Reportaje
"¿Un kilo de tomates a cuatro euros? ¿Estamos locos?": Córdoba ya nota una nueva subida de precios
El incremento de precios en alimentos básicos como el tomate, la carne y el pescado, que se suma a la subida de los carburantes, obliga a los cordobeses a ajustar sus compras

Un puesto de frutas en un mercado de Córdoba. / Víctor Castro
«Aquí sube todo menos los sueldos», «¿cómo puede valer un kilo de tomates cuatro euros? ¿Estamos locos?», «de tanto apretarnos el cinturón nos va a dar algo». La última escalada de precios, en un contexto marcado por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán y el consiguiente encarecimiento de los carburantes, vuelve a tensar —y en muchos casos a ahogar— el presupuesto de unos cordobeses que miran el carro de la compra con resignación y una petición común: «Que esto se frene ya». El recuerdo de 2022, con la invasión rusa de Ucrania, sigue muy presente: «Los precios se volvieron locos y ya no bajaron», resume un vecino.
Las frutas se disparan
Por el momento, uno de los productos que más se está notando en el bolsillo es el tomate. La época del año, la oferta disponible y el repunte del transporte han disparado el precio hasta situar algunas variedades por encima de los cuatro euros el kilo. «Han subido una burrada. Es el primer año que no tengo tomates por menos de dos euros», cuenta Lola Onieva, frutera en Santa Rosa. Explica que el coste logístico se ha encarecido de forma clara: «Antes traer un tráiler costaba 800 euros y ahora, 1.200». A eso se suma, dice, que con el calor aumenta la demanda y que «ahora mismo solo hay tomate de Almería». Onieva asegura que intenta amortiguar las subidas, pero admite que trabaja «con un margen muy pequeño».

Clientes en el mercado de Ciudad Jardín. / Víctor Castro
En otra frutería del barrio, José Félix Rísquez describe una situación similar y añade otros productos que también han repuntado: pimientos verdes y rojos, además de berenjenas y calabacines, aunque en estos dos últimos «ya ha bajado mucho». El efecto, afirma, es inmediato: «La gente compra menos, tanto en variedad como en cantidad». Por ahora, el negocio «puede tirar», pero mantiene la esperanza de que el repunte sea temporal. «Ojalá dure poco», dice, antes de lamentar que «estamos en manos de quien estamos», en alusión al presidente de Estados Unidos.
En la calle, la conversación se repite. Encarna y María Victoria, vecinas de Valdeolleros, subrayan que «lo de verdad grave es la situación humanitaria», pero reconocen que la economía doméstica ya acusa el golpe: «Hemos tenido que hacer ajustes en las comidas», señalan, especialmente en el pescado, que «ha subido muchísimo». «Más o menos compras lo mismo, pero cuando ves que con lo que antes eran 50 euros ahora necesitas 55… el ticket no engaña», resume una de ellas.
Carne y pescado, también afectados
También en carnicerías y pescaderías reconocen una subida, aunque «dentro de lo razonable por el gasoil», explica un carnicero que prefiere no dar su nombre. Advierte, eso sí, de que el vacuno viene encareciéndose desde hace meses por otros motivos y que, aunque el mercado «está resistiendo», «no podrá aguantar mucho más». Si la situación se prolonga, añade, «lo notaremos todos, negocios y clientes».

Clienta en una carnicería de Córdoba. / Víctor Castro
En un banco de Valdeolleros, Antonio Toro y José Moreno ponen números a esa sensación: «Cada semana sube un poco más. Unos céntimos en cada cosa se nota», dice el primero, que apunta a tomates y plátanos como los productos donde más lo ha percibido. El segundo añade carne, patatas y huevos. Ambos coinciden en que el problema «viene de lejos», pero temen que este nuevo episodio sea «la traca final». «Antes, con 50 euros llenabas un carrito; ahora hace falta mínimo 70», comenta Antonio, recordando los precios previos a la pandemia. Para ellos, «la irresponsabilidad de algunos la sufre el ciudadano de a pie».
En el mismo barrio, Lola Caballero señala que también se han encarecido legumbres y, especialmente, el arroz, que calcula que ha subido «un 30% o 40%», además de «por supuesto, los tomates». «Te obliga a pensar muy bien las comidas», reconoce, «para no gastar más de la cuenta».
Y hay quien lo resume sin matices, frente a los carteles de ofertas: «¿Cómo puede valer un kilo de tomates cuatro euros? ¿Estamos locos?», protestan Dori Apeador y Francisco. Rematan con una frase que se repite como un estribillo en la calle: «Aquí sube todo menos los sueldos».
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