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Reportaje

Donde nacen los futuros científicos: el Paseo de la Ciencia llena el Vial de experimentos y niños asombrados

La cita permite a los más pequeños aprender y divertirse con demostraciones como la extracción de ADN o la creación de gelatina comestible.

El Vial se convierte en un gran laboratorio

A. J. González

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Volcanes espumosos, efectos ópticos para todos los gustos, gelatina casera y comestible, pintura que se disuelve y desaparece en agua, extracción de ADN en dos simples pasos y hasta un cohete hecho con materiales reciclables. Son solo una pequeña muestra de las decenas de experimentos que este sábado se reúnen en el Vial Norte de Córdoba en la vigésima edición del Paseo de la Ciencia. Una iniciativa que congrega a cerca de 40 carpas de colegios, institutos y facultades de la provincia para fomentar la ciencia e intentar dar respuesta a una de las cosas más inabarcables del mundo: la curiosidad de un niño.

Laura Villafuerte, presidenta de la Asociación del Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica, ha recordado los inicios de una cita que ha ido ganando peso año tras año y que reúne a centros de todos los puntos de la provincia e incluso a algunos llegados desde Ronda (Málaga) y Fuente de Cantos (Badajoz). Acompañada de representantes del Ayuntamiento, la Diputación, la Universidad y la Junta de Andalucía, Villafuerte ha agradecido la colaboración institucional y se ha preguntado, ilusionada, cuántos futuros científicos e investigadores se habrán forjado gracias a encuentros como este.

Ilusión y asombro entre los niños

Lo cierto es que pasear por el Vial este sábado era una dosis renovada de ilusión, tanto para los alumnos como para los más pequeños y sus familias. Es el caso de Lucía Abad y Javier Granados, del IES Ategua de Castro del Río, que enseñan a un grupo de chicos cómo crear un “volcán espumoso”. La dinámica consiste en mezclar agua oxigenada especial con jabón en una pequeña montaña, generando una reacción que produce una vistosa columna de espuma. Ramón, un niño de ocho años, se lleva las manos a la boca y da pequeños golpes a su madre. “Es muy curioso y estas cosas le encantan”, explica ella. Los estudiantes sonríen mientras reconocen que, aunque la ciencia no es su gran pasión, sí les motiva y entretiene.

Unos puestos más arriba, David Reyes, del centro llegado desde Badajoz, da a probar una gelatina casera elaborada con una planta y azúcar que, tras el proceso, se convierte en un dulce que fascina a los más pequeños. Antonio coge una, la manipula entre las manos, le da un mordisco y la comparte con su hermano, que también queda encantado. David se acerca para explicarles el proceso y, aunque los ojos de los niños no se apartan del dulce, celebra haber despertado su curiosidad.

Paula Medina, del IES Maimónides, muestra cómo, a través de leche y agua, se puede provocar una reacción química que disuelve los colores de un rotulador hasta hacerlos desaparecer de un algodón. Todo, como subraya, “con productos que tenemos en casa”. Blanca Millán observa con atención y abre la boca, impresionada, cuando los colores se separan y se diluyen en el agua. Pide que repitan el experimento y llama a su madre, que se encuentra en el estand contiguo, para verlo juntas. “Disfrutamos más nosotras que ellos. De aquí sale algún futuro científico seguro”, comenta Paula, que admite no tener aún claro si se dedicará a este ámbito.

Pruebas más complejas

También hay experimentos más complejos, especialmente en las carpas universitarias y de centros de formación. Lucía Navas, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes, explica cómo extraer ADN de una encina con agua y una pequeña muestra vegetal. “En el laboratorio lo hacemos de forma más compleja, pero básicamente es esto”, señala. La joven reconoce que esta actividad le entusiasma y que le resulta especialmente gratificante ver el interés de los más pequeños. “Es muy bonito”, resume.

La 20 edición del Paseo de la Ciencia, en imágenes

La 20 edición del Paseo de la Ciencia, en imágenes / AJ González / COR

Otro de los experimentos que más público congrega es el de Adrián Núñez, estudiante de Química en la Universidad de Córdoba, que demuestra cómo, con agua, un par de botellas, un globo, papel usado y una bomba de aire, se puede construir un cohete capaz de dejar a los niños boquiabiertos. “Es parecido a la reacción de los Mentos con la Coca-Cola”, explica. Núñez añade que su trabajo de fin de grado consiste en determinar la cantidad óptima de aire para que el cohete alcance la mayor altura posible. “Todo está hecho con material reciclado”, recalca, antes de admitir que “no tiene precio” ver la cara de ilusión de los niños.

Algunos, como Diego Fernández, zapatean nerviosos mientras observan el despegue y gritan a sus padres: “¡Es como el de la tele!”. Su madre sonríe y comenta: “Le gusta todo, es un niño muy curioso. Ya veremos a qué se dedica, pero nosotros intentamos que conozca lo máximo posible”. Quizá ahí, entre la sorpresa, el juego y el asombro, esté empezando a tomar forma su futuro.

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