meses después, espera que la regularización masiva le permita salir de la precariedad y reconstruir una vida digna

Daisy, inmigrante que se podrá beneficiar de la regularización

Daisy, inmigrante que se podrá beneficiar de la regularización / Víctor Castro

Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

CÓRDOBA

Llegó a España el 1 de julio de 2025. Ocho meses después, su vida en Córdoba sigue marcada por la incertidumbre. Daisy Medina es nicaragüense, arquitecta de formación, con una especialización y una maestría en medio ambiente y desastres naturales. Su historia es la de muchas personas migrantes que viven en situación irregular: "Es como no existir. Estás, pero no tienes derechos", resume. Llegó a Córdoba porque su hermano vive aquí desde hace años, por lo que tenía un lugar donde empezar, pero no un camino claro. Lo que encontró fue un sistema en el que, sin documentación, todo se vuelve cuesta arriba.

Abrir una cuenta bancaria, por ejemplo, se convirtió en un proceso imposible. "Pasé casi un mes intentándolo y no pude". Tampoco ha podido homologar su carné de conducir ni acceder con normalidad a citas administrativas o médicas. "Te piden un documento que no tienes para darte otro que tampoco tienes. Es un círculo", afirma.

Desde su llegada ha trabajado en limpieza, un sector donde la falta de papeles suele traducirse en precariedad. "Si intentas conseguir trabajo, te explotan de la manera más cruel", afirma. "Mi formación es en arquitectura, pero aquí eso no cuenta ahora mismo", recalca. Además, asegura que se mantiene con sus ahorros, ya que con los trabajos que ha podido encontrar en limpieza, "no me alcanza ni para pagar la habitación que alquilo mensualmente".

Daisy, inmigrante que se beneficia de la regularización

Daisy, inmigrante que se beneficia de la regularización / Víctor Castro

Su trayectoria profesional quedó interrumpida años atrás, cuando en 2018 perdió su empleo en su país. Más tarde emigró a Estados Unidos y finalmente llegó a España. Evita profundizar en la situación política de su país: teme que cualquier declaración pueda tener consecuencias legales allí, donde aún mantiene asuntos pendientes relacionados con su vivienda.

A sus 57 años, Daisy intenta reconstruir su vida desde cero. "Uno lo que busca es estabilidad, tranquilidad", dice. Pero esa estabilidad parece inalcanzable sin un estatus legal. Por eso, la reciente aprobación de la regularización extraordinaria ha supuesto un rayo de esperanza.

"Estoy súper emocionada y agradecida", confiesa. Cree que esta medida puede cambiar su situación y la de miles de personas en España. En su caso, cumple prácticamente todos los requisitos, aunque hay un obstáculo clave: los antecedentes penales de su país de origen, porque solicitar ese documento es complicado, lento y costoso. En su caso, tuvo que pagar 200 euros para obtenerlo. En el caso del empadronamiento, en el Ayuntamiento de Córdoba hay tal nivel de saturación que su histórico ni siquiera existe, según cuenta.

Aun así, mantiene la esperanza. Si logra regularizar su situación, podrá acceder a formación, obtener una tarjeta de identidad de extranjero (TIE) y aspirar a algo más que trabajos precarios. Le gustaría volver a su ámbito profesional o, al menos, formarse en áreas relacionadas con el medio ambiente.

"Quiero volver a ser la persona que era", afirma. Pero también se muestra realista: "Si no puedo, no pasa nada. Lo importante es tener oportunidades". Para ella, la regularización no es solo un trámite administrativo, sino una puerta a la dignidad. "Te permite salir de esa desigualdad, de esa explotación". Porque detrás de cada expediente hay una historia como la suya: la de alguien que, pese a todo, sigue intentando empezar de nuevo.

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